Anular comicios y postulación de Cordero
La democracia ha sido —en sus diferentes manifestaciones, ya sea representativa, semidirecta y hasta la antigua ateniense— la forma más clara que se ha encontrado para dar oportunidad a los pueblos de expresar su voluntad en el desarrollo del poder y de los asuntos públicos.
En el sistema presidencial, como en el parlamentario o en el semipresidencial, existe el denominador común de la competencia a través de las formaciones de ciudadanos que integran los partidos políticos, cuyo objetivo principal, según la ciencia política, es obtener y conservar el poder para impulsar un conjunto de propuestas doctrinarias que constituyen la ideología de cada partido.
Todo este arsenal teórico quedó descartado en la propuesta que se hizo de que los tres principales partidos de México postularan a un mismo candidato en el estado de Michoacán; la ignorante propuesta emanó —según se dijo— de la iniciativa privada, y tanto el gobernador de Michoacán como los tres presidentes de los principales partidos cayeron en esta ridícula, pero peligrosa intentona; pues con el mismo argumento que se dio para esta candidatura única, se podría pensar en la desaparición de los procesos electorales formales, a través de los candidatos únicos, incluso en la sucesión presidencial.
La consideración, que no se hizo formalmente, pero está muy clara en la opinión pública, es que la violencia del crimen organizado impide el proceso democrático. Si esto fuera así, habría que imponer un Estado de emergencia, desapareciendo los poderes electos, y formando un gobierno apoyado en la fuerza miliar, es decir, ingresaríamos a una dictadura, que el sólo pensarlo nos aterroriza, pues ha sido grande el esfuerzo de la república y de los protagonistas por construir una democracia, que tiene graves deficiencias pero que funciona.
Una circunstancia como esta sólo se puede dar cuando las dirigencias de los partidos políticos han abandonado sus principios doctrinarios, para unirse en un pragmatismo, que destruye las bases ideológicas y programáticas de los institutos políticos; por supuesto que se puede —y deben— formular políticas públicas, en la que todos los partidos estén de acuerdo, ya que la tolerancia y los consensos son también parte del ejercicio democrático; lo que no se debe hacer es abandonar los principios que dan cauce y destino a cada una de las propuestas que enarbolan cada uno de estos institutos políticos.
Desde luego, ya cayó la última paletada de tierra, sepultando esta ocurrencia absurda, pero no deja de preocuparnos por lo que puede haber y trascender en el fondo de una orquestación, para derrumbar lo poco que tenemos del sistema democrático; es urgente que los partidos políticos regresen a sus bases militantes, convenciéndolas a través de principios y no de dádivas, pues el mercantilismo ha trastocado los bienes superiores de la política, y hoy en día, en el subsistema de mercado que vivimos al margen de la Constitución de la República, el dinero y los poderes fácticos están decidiendo la gran agenda nacional, mientras que los líderes políticos se han convertido en simples marionetas de sus intereses lucrativos.
También en estos días surgió —como importante noticia política— la postulación de Ernesto Cordero como candidato del PAN a la Presidencia de la República, candidatura que estaba desde hace mucho tiempo anunciada, por lo que no debe extrañar a nadie, sin embargo, causó problemas al interior de ese instituto político, lo que provocará una situación de división interna, que lo aleja, aún más, del triunfo electoral; el precandidato Cordero ha demostrado ser un funcionario eficiente y, hasta donde se sabe, honesto, se trata de un joven con talento y cualidades administrativas, que logró convertirse en el primer secretario de Hacienda ajeno al grupo de economistas del Fondo Monetario Internacional, que han acaparado desde hace varios lustros esta importante posición.
En el PRD es evidente la candidatura de Andrés Manuel López Obrador, y pronto se vendrá el descarte de Marcelo Ebrard, de otra suerte, si ambos decidieran intentar participar en la lid electoral, se complicaría aún más su posibilidad, y dejarían el camino despejado al candidato del PRI, quien, por cierto, ha alineado las baterías políticas del Estado de México, de tal manera que el triunfo de Eruviel Avila no sea cuestión más que de mero trámite, y junto con ello, la candidatura presidencial de Enrique Peña Nieto es imparable y, su éxito electoral —como se analizan los factores políticos al día de hoy— es irreversible.
Hay muchos que deseamos el éxito de Peña Nieto y del PRI, pero también creemos firmemente que se requiere retomar la conducción ideológica del proyecto nacional, en concordancia a la teleología de la Constitución; pues obtener el poder político sólo por el poder, no implica ningún beneficio al desarrollo social de la nación. El PRI y Peña Nieto están obligados a responder al reclamo histórico de la nación en materia de soberanía, seguridad y distribución de la riqueza.

