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Milena Markovic

Este artículo va a ser difícil. No creo en la astrología pero soy una bibliómana; leo lo que encuentro, así que el otro día leí una corta reseña de mi signo: soy Libra, nací en octubre. En sus páginas decía que lo que más le duele a una persona nacida bajo ese signo zodiacal es la injusticia pero más que eso, es porque ¡se lo toma todo a pecho! Casi grite en el baño (pues es sólo ahí donde uno leería artículos de astrología) ¡tan cierto era eso!

En mi vida anterior, cuando tenía 24 años, estaba llorando de injusticia frente de la televisión porque en Serbia, mi país natal, se llevaba a cabo un referendo para cambiar la constitución; la cual se prolongó todo el fin de semana sin haber tenido en claro quién exactamente iba a cuidar las urnas durante la noche del sábado al domingo. Una farsa evidente. A la mañana siguiente, lunes, me uní al único partido que estaba levantando la voz en contra de eso: el Partido Liberal. El resto es mi historia personal, en fin, acabé en México haciendo lo que siempre quise hacer: siendo mamá y tratando de ser escritora. Y le agradezco a este país todo lo que tengo hoy (en mi mente, México siempre tendrá la cara de mi amado esposo, Daniel) pero ¿qué creen? Mis astros de libra siguen haciéndome indignar con la injusticia, esto obviamente no tiene remedio y apenas estoy descubriendo injusticias aquí.. en Mexico… ¡imaginen cuánto me divierto!

Hace unos meses, empecé manejar a un auto. Por mucho tiempo me negué a hacerlo aunque, como todos en mi país, pasé por la escuela de manejo cuando tenia como 20 años. Me negaba porque me parecía mal manejar cuando ya hay tantos coches, así que optaba por la bicicleta o el transporte publico. Pero, concluí que, siendo mamá, tengo que “soltarme” en la ciudad de Mexico por si necesito llevar a mi hija rápido a algún lugar. También pasó que mi amado esposo compró otro coche y quiso vender mi precioso Jetta con el que aprendí a manejar; algo que yo consideré como una actitud de desprecio hacia un cochecito tan noble. Allá me tienen entonces, manejando un Jetta 2005, feliz como una lombriz.

Para incorporarme al Eje 5, que es al mismo tiempo el eje de nuestras vidas aquí, tengo que dar varias vueltas y una de ella es entre las calles de San Francisco y Sacramento; en la colonia San Borja Insurgentes. En las horas de tráfico este retorno se satura, así que hay que esperar un poco. De hecho, hay que esperar doblemente, porque hay desesperados que se forman en doble fila y se “meten”, tratando de cortar tu derecho a entrar a ese mencionado Eje. Ayer vi una cosa rara: en la doble fila estaban formadas puras camionetas, metiéndose a “fuerza”, por el simple hecho de ser de doble de tamaño que un coche normal (y también doble de contaminante). Una tras otra, estas mujeres (imagino que por la hora eran mamás que recogían a sus hijos de los lejanos y exóticos “colegios”) me cortaban el camino hacia el Eje y hacia el Office Depot a donde me dirigía para forrar los libros de mi hija de dos años. La última de la fila, una que manejaba un Buick Encore del tamaño de un tanque Sherman (“para transportar a sus preciosos y tiernos retoños de quince kilos”) me ignoró por completo y, en ese momento, brillaron mis astros de justicia, tintinearon en el frío espacio y no pude controlarme: sin saber bien si me iba a escuchar o no, le mencione su edad y su… peso corporal.

Lo sé. No estoy orgullosa de lo que hice. Me escucho y me siento incomoda (porqué una nacida en Libra odia la injusticia pero suele ser cobarde), me veo con una mirada primero sorprendida y luego, al examinar mi coche, suelto una despreciativa sonrisita. Mientras tanto, alguien desde la profundidad de su tanque blindado me tomó una foto (lo sé porque vi el flash pese a que las ventanas, obvio, estaban polarizadas). Saque mi teléfono y les tome fotos también, lo mismo hice con otras mamás conductoras. Aquí les dejo unas fotos que tomé, aunque sin numero de placas, por supuesto.

Mientras escribo esto, estoy sentada en mi café de la esquina en la colonia Napolés: el cual es poco concurrido a toda hora. Es un cruce de caminos clarísimo, con semáforos, derecha o izquierda y nada más. Pero, no te acuestes Diablo, como dicen en Serbia: una mujer en un Chevy no dio vuelta a la izquierda bastante rápido y quedó atrapada en el cambio de luz del semáforo. Otra, a bordo de un “tanque” (uno de estos que lleva letras GMC al frente) se desesperó por completo, tocó el claxon como loca, maniobró su “buque de guerra” cuanto pudo, dio vuelta, la rebasó, le gritó y finalmente sacudió su cola de caballo perfecto.

Como ven, aquí ya hay una especie de regla: Aunque la “camioneta” contamina y gasta doble gasolina, ocupa mucho espacio, es un transporte de carga para campesinos. Si lo manejas estás más altamente colocada en la cadena alimenticia y esto no es algo que se pueda despreciar. Le haces “bullying” a todos en la calle, pero eres una hembra alfa y esto es algo que una está dispuesta a pagar. Cuando te preguntan ¿por qué? Dices que por seguridad de tus angelitos que son tan guapos: que te los van a robar. Y ¿estos angelitos que crecen atrás de las ventanas blindadas de las camionetas de sus mamás (literalmente escuché uno que la camioneta de su mamá le ayuda a cazar mas pokemons)? ¿Cómo van a crecer ellos? ¿Qué respeto tendrán hacia sus compatriotas? ¿Qué sentido de justicia hacia la “prole”, que viaja en coches bajitos tan cerca de la tierra y tan lejos de Dios, van a tener ellos.

*La autora es escritora de temas urbanos y experta en literatura eslava.