Raúl Rodríguez Cortés
Finalmente el dedo de Enrique Peña Nieto apuntó hacia Eruviel Avila Villegas y contra los pronósticos de una mayoría de políticos y analistas; dejó en el camino a Alfredo del Mazo Maza, su primo y heredero natural de la plutocracia política mexiquense representada en el famoso como mítico Grupo Atlacomulco.
El gobernador del Estado de México decidió aguantar hasta el final el destape de quien será su candidato y el de su partido, el PRI, en las elecciones estatales de julio próximo.
El círculo cercano de Peña Nieto asegura que todavía el viernes 25 de marzo por la mañana, el gobernador revisó encuestas que ratificaban que Del Mazo —más cercano a sus afectos políticos y familiares— no era un candidato competitivo para el PRI en una elección crucial cuyos alcances llegan a la presidencial de 2012, y le decían que Eruviel, por el contrario, era el aspirante tricolor con respaldo seguro de la militancia tricolor y la capacidad de ganar aun contra la eventual alianza entre el PRD y el PAN.
Eso le indicaban los números por la que se la jugó con el candidato probado en la contienda, y no el “aristocrático”. Operó el respaldo de todos los contendientes y ese mismo viernes 25 de marzo los invitó a cenar. Les dijo que el ungido era Eruviel y les pidió todo el respaldo a su candidatura. Se acordó que Del Mazo convocara a una conferencia de prensa el sábado 26 de marzo a las nueve de la mañana en la que anunció su declinación, y se dio luz verde para que ese mismo sábado al mediodía el cabildo de Ecatepec se reuniera para dar licencia al ahora ex alcalde y precandidato del PRI al gobierno del Estado de México.
El priísmo nacional y mexiquense acusó recibo: el bueno era el alcalde del municipio más poblado del país, con un millón 658 mil 806 habitantes por ser el más competitivo. Pero, ¿qué dato concreto le da a Eruviel Avila ese carácter tan cantado entre el priísmo? Pues el de sus números electorales. Dos veces contendió por la presidencia municipal de Ecatepec y las dos veces ganó, una al PAN y otra al PRD.
En los comicios municipales de 2003 obtuvo —según datos del Instituto Electoral del Estado de México— 116 mil 244 votos (33.24 por ciento de la votación total), para derrotar al candidato del PAN (105 mil 299 votos, 30.11 por ciento), partido que era gobierno en Ecatepec desde 2000 impulsado por el éxito de Vicente Fox en las presidenciales.
Y en los comicios municipales de 2009 obtuvo 240 mil 883 votos (44.37 por ciento), para derrotar al candidato del PRD (122 mil 838 votos, 22.62 por ciento), partido que era gobierno municipal desde 2006 impulsado por la candidatura presidencial de Andrés Manuel López Obrador.
De manera que Peña Nieto optó por un candidato competitivo para una elección muy competida. No parece habérsela jugado con Eruviel por miedo a que éste, desairado, fuera el abanderado de la eventual alianza PRD-PAN, cosa que —según el ex alcalde— ni le propusieron ni la tenía pensada. Ni parece que Del Mazo u otros aspirantes priístas hagan caso de una oferta de esa naturaleza si es que aprendieron bien la lección de Oaxaca, Puebla o Sinaloa.
El gobernador mexiquense —acaso por olfato político o por que escuchó las recomendaciones de quienes lo asesoran en su camino hacia Los Pinos— movió bien sus piezas y de paso opacó la consulta ciudadana que el domingo 27 de marzo organizaron el PRD y el PRI para determinar si van con un candidato de alianza por el gobierno mexiquense.
Aunque la inocencia (por decir lo menos) del líder del PAN, Gustavo Madero, lo llevó a señalar que era imposible que fuera mejor el resultado de la consulta, el análisis de los números lo contradicen, aunque es cierto que ganó el “sí”. Pero la participación fue magra: 211 mil 317 ciudadanos de un padrón de 10 millones 800 mil. De los votantes, 160 mil 600 dijeron “sí” y 40 mil 724 dijeron “no”. Esto quiere decir que casi 2 por ciento del total del padrón quiere la alianza, o sea, de cada 50 votantes uno quiere la alianza, a los demás les vale un comino. De manera que las verdaderas ganonas de la consulta fueron las organizaciones no gubernamentales que la llevaron a cabo, que se dice cobraron por ella cuatro millones de pesos y cuotas políticas para sus dirigentes, una especie de mercenarios de la democracia.
Ese “sí”, sin embargo, sería suficiente para concretar la alianza, aunque el problema ahora es definir a un candidato, también competitivo, que siendo perredista acepten los duros del PAN o siendo panista acepten los duros del PRD.
El precandidato del partido del sol azteca, Alejandro Encinas, reiteró que no irá con el PRD si éste se alía con el PAN, aunque aflojó su negativa de hacerlo con el PT, Convergencia y el movimiento de López Obrador, si no se suma el PRD a la coalición de izquierda.
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