Obama venció a Osama

Bernardo González Solano

Hasta en los momentos más críticos de su historia reciente, tanto el pueblo como el gobierno de Estados Unidos dan la apariencia de que todo lo viven con el propósito de que un día la industria cinematográfica de Hollywood inmortalice cualquier evento histórico.

La ejecución del dirigente terrorista más buscado y odiado del siglo XXI, el saudí Osama Bin Mohammad bin Awdah bin Laden, dada a conocer oficialmente poco antes de la medianoche del domingo 1 de mayo por medio de una trasmisión directa en todos los canales de televisión de Estados Unidos, por el presidente Barack Husein Obama, así lo demuestra.

Cuando se ruede ese filme, estarán de plácemes los estadounidenses y el mundo entero (con la excepción de los agraviados) y el séptimo arte contará con otra joya del calibre de Lo que el viento se llevó, que versa sobre la Guerra de Secesión o Pearl Harbor, sobre el artero ataque japonés que dio pie para que Estados Unidos combatiera al lado de los Aliados en la Segunda Guerra Mundial.

Exacerbado nacionalismo

El terrorífico ataque del 11 de septiembre de 2001 en las Torres Gemelas de Nueva York y sobre el Pentágono y el sacrificio de los pasajeros de un avión comercial secuestrado por varios terroristas de Al Qaeda (La Base) —la organización dirigida por Bin Laden—, no sólo avivó el nacionalismo exacerbo del Tío Sam, sino el patriotismo de la gran mayoría de los estadounidenses. La saga cinematográfica será la consecuencia.

En pocas palabras, a la manera del antiguo oeste, el presidente Obama venció al sangriento terrorista Bin Laden, el fundador islámico de Al Qaeda.

Después de casi una década del crimen del 11 de septiembre de 2001, “se hizo justicia”, dijo Obama, las víctimas inocentes de aquel trágico día pueden descansar en paz, incluidos los mexicanos que en aquel momento también perdieron la vida.

A falta de las fotografías del cadáver de Bin Laden y de su inhumación “marítima” antes de 24 horas de su ejecución, el gobierno de Estados Unidos distribuyó una serie de imágenes en las que se aprecia al presidente Obama y a varios de sus colaboradores, incluyendo a la secretaria de Estado, Hillary Rodham Clinton —cuya actitud en la foto es más que reveladora—, viendo por su canal privado de televisión la acción del comando de élite que llevó a cabo el ataque en contra de Bin Laden.

La delicada operación militar —que tardó en realizarse muchos meses de trabajo de inteligencia por el ejército de Estados Unidos—recibió el nombre clave de Gerónimo-EKIA (Enemy kill in action: enemigo muerto en acción), nombre dado en recuerdo de Gerónimo, el  histórico jefe de los apaches chiricahua, nacido en Arizona que luchó contra el ejército cuando se colonizaban los territorios que perdió México a mediados del siglo XIX. La Operación Gerónimo apenas duró 40 minutos, realizada por una treintena de soldados de élite. La orden fue dada por el presidente Obama: Bin Laden tenía que morir.

El hombre que preparó y ordenó el peor ataque terrorista contra Estados Unidos en su propio territorio, en toda su historia, murió a tiros, uno de ellos en la cabeza. Murió a los 54 años de edad. Nació en Riad, Arabia Saudita en 1957, en el seno de una rica familia de inmigrantes. Creció en la ciudad de Jiddah. Como muchos hijos varones de las clases pudientes de Arabia Saudita, Bin Laden tuvo la oportunidad de educarse en colegios y universidades de prestigio en otros países.

Breve biografía

El fantasmal Bin Laden —que en algún momento se pensó había muerto en una cueva de las montañas de Pakistán— a partir del 11-S se convirtió en un icono mediático mundial. Si hubiera querido habría podido llevar la vida dorada de sus innumerables hermanos y primos. Su padre, Mohammed, inmigrante de Hadramaut, la región más pobre de Yemen, analfabeta, se convirtió en un acaudalado empresario de la construcción a base de trabajo y astucia. Logró excelentes relaciones con la familia real saudí, a la que construyó muchos palacios. El futuro terrorista internacional contaba con diez años de edad cuando murió su padre, un hombre fuera de lo común que durante mucho tiempo fue su modelo.

El terrorista no olvidaría sus paseos en compañía de su padre a caballo en el candente desierto, sus caminatas descalzo en la dorada arena y las oraciones cotidianas. Su madre, una mujer siria originaria de Lattaquié, no era más que una más de las jóvenes que compartían la cama de Mohammed. Al cabo de un año, fue repudiada por su marido que, como acostumbraba, la casó con uno de los hombres que trabajaban en sus empresas de construcción.

La contradictoria figura de su padre —rudo empresario y hombre piadoso al mismo tiempo— marcaron al joven. Era diferente. Sus hermanos y primos estudian  en Gran Bretaña y Estados Unidos, viven a la manera occidental, algunos no se privaban del consumo del alcohol. Osama asistió a un liceo de Jiddah, destinado a crear una élite intelectual. Fue donde tuvo su primer encuentro con el islamismo militante. Durante la práctica de actividades deportivas después de los cursos tradicionales.
El profesor sirio dedicaba más tiempo a la enseñanza del Corán que a la práctica de saltos, y terminó por contar a los alumnos las “edificantes” fábulas como la del “admirable joven” religioso que mató a su padre “infiel”. Fascinados, los estudiantes dejaron que les crecieran las barbas y recortaron sus pantalones, a la manera de los hermanos musulmanes.

Guía espiritual

El profesor de deportes pertenecía a esta cofradía fundada en Egipto en los años 1920. Muchos “hermanos” egipcios y sirios, perseguidos por sus gobiernos, se convirtieron en maestros en Arabia, donde encontraron coincidencias ideológicas con el sistema religioso saudí.

Uno de ellos sedujo especialmente a los estudiantes: Mohammed Qutb, el hermano de Sayyid Qutb, ahorcado en Egipto, disidentes de los Hermanos Musulmanes, partidario de la violencia en política. Bin Laden, estudiante en la universidad del rey Abdulaziz de Jiddah, asistió a las conferencias del egipcio. Rechazó escuchar música y vestir a la manera occidental y organizó concursos de conocimiento del Corán entre sus compañeros de futbol.

En la adolescencia, Osama encontró su guía espiritual. El palestino Abdullah Azzam, otro hermano musulmán convertido a la violencia, expulsado de Jordania por su prédicas extremistas. Después de la universidad de Jiddah, Azzam se trasladó a Pakistán, donde encontró una guerra de verdad, contra Rusia.

Bin Laden se reunió con él. Azzam lanzó una fatwa que ordenaba a todo musulmán un deber defender las tierras islámicas. Arabia Saudita, aliado de Estados Unidos y Pakistán, alentaba a sus jóvenes a pelear contra los infieles. Por el momento todavía no era la hora de Bin Laden, sólo era un hijo de familia que dudaba entre dos vidas.

Abandonó la universidad sin titularse; construyó carreteras para la empresa familiar y se daba aires de sabio musulmán. De hecho, aunque usted no lo crea, era hijo de mamá. La autora de sus días le hizo jurar que permaneciera en Pakistán y que no pondría los pies en Afganistán.

Como el gobierno le pedía lo mismo, por el momento se quedó en Pakistán. Azzam vio el partido que podría sacarle a este pollo de los huevos de oro. Juntos, crearon en Peshawar, en Pakistán, una estructura destinada a ir en ayuda de los combatientes árabes internacionales. Osama era el financiero y Azzam el ideólogo. El joven Bin Laden se convirtió en una especie de estrella de la juventud, en el puesto de hijo millonario que eligió la aventura en nombre de Dios.

Por aquel entonces, Bin Laden colaboró con los servicios secretos pakistaníes y con la CIA. Utilizó su experiencia en la compañía familiar para construir bases en las montañas. Pero quería pelar con las armas en la mano y  terminó por reclutar una especie de Legión Arabe compuesta por prófugos y marginales de varios países.

Señor de la guerra

Poco numerosos para desempeñar un lugar significativo, fueron suficientes para conferirle a Bin Laden una aureola de señor de la guerra. Contaría sus hechos de armas, la defensa de sus cuartel general contra las fuerzas rusas, batalla en el curso de la que se durmió sin mayor problema. Otras versiones aseguran que lo que sucedió realmente es que se desmayó debido a una hipertensión crónica.

En Afganistán, Bin Laden encontró a su último maestro: Ayman al-Zawahiri. Médico de profesión, nació en una familia de la burguesía egipcia. Intelectual de gruesos anteojos, arrestado después del asesinato del presidente Anuar Sadat en 1981, Zawahiri se convirtió durante su prisión en uno de los principales jefes del movimiento islamista egipcio. Liberado en 1984 pasó a Afganistán donde se reunió con Osama. Zawahiri colocó a sus hombres en los puestos claves de la organización creada por Bin Laden: Al Qaeda.

La derrota soviética convirtió a los “árabes afganos” y a su jefe en guerreros sin causa. Bin Laden ofreció al rey de Arabia Saudita formar un ejercito árabe para combatir a Sadam Husein que acaba de invadir Kuwait. El monarca petrolero prefirió sabiamente al ejercito estadounidense.

Bin Laden se indignó a nombre de los jefes religiosos disidentes. Este fue el segundo gran giro de su vida. Puesto bajo vigilancia, en 1991 se exilió a Sudán. A los 34 años de edad, por muchos medios trató de llevar adelante su guerra santa sin mayor éxito.

Las autoridades sudanesas terminaron por retirarle la nacionalidad en 1994, incluso en varias ocasiones trataron de asesinarlo.

Ahora, termina su franquicia internacional del terrorismo mundial.

Obama venció a Osama.