Declarada hostilidad de Calderón
Vino Cristina Fernández viuda de Kirchner y le dijo a Felipe Calderón: “Los políticos creen equivocadamente que todo es eterno”. La frase no hubiera tenido mayor importancia, de no mencionarse en un momento de extrema tirantez en las relaciones del gobierno mexicano con Carlos Slim y, sobre todo, después de que la ilustre huésped se entrevistara con la cabeza del Grupo Carso ese mismo día por la mañana, antes de reunirse con quien figura como jefe del Estado mexicano.
Sería ocioso especular si Slim le pidió a la señora Fernández pronunciar esas palabras ante Calderón o si ésta lo hizo motu proprio, calculando las ventajas que tendría para Argentina que el Grupo Carso decidiera abandonar México, donde lo tratan tan mal, y resolviera dirigir su principal flujo de inversión hacia la nación platense. Si hubo o no acuerdo es lo de menos, lo importante es que Cristina lo dijo en la recepción oficial y ahí queda.
Las personas de convicciones religiosas pueden creer que hay algo eterno, en cambio, los políticos, aun siendo creyentes, no pueden aceptar la eternidad de ese orden en el que gobiernan, mucho menos han de confiar en la perennidad del desorden sobre el que maniobran para imponer sus intereses.
La declarada hostilidad del Ejecutivo hacia Carlos Slim ha llegado a un punto muy peligroso. El tenaz golpeteo contra el Grupo Carso, especialmente contra Telmex, empresa a la que se niega la entrada a la televisión, es mucho más que un asunto jurídico o un problema de trámites. Es una abierta y desigual confrontación política en la que Slim, como es esperable en cualquier empresario, pugna por mantener y aun acrecentar el control sobre sus áreas de interés económico.
Pero si Slim lucha por lo suyo, Calderón ha decidido salir en defensa del duopolio de la televisión. En esta pelea, el michoacano ha decidido apostar mucho más que el capital de que hoy dispone, el mismo que ya no tendrá más a partir de diciembre del año próximo. Creer que para entonces Televisa y TV Azteca le cuidarán las espaldas es una apuesta más que riesgosa: es suicida.
El año y medio que falta para la conclusión del sexenio pasará muy pronto. ¿Y después? El duopolio de los medios electrónicos tiene sus propios intereses y no va a sacrificarlos para defender a un político en retirada. Ya lo demostró Televisa cuando linchó a Carlos Salinas ante las pantallas. El capital tiene su propia lógica y creer que de buena fe puede asumir la lógica del poder, justamente cuando el poder se acaba, es una ingenuidad que le costará muy cara a Felipe Calderón.

