Eve Gil
“Un día, en un campamento a la orilla del Mar de Cortés —comienza a decir la poeta y narradora Leticia Garriga— miraba el impresionante paisaje de colinas y lajas filosas arropado con un breñal, como un enorme tapete de color verde cenizo, que parecía acercarse a la melena de espuma que llegaba a la playa. Sus enormes cardones de más de tres metros de alto, la luminosidad del sol que plateaba sus espinas, y abejas y mariposas que volaban encima de sus flores… y quise imperiosamente escribir algo, y lo hice…”
Arrulla la vida
Con su colosal oleaje
¡Se vuelve espuma!
El haiku, que tiene en Matsuo Basho (1644-1694) a su máximo exponente, es, me parece, un género subestimado entre hispanoparlantes, “un juego”, percepción que se tiene también de otras artes orientales relacionadas con la pequeñez, el silencio y la intimidad.
Microcosmos en un espacio minúsculo
Pero esta compleja brevedad, cuya premisa es encerrar un microcosmos en un espacio minúsculo, exige algo más que instinto poético: exige también astucia, disciplina y, como sería el caso de la escritora y “Haijin” (“escritor de haikus” en japonés) radicada en La Paz, Baja California Sur, Leticia Garriga, un finísimo sentido de la picardía. “El sentimiento oceánico, como llama Octavio Paz el amor en su libro La llama doble amor y erotismo me parece que es el pulso en la vida del hombre”, señala la elegante escritora, nacida en el Distrito Federal en 1947, y quien desde hace varios años participa activa y apasionadamente en la vida cultural, intelectual y académica de La Paz. Su más reciente libro, Escritura en seda, poesía impresa en la urdimbre del tiempo (colección Laúd, No. 13, Literalia Editores), que apareció a la par de una traducción al catalán de Pere Bessó, a cargo de la misma editorial, es una muy digna y hermosa colección de haikus “mexicanos”, si bien, apunta Leticia, sus primeros haikus se inspiraron en el pasado violento de la época feudal en el Japón —Era Edo— donde tiene su origen esta singular práctica literaria:
Es su pasado
Una senda con neblina
¡Insegura en Edo!
“En Japón —dice— era costumbre versar haikai, su intención era divertida, con humor. Pasa a través del tiempo a lo que se llamó Renga que es la sucesión de Tankas. Aquí vale acotar que el Tanka o Waka era el poema clásico japonés de cinco versos de tres y dos líneas, y se versaba entre varios poetas. Posteriormente alrededor de 1235 AC ya es un poema de treinta y un «moras», que en español pueden equivaler a nuestras sílabas como te comenté anteriormente.”
Domeñar la impaciencia
Leyendo los redondos haikus de Leticia, se hace evidente su gran compenetración con la cultura japonesa, aunque no necesariamente se le aluda en el contenido. Ha sido una entusiasta estudiosa y practicante de las artes del ikebana y el bonsai desde la adolescencia, artes —me explica ella— que enseñan a domeñar la impaciencia y forman parte obligada de la disciplina de los Samurais guerreros, los bonzos (monjes) y las Geishas. Cuando era estudiante de la facultad de letras, apunta Leticia, fue obligatoria la asignatura donde las corrientes de la literatura universal penetraron en la nuestra. “Aquí —dice— surge un personaje que es vital para el haiku en nuestro país. Juan José Tablada (1871-1945), no voy comentar su biografía, pero sí es importante mencionar que escribió poemas ideográficos y caligramas, casi al mismo tiempo que Guillaume Apollinaire en París, y que además de ser iniciador de la poesía contemporánea en el nuestro, introduce el kaiku gracias a su viaje a Japón como diplomático en 1900. Para él, la estética naturalista de los japoneses permitía una interpretación plástica de la naturaleza, aunque él realiza una creación personal al no ceñirse estrictamente a la métrica de 5, 7, 5”.
No hay fórmulas
“Para ejecutar un haiku exitoso —dice—, no hay una fórmula escrita, surge al instante en nuestra vida, en que el poeta como un alquimista, combina los elementos necesarios y surge un producto evocador, original y que irrumpe en la realidad como la fantasía. Se pueden seguir los pasos de las reglas del español para el conteo de sílabas, pero teniendo en cuenta que el haiku original hace uso de onomatopeyas, aliteraciones, palabras en doble sentido sin el uso de la rima, y así lo esencial de nuestro tema, debe surgir en tres versos. El japonés es una lengua que no está de acuerdo en dividir un todo en partes.” “La técnica del haiku —agrega Leticia— es difícil en el castellano, pues nuestra lengua, que es como decía Borges, cacofónica y diferente en muchas cosas más al japonés, que es una lengua concisa es que se basa en asociaciones y palabras clave, implica en principio que el lector complete lo que el poeta insinúa.” Leticia continúa trabajando con gran seriedad en el kaiku, así como con la prosa poética y el cuento breve. “Ya terminé otro libro de ochenta haikus, estoy en el cierre de un poemario con la temática de aspectos esenciales de vida cotidiana y sensualidad entre una pareja, y está en proceso de publicación mi libro Casi desde una isla, de prosa poética, editado por el Instituto Sudcaliforniano de Cultura.” Lector, si usted se interesa en conseguir un ejemplar de este maravilloso librito, puede contactar directamente a su autora: leticiagarriga@hotmail.com www.trenzamocha.blogspot.com www.eve-gil.blogspot.com
