Treinta y cinco muertos en Alemania y 3 mil 500 afectados en varios países del Viejo Continente
Vivian Collazo Montano
Un brote infeccioso provocado por la bacteria Escherichia coli prendió las alarmas en la comunidad científica internacional al aparecer como la responsable de más de 35 muertes en Alemania y cerca de tres mil 500 infectados en varios países de Europa durante las últimas cinco semanas.
Intensas investigaciones se realizaron para determinar el origen del contagio, cuya causa se achacó primero a pepinos españoles, retoños de remolacha roja, hierbas medicinales, lentejas, frijoles y heno griego.
Finalmente se corroboró que la fuente del problema provenía de brotes germinados de soya de una granja orgánica, ubicada al norte del país, pero el reciente deceso de un niño de dos años —primero que muere con tan corta edad— demuestra que este foco de infección no es el único..
Aún cuando no se descartan nuevos fallecidos en los próximos días, autoridades alemanas indicaron que el número de personas infectadas pudiera estar disminuyendo.
Pero nada es seguro, y el ministro de sanidad alemán, Daniel Bahr, reconoció que la “epidemia es muy grave”, y mantuvo la recomendación de no consumir verduras crudas para evitar contagios.
Entretanto, expertos de importantes instituciones continúan analizando la cepa enterohemorrágica causante del mal —O104:H4— un serotipo nuevo, que no se había identificado hasta ahora en ningún brote. Todo parece indicar que el patógeno sufrió mutaciones genéticas que explicarían porqué el brote ha sido tan letal.
La infección se produce en general a través del consumo de alimentos contaminados crudos o mal cocidos, como la carne, pero las costumbres culinarias de los primeros infectados orientaron rápidamente a los científicos detrás de la pista de una contaminación a través de las verduras.
También es posible el contagio entre humanos, en especial cuando la higiene es insuficiente, ya que la bacteria E. coli está presente en los intestinos y por lo tanto en las materias fecales.
De ahí que especialistas recomiendan para evitar infecciones (como en toda enfermedad de transmisión fecal-oral) el lavado de manos, sobre todo antes de preparar o consumir alimentos y después de ir al baño, especialmente en el caso de quienes cuiden de niños pequeños, y personas inmunosuprimidas.
Asimismo orientan mantener una estrecha vigilancia sanitaria de los alimentos mediante la verificación de normas de higiene en los sitios donde se manipula o vende comida, y toma de muestra para detección de la infección por diversos microorganismos en los laboratorios.
La peor infección de E. coli que ha sufrido el mundo, tuvo lugar en Japón en 1996, llegó a afectar a unas ocho mil personas y aunque se sospechó que los responsables habían sido rábanos contaminados, nunca llegó a confirmarse la fuente de contagio.
