Su líder, Andrés Manuel López Obrador
Muchos historiadores consideran que la Revolución Mexicana quedó trunca, que no siguió su desarrollo, pues al concluir el periodo de Lázaro Cárdenas (1934-1940) se detuvo e inició el retroceso. Otros piensan que completó su ciclo y listo.
De cualquier forma, el mejor heredero del PRI, el que se quedó con los beneficios del magno proyecto, fue el abuelo del PRI, el Partido Nacional Revolucionario, antes de iniciar la decadencia revolucionaria. Lo único claro es que por décadas todo era “revolucionario”.
Más todavía, cuando Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano y un grupo de políticos afines se desgajaron del priísmo, bautizaron al nuevo partido como Revolución Democrática. Las nuevas generaciones no entienden qué exactamente significa el término, a qué clase de revolución se refiere. Lejos estamos de aquellas revoluciones que transformaban radicalmente el país o modificaban parte del planeta, como la francesa y la rusa en sus respectivos tiempos.
Hoy, según Andrés Manuel López Obrador y sus leales seguidores —Alejandro Encinas y Marcelo Ebrard— para derrotar primero a Eruviel Avila y luego a Enrique Peña Nieto se proponen llevar a cabo una “nueva revolución”, siguiendo la lógica del libro de texto gratuito y del famoso mural de David Alfaro Siqueiros en Ciudad Universitaria, donde una mano enigmática apunta las fechas claves de movimientos de gran poder social: la Independencia, la Reforma y la Revolución.
En una época no remota, comunistas y socialistas de corte marxista suponían que era factible llevar a cabo una transformación revolucionaria semejante a la cubana o a la china, por la vía de las armas; otros pensaron que se podía llegar al comunismo por la vía electoral, como lo hizo Salvador Allende en Chile.
Pero de pronto se cayó el bloque socialista y Cuba se quedó sin apoyo y China gradualmente hizo una extraña mezcla de comunismo con capitalismo que le funciona para ser una potencia capaz de competir con las tradicionales alejándose del marxismo-leninismo-maoísmo.
En México, me parece, ya hay muy pocos que piensen en la lucha armada para destruir el Estado burgués e instrumentar un proceso socialista que conduzca a un país justo y equilibrado, sin clases sociales, no regido por las fuerzas del mercado.
Al parecer, López Obrador y sus corifeos han encontrado la forma de llevar a cabo una nueva revolución, la cuarta y definitiva. Ella será obviamente encabezada por López Obrador, un nuevo Lenin, un Fidel Castro, un Che Guevara. Su movimiento transformará México en todos los órdenes. No queda muy claro cómo lo hará, pero sin duda ya ha empezado a trabajar en ello.
Por eso Encinas debe vencer a Eruviel y López Obrador a Peña Nieto. Pero, ¿y si Ebrard gana la candidatura de la llamada izquierda, será “el mejor alcalde del mundo” quien encabece la “cuarta revolución? ¿Quién lo sabe? Nadie. El caso es que estamos en las vísperas de un nuevo movimiento que sacudirá México y del que pocos nos habíamos percatado de ello, ni siquiera quienes siguen leal y fielmente a López Obrador.
La pregunta es: el PAN y el PRI y los que no ven otra revolución en el futuro de México, ¿qué opinan? ¿O López Obrador está hablando de una revolución pacífica, distante del uso de la violencia? Tendremos que esperar mayor información del líder de la cuarta revolución.
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