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No hay posibilidad de que un candidato independiente gane a un partido político si no es con un respaldo económico enorme.
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Elecciones 2016

Diez candidatos independientes resultaron ganadores durante los comicios celebrados el pasado 5 de junio en 14 entidades de la república, es decir, 3% de un total de 308 aspirantes quienes no fueron postulados por algún partido político.

Quienes participaron en la jornada contendieron por gubernaturas, diputaciones y alcaldías; sin embargo, solamente en seis estados los independientes conquistaron nueve ayuntamientos y en la Ciudad de México una curul para conformar la asamblea encargada de redactar la Constitución.

Los más significativos por las entidades en donde se encuentran son: Armando Cabada Alvídrez e Ismael Figueroa Flores; el primero será el próximo presidente municipal de Ciudad Juárez y el segundo es uno de los integrantes de la Asamblea Constitucional de la Ciudad de México.

A diferencia de 2015, los candidatos independientes prácticamente no figuraron en la elección de este 5 de junio.

Para María Marván Laborde, exconsejera del extinto Instituto Federal Electoral, las candidaturas independientes tuvieron dos problemas de origen, uno de los cuales fue que, a decir de la especialista, “pueden funcionar en sistemas de mayoría relativa y no en sistemas de representación proporcional”.

La realidad es que la fuerza de los independientes se vio mermada por la falta de una figura que los representara, los triunfos del año pasado se dieron porque los independientes tenían muy buenos candidatos y muy buena capacidad de hacer marketing político.

Es decir, si hacemos un análisis de los votos que obtuvo el Chacho Barraza en Chihuahua, veremos que no son los suficientes ni para ganar una diputación, se necesitaba un efecto Bronco, un perfil, una figura, que sin duda en estas elecciones no se presentó.

Durante las campañas de 2016, no hubo ningún candidato que tuviera el apoyo de toda la clase empresarial de un estado como la concertó el actual gobernador de Nuevo León, Jaime Rodríguez Calderón, en 2015.

Nuestro sistema está hecho para que sea muy complicado ser candidato independiente, se respeta el derecho del 35 constitucional a votar y ser votado, pero es un sistema que privilegia los partidos.

No obstante vale la pena destacar que muchos de los candidatos independientes que participaron en las elecciones ya habían sido parte de un partido político; según un análisis realizado por la consultora Integralia 16 de los 30 aspirantes independientes a gobernador ya tienen una carrera política previa o ejercieron cargos públicos en los mismos partidos que rechazan.

Del total, 14 tienen experiencia en el sector privado; seis provienen de la academia o sociedad civil y sólo 12 nunca han tenido experiencia política o de gobierno.

O a las candidaturas independientes les falta madurar o el sistema electoral en México está hecho para que los candidatos sin partido pierdan. Lo que sí parece una realidad es que no hay posibilidad de que un candidato independiente gane a un partido político si no es con un respaldo económico enorme.