Por: Bernardo González Solano

Al escribir este reportaje se han cumplido 21 días de la revuelta popular en contra del dictatorial régimen de Muammar Abu Minyar al-Gadafi que ejerce el poder en Libia desde 1969; en breve sumará 42 años de  mandamás Libio. Después de la rapidez con que cayeron las dictaduras de Túnez y Egipto, en las semanas últimas, muchos adelantamos la inminente caída del coronel libio. No ha sido así la lenta y cínica posición de los miembros del Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), han dado pie para que el jerarca libio venda muy cara su rendición: utilizando sus tropas, así como helicópteros y aviones de caza en contra de los sublevados que no cuentan más que con un pobre armamento que sin embargo, les ha valido para apoderarse de la mayoría de las ciudades libias. Gadafi se mantiene en la capital y en su ciudad natal y en las últimas horas parece que recuperó dos ciudades más. Las noticias de los combates y del número de víctimas son inciertas, aunque algunos corresponsales informan de centenares de bajas. Además, una fuente de la ONU calcula ya en más de 190 mil los refugiados —libios y extranjeros— que han salido del país sobre todo a Egipto y Túnez. Aparte de los evacuados por países europeos y aviones de Estados Unidos de América.Tanguy Berthemet, enviado especial de Le Figaro a Ben Awad, en la parte este de Libia, escribió el lunes 7 de marzo: “Los obuses de mortero caen cada dos minutos, con una regularidad casi metronómica, en las cercanías de la carretera, en el aire, dos Sukhoi 24, aviones caza de fabricación rusa, maniobran con precisión, lanzando, de vez en cuando, cohetes sobre los vehículos todo terreno que se aventuran en las arenas del desierto colindante. A cada lanzamiento, los vehículos de los rebeldes se detienen como petrificados, antes de reiniciar sus locas carreras en una u otra dirección. A lo lejos, los tiros antiaéreos forman pequeñas manchas negras en el  cielo”.El corresponsal francés continúa con su crónica describiendo la valerosa lucha de los rebeldes antigadafi que, pese a su armamento ligero, han contenido a las tropas del coronel, resguarda tras las paredes de las casas de la aldea. La mayoría de los insurgentes que pocos días antes eran jóvenes civiles, estudiantes o empleados de compañías petroleras, luchan con valor aunque en forma desordenada; los soldados profesionales que les acompañan son pocos y malarmados. Y se dan valor gritando “Alah Akbar! (¡Dios es grande¡!)” “¡Salvaremos  la revolución del 17 de febrero!”… “¡Hasta la muerte!”.Debilidades internacionalesTanto las tropas leales a Gadafi , como los sublevados saben que el tiempo corre a favor de las primeras. Para el lunes 7 de marzo, la posición de Gadafi no era tan crítica como lo era en una semana antes. Como malicioso ajedrecista el mañoso líder libio juega con las indecisiones de Estados Unidos  y la Unión Europea, amén de la postura de China y de Rusia, que no van de la mano. Además, como es de costumbre, la ONU no es precisamente el organismo internacional que se distinga por su celeridad para actuar en crisis internacionales como la que está en desarrollo en Libia, aparte de la delicada situación política en Túnez y Egipto, después de que  las masas populares derrocaron a sus respectivos dictadores.Gadafi conoce esas debilidades internacionales. No en vano desde que encabezó el golpe de Estado para derrocar al Rey Idris I en Libia, supo conducirse como protector de grupos terroristas en varias partes del mundo, hasta lograr su “perdón” hace poco a cambio de  no patrocinar más grupos terroristas y vender su petróleo y gas a las naciones occidentales, sobre todo manteniéndose en el bando de Estados Unidos. En este sentido, la Gran Bretaña se convirtió en su valedor para ser aceptada por Europa pese al acto terrorista que echó por tierra un avión de pasajeros cuando cruzaba el cielo sobre la localidad escocesa de Lockerbie en 1988. El vuelo de Pan Am 103 causó la muerte de 259 pasajeros, ciudadanos de treinta países distintos. Otras once personas perdieron la vida cuando cayeron los restos de la nave. Este atentado tuvo como resultado un dictamen de la ONU recogido en la Resolución 731, que imponía sanciones a Libia por su amenaza contra la paz y la seguridad internacional con su apoyo al terrorismo. En el año 2000, Gadafi aceptó entregar a los dos libios acusados de colocar la bomba en el Pan Am 103 a la Corte Internacional de Justicia de La Haya. Hace poco, uno de esos acusados regresó a Libia por estar enfermo de cáncer terminal. Tanto en EU como en otros países se opusieron a esta medida, pero Gadafi ya contaba con padrinos que le ayudaron en el trance. Además, la venta del petróleo también contó en el asunto. Y mucho. Más que pragmatismo, conveniencia. Los financieros y banqueros conocen la vieja regla: el dinero no tiene olor y mucho menos ideología.Beneficios por exportaciones petrolerasDe tal suerte, según publicó el sábado 5 el periódico inglés Financial Times, en primera plana a ocho columnas, pese a las sanciones que la semana anterior impuso la ONU junto con la Unión Europea (UE) contra el gobierno de Gadafi, inexplicablemente el régimen del “coronelazo”, pese a la revuelta popular, se ha beneficiado con aproximadamente  770 millones de dólares —en los primeros 18 días de la guerra civil en este país norafricano— por exportaciones de petróleo. No se olvide que el precio del crudo llegó a subir hasta 120 dólares por barril en la primera decena de la revuelta contra Gadafi.Informa el diario británico que los pagos por exportaciones se han hecho al banco central libio y, por lo mismo, al control directo de Muammar Gadafi, de acuerdo a una fuente de primer nivel en el mercado petrolero entrevistada por el citado periódico.Asimismo, directivos de la industria petrolera mundial aseguraron al Financial Times —que se edita en llamativo papel rosa— que el país norafricano exportó 570 mil barriles de petróleo diariamente durante la última semana del mes de febrero pasado y embarcó alrededor de 400 mil barriles cotidianamente en la semana anterior.No obstante, el propio periódico informó que el flujo de exportaciones de crudo está disminuyendo porque cada vez son menos las empresas petroleras que suspenden  sus compras con Libia. Sin embargo, no todas las compañías se hacen eco de las sanciones al régimen del coronel. Por ejemplo, China y la India han continuado comprando el crudo libio.Otras informaciones aseguran que la producción de crudo se ha hundido hasta los 600 mil barriles diarios, cuando hace pocas semanas se extraían más de 1.6 millones, el 2.9 por ciento de la producción mundial, de los que el 90 por ciento se venden en los mercados internacionales.La Arabian Gulf Oil Company (Agoco) —filial de la petrolera estatal libia, la National Oil Company (NOC)— que extrae alrededor de un tercio del crudo libio —casi medio millón de barriles diarios en tiempos normales—, actualmente bombea 130 mil.Asimismo, la mayoría de sus ocho yacimientos, entre ellos el de Sarir (el quinto mayor del mundo), se ubican en el este del país, donde se producen 1.2 millones del total. Por el momento, el 75 por ciento de las reservas están en manos de los rebeldes que esperan transformarse en gobierno para explotar, legítimamente, la riqueza libia. Riqueza que ahora no beneficia al país magrebí, que ya empieza a sufrir el desabasto en todos los productos de primera necesidad. Como sea, la revuelta contra Gadafi tendrá consecuencias indudables en este país que cuenta con una reserva de 44 mil millones de barriles probados, el 3.34 por ciento de las reservas mundiales.En tanto, ante el incierto futuro de Libia y la suerte que corra Muammar Gadafi, y la propia zona del Magreb y de otros países del Oriente Medio, incluyendo el reino de Arabia Saudita, por ende, la supervivencia del Estado de Israel, varias compañías importantes han suspendido sus trabajos en los yacimientos libios: la italiana ENI, la hispano-argentina Repsol-YPP, las estadounidenses Exxon y Occidental y la francesa Total, y otras. Los principales clientes de Libia en la compra del crudo son: Italia, Francia, Alemania y España.Mientras Gadafi se reorganiza y emplea su indudable fuerza militar —fuerza que no poseen los rebeldes—, en los corrillos internacionales corren esta cuestión: ¿hay que intervenir militarmente en Libia? Muchos sueñan con esta posibilidad, sobre todo los miles de libios exiliados en Europa. También es la preocupación del residente de la Casa Blanca en Washington, que ha repetido, una y otra vez, que Muammar Gadafi debe irse. En tanto los principales jefes de Estado de Occidente se ponen de acuerdo —tal parece que el tiempo no les corre—, Libia está inmersa en una guerra civil que puede causar miles de muertos, como amenazó por televisión el coronel Gadafi.Desde hace varios días, las fuerzas del coronel —ejército, fuerza aérea y mercenarios de otros países de África y de grupos de militares enviados por algunos presidentes de países africanos que comulgan con el líder libio— tratan de reconquistar el terreno ganado por una decidida oposición, aunque desorganizada, empeñada en terminar con un desequilibrado dictador que anunció luchará en su país hasta el martirio. Por el momento, ya demostró que no se toca el corazón para disparar en contra de la multitud rebelde. Y las sanciones de la ONU demoran para ser efectivas.