Un apunte sobre El caballero del Titanic

Guadalupe Loaeza

A raíz de la publicación de mi libro El caballero del Titanic (Aguilar) han surgido varias polémicas y malos entendidos respecto al acto valeroso de Manuel R. Uruchurtu, al haberle supuestamente cedido su lugar a Elizabeth Ramell Nye, pasajera de segunda clase durante la tragedia del 14 de abril de 1912.

No hay duda que la investigación que llevé a cabo para recopilar toda la información relativa al hundimiento del Titanic no fue suficiente.

Me faltó ahondar en un libro clave, el que sí fue pionero del relato de uno de los acontecimientos mundiales más importantes del siglo XX, es decir, el primero escrito en español. Nos referimos a la obra de Alfredo Uruchurtu Suárez, sobrino bisnieto de don Manuel. Fue un error.

Sí, fue un error no haber continuado en su lectura porque el autor de El único mexicano en el Titanic, del regente de hierro y otros Uruchurtu. Apuntes de relatos y anécdotas familiares (Edamex) es el único propietario de las cartas que don Manuel le escribiera a su sobrino, el profesor Alfredo E. Uruchurtu, abuelo del escritor de dicho libro.

Quiero decir que por una lamentable equivocación omití en la bibliografía este libro de donde tomé pasajes de tres cartas escritas por don Manuel, sin mencionar que están contenidas en este volumen.

La primera de ellas se refiere a un momento muy importante de nuestra historia, está escrita el 25 de marzo de 1911, y dice: “Ayer, a las 4:00 pm, renunció en masa el gabinete del general Díaz, merced a la presión norteamericana que exige formas radicales para acabar con la insurrección. El presidente, que está ciego para ver que la única reforma radical que satisfaría a una gran porción del país es su retiro del poder, ha oído con cierta complacencia la sugestión de que esa reforma estriba en cambiar sus ministros y los gobernadores de los estados.”

Las otras dos hablan de uno de los hijos de don Manuel: “Todos estamos bien; sólo mi pobre Nel con su eterno reumatismo dado a la trampa, pero yendo a la escuela con mucho valor.”

Y, finalmente, otra carta es la que anuncia la muerte de su hijo: “Al llegar ésta a tus manos ya habrás tenido conocimiento del fatal desenlace que ha tenido la enfermedad de mi adorado hijito, y del cambio que, por ese motivo, sufren mis proyectos relativos al viaje que tenía en perspectiva para procurar la salud de ese pedazo querido de mi alma”.

Además, ya que se relata en una de esas cartas, a través de la obra de Alfredo Uruchurtu, nos enteramos que el abuelo de Manuel, don Mateo Ygnacio de Uruchurtu, salió del sitio de Zaragoza cojo, manco y tuerto, después de la defensa valerosa contra las tropas napoleónicas, donde toda la familia Uruchurtu perece, salvo él.

Cómo lamento no haber entrado en contacto con Alfredo Uruchurtu Suárez antes de escribir mi libro; de lo contrario, hubiera sabido una versión mejor documentada que la que conocí de los hechos de aquella noche fatídica.

Como en todas las grandes familias, siempre hay muchas versiones respecto a un mismo hecho, basta con preguntarle a uno de los hijos cómo era su padre, para que el otro, lo advierta totalmente distinto. En el caso de Alfredo, él tenía la versión de su abuelo, sobrino de don Manuel. No hay duda que las historias familiares suelen cambiar de generación a generación. Seguramente, en el futuro, la historia de don Manuel adquirirá nuevos matices según se vaya contando. Eso es lo maravilloso de las grandes familias.

El libro de Alfredo no nada más abarca el episodio del Titanic, sino que hace una magnífica investigación de otros miembros de esta familia tan antigua. Debo decir que uno de los Uruchurtu que más me intrigan es don Ernesto, quien fuera conocido como el Regente de Hierro. Desde que era niña oía hablar de él en términos muy elogiosos. Recuerdo que mis tíos afirmaban que la ciudad de México nunca había estado tan segura y bonita que en la época del Regente de Hierro.

En este libro también encontramos datos sobre Alfredo E. Uruchurtu, abuelo del autor, quien fuera enviado a Europa por Justo Sierra para hacer una especialización en psicopedagogía en la Universidad de Jena.

Por último, diremos que nos parece una pena que el libro de Alfredo se encuentre agotado. Ojalá que su editorial esté consciente de la importancia de su contenido. Y ojalá que Alfredo se anime a escribir un libro con todo el material histórico de los Uruchurtu.