A quince años de su muerte, a Pita Amor los calificativos le sobran, su genio y figura la han inmortalizado por su belleza antigua, se le llamaba la Undécima musa. Su belleza y talento fueron elogiados por Alfonso reyes, Albert Camus y Jean Paul Sartre.
Fue una mujer que nunca pasó inadvertida. Se le recuerda, no solo como una excéntrica que terminó sus días en un departamento de la unidad Viscaya, víctima de la neumonía, sino como una mujer de carácter fuerte, precursora de la liberación femenina que fuera inspiración de fotógrafos y pintores como Diego Rivera, pero también autora de una obra muy particular.
La novela y las memorias de un libro Yo soy mi casa, es ejemplo de su obra personal, donde plasma personajes, hechos y objetos, que dan marco “a las experiencias y sentimientos de una niña terrible y siempre sola entre salones y sótanos de la aristocrática mansión de su niñez”.
Guadalupe Teresa “Pita” Amor nació el 30 de mayo de 1918, en la ciudad de México, en el seno de una familia de la aristocracia mexicana.
Desde niña fue atraída por la poesía y cuentan que se debe a que en su familia acostumbraba después de cenar, leer poemas de Luis Góngora, Francisco de Quevedo, Sor Juana Inés de la Cruz y Ramón López Velarde, los cuales tuvieron una clara influencia en sus escritos. La sonetista consideraba que las escuelas eran un calvario, las llamaba “la cárcel con sus reglamentos”.
Sus biógrafos coinciden que desde muy joven deseaba dejar su casa, lo que se reflejó en su atrevida forma de vestir, ya que acostumbraba los escotes y vestidos atrevidos; poco antes de cumplir 18 años, su sueño se hizo realidad y se fue para comenzar una vida como soltera, cuando no estaba bien visto vivir sola, además de que organizaba frecuentes reuniones en su departamento, lo que se consideraba para la época como escandaloso.
Bonita y vanidosa, Pita fue actriz e inspiración de varios artistas, entre ellos Juan Soriano, Raúl Anguiano y Diego Rivera, quien la pintó desnuda dos veces, lo que provocó una hecatombe en la familia Amor.
Fue conductora del programa “La señora de la tinta” que se trasmitía por canal 11 y “Variaciones sobre un motivo poético”, de Radio Universidad; escribió en suplementos y diarios como “El Nacional” y “México en la Cultura”.
Su casa era centro de reunión de personajes como Octavio Paz, Carlos Fuentes, Elena Garro, Juan José Arreola, Pina Pellicer, José Revueltas, Frida Kahlo, Gabriela Mistral, Salvador Novo, Juan Rulfo, María Félix, Alfonso Reyes, entre muchos otros.
A los 41 años, decidió tener un hijo al que llamaría Manuel y al que después no se sintió capaz de cuidar, y fue cedido en custodia a su hermana mayor; pasado un año, el niño murió ahogado en una pileta de agua, lo que le provocó una gran crisis, que la llevaría a internarse una semana en un hospital siquiátrico. Al salir, se volvió silenciosa y descuidada en su aspecto personal.
Pita reaparece en los años setenta, como una mujer insolente y arrebatada pero diferente, como se le recuerda en el Ateneo Español, cuando ofrece un recital de poesía mexicana desde Sor Juana hasta Pita, pasando por Salvador Díaz Mirón, Manuel José Othón, Renato Leduc, Ramón López Velarde y Javier Urrutia.
Estudiosos de su obra señalan que su poesía refleja obsesión por temas como el miedo, la angustia y la soledad, elementos que la rodeaban desde muy joven. Destacan de su repertorio “Puesta obstinada”, “Círculo de angustia”, “Polvo”, “Décimas a Dios”, “Todos los siglos del mundo” y “Soy dueña del universo”.
Pita Amor, compañera de Pablo Neruda en la época mexicana del poeta vivió sus últimos años en medio del escándalo, tal como lo señala su biógrafo Michael Karl Schuessler, que en su libro La Undécima Musa, relata que la escritora se paseaba por la zona rosa insultando y golpeando a quienes se le acercaban. La inefable Pita murió un día como hoy 8 de mayo del año 2000.
Nota: La Crónica de Hoy, Terra y Wikipedia.

