El testimonio de un migrante mexicano
Moisés Castillo
Hace nueve años, Daniel García salió de su pequeño pueblo Santa Ana del Valle, Oaxaca, para tener la suerte de sus dos hermanos que cruzaron exitosamente la frontera norte en busca de una vida más digna. El maíz no daba para más en esa comunidad que se ubica a 39 kilómetros de la ciudad capital, Oaxaca.
Daniel reunió mil 200 dólares para que un pollero lo trasladara, con otras 13 personas, a la zona fronteriza conocida como la Rumorosa, una localidad del municipio de Tecate, Baja California. Todo salió a la perfección. Vivió tres años con sus familiares en Los Angeles y pensó que desde allá podría controlar su destino.
60 dólares de salario
Daniel recuerda que salía sin temor a buscar trabajo y a veces conseguía algo en las yardas (jardinería) o en la construcción como albañil. Ganaba 60 dólares al día y no se quejaba. Al final quería trabajar y salir de la pobreza. Poco a poco comenzó a acostumbrarse a la inestabilidad del empleo, pero cuando había lo aprovechaba al máximo. Veía como un ejemplo a su hermano mayor, que tenía esposa, tres hijos increíbles y una casa propia, tras 16 años de estar en suelo estadounidense.
En el tiempo que estuvo del otro lado, nunca se sintió perseguido o acosado por la autoridad norteamericana. Sólo tuvo incidentes menores como pasarse un alto, por lo que acudía a la corte local para solucionar la infracción. Hasta que un día, Daniel salió con unos amigos de parranda y tuvo un accidente automovilístico por conducir en estado de ebriedad. La policía lo detuvo y en ese momento el sueño americano se había terminado.
Me compliqué la vida
“A veces —recuerda ahora— uno se complica la vida, porque nadie me obligó a subirme al carro, ahorita estuviera bien. Uno es responsable de sus actos y pues si nadie te jala nadie te obliga. Me decía mi hermano: «ya llegaste tomado, descansa», y me salí”.
En 2005 lo deportaron por el lado de Reynosa porque en Juárez ya no querían más migrantes. Regresó a su pueblo derrotado. Daniel no tiene esposa ni hijos, sólo a sus padres y hermanos que estaban muy lejos de casa.
Daniel estudió hasta tercero de primaria y quiso tener una segunda oportunidad. Juntó nuevamente sus dólares y recuperó su fe perdida años atrás. Ahora el punto sería Ensenada, a tan sólo 80 kilómetros de la frontera. Pero las cosas se complicaron por la seguridad extrema, y el pollero lo subió con otras seis personas a un camión que transportaba frutas que los dejó en Nogales. Ahí, el pollero los abandonó y el grupo caminó a un destino más seguro: Agua Prieta.
Sin embargo, el pie derecho de Daniel no dio para más. Se le había hinchado tanto que pensó que le iba a explotar. Había caminado cuatro días y el calor insoportable del pavimento convirtió a su pie en una pata de elefante. Era desagradable ver aquella piel moradura. Tenían que caminar por lo menos una semana más pero el dolor era insoportable. Casi pierde el conocimiento cuando llegó al Centro de Atención al Migrante Exodus.
De inmediato lo llevaron a la clínica del IMSS porque su situación era grave. Le practicaron dos operaciones en su tobillo que se encontraba deshecho. Ahora tiene dos clavos y una placa de platino, que lo ayudan a mantenerse de pie.
Daniel lleva más de un mes en el albergue y ya no piensa cruzar la frontera. A pesar de que sus padres esperan que cambie su suerte, el hombre moreno, de 35 años, piensa en otra alternativa. Dice que mejor se va a Baja California con su tío a trabajar el campo y sembrar chile habanero y tomatillo. Con su mano señala su pie y asegura que ya está mejor, que en la mañana caminó dos kilómetros. Esperará unos días para quitarse el vendaje y partir.
Juntar unos pesos
Este hombre de mirada cansada dice que nunca tuvo miedo de morir en la frontera, a pesar de que es duro ser migrante. “Eres como un fantasma para la gente”. Daniel lo único que quiere es trabajar y juntar un poco de pesos para no regresar con las manos vacías a su pueblo.
“De aquí —dice— me voy a Ensenada y luego a Oaxaca. Tal vez en dos años intentaré de nuevo cruzar. Ahora por lo pronto tengo que trabajar”.
