Patricia Gutiérrez-Otero
Hay razones del corazón que la razón no conoce.
Blaise Pascal
Rauda oscuridad usurpadora
que me deja desnuda, sin asidero,
recién nacida que un arcaico mundo espera.
En esta tiniebla tan poblada
me quema el brillo de tu ausencia, luz,
y mi negra retina se expande, amorosa,
mas sólo la acogen
los brazos negros de la noche
y su voz inaudible que murmura:
“¡Ámame!, en mí nadarás hasta la fuente.
Soy bella, deja que acaricie tu piel desnuda.
Azabache soy, mas hermosa,
en mí aprenderás
la cifra de la muerte y la vida”.
Triunfo efímero de la luz que vencida cede
y me deja arrastrar por el vértigo.
Me sedujiste, noche, y me dejé seducir;
negra soy ahora, como mi retina negra,
como tu profunda realidad que nadie ve
y que la luz esconde para que Moisés no tema.
Presurosa oscuridad invasora,
abrázame, pues, y llévame hasta el fondo,
al lugar del torrente, de la caída,
del vuelo inexplicable sobre un mar fosco.
¡Ah, negrura de marfil, luz de ébano,
que negra yo, en ti me pierda!
