Agraciada o no agraciada

La semana pasada estuve en San Luis Potosí para presentar el libro Mi novia, la tristeza (editorial Océano), junto con Pável Granados, coautor y Adriana Landeros como intérprete, además de sus espléndidos músicos.

Durante la conferencia de prensa en la Universidad Autónoma de San Luis Potosí tuve la oportunidad de conversar con los periodistas locales sobre la ironía del amor entre Agustín Lara y Elba Esther Gordillo, a quien sin duda, el músico-poeta, le hubiera dedicado uno de sus mejores éxitos: Vende caro tu amor o bien, la líder sindical, habría inspirado a Lara, para escribir Cada sexenio (noche) un amor…

Es evidente que los reporteros estaban sumamente divertidos, con estas dos posibilidades; sin embargo, dejaron de estarlo, cuando agregué: “No podemos, no obstante, descartar que en las próximas elecciones presidenciales ganará quien reciba el apoyo de la estructura sindical del SNTE, porque Elba Esther Gordillo… es la musa de los políticos”, comenté con singular ironía.

“Es muy triste pensar que la alianza por la calidad en la educación ha tenido algunos avances en materia educativa y, por otro lado, cómo estos avances se deterioran, y sólo se ven atrasos y atrasos. Dicho lo anterior hoy por hoy, Elba Esther ya debe estar escuchando pasos en la azotea, no más bien en su vestidor, el cual ha de ser tan grande como la sección de ropa de Sak’s Fifth Avenue de Santa Fe”.

Debo decir que mientras transcurría la rueda de prensa, en medio de foquitos de las cámaras que se prendían y se apagaban, me percataba que más que la vida y obra de Agustín Lara, el tema que les importaba realmente a los compañeros reporteros era el de la política y los más recientes señalamientos de Gordillo y Yunes.

Al comprenderlo así, no tuve más remedio que abundar en el tema: “La maestra dice que no siente vergüenza de haber apoyado a Calderón para llegar a la Presidencia, pero yo digo que el que debería de tener esa vergüenza es Calderón. Ahora los mexicanos sabemos que de no haber sido por Elba Esther Gordillo, Calderón, jamás hubiera ganado la Presidencia. ¿Cuál entonces fue su mérito? En ese caso, podría sugerirle a mi nieto más pequeño, Andrés, de cuatro años, que se lance como candidato a Presidente de la República para el 2012, pero que haga una alianza con la maestra y seguro gana”.

Una joven de uno de los periódicos locales más leídos en San Luis Potosí, me preguntó qué opinaba en relación a las enormes cantidades que Gordillo invierte en su guardarropa, prácticamente toda de importación. “¿Por qué gastará tanto en sus vestidos? Mientras Beatriz Paredes, viste con huipiles y jeans, prendas que no le han de representar mucho dinero, la vestimenta de la maestra, de un solo día, puede representar una suma de 200 mil pesos. ¿A qué se lo atribuye usted?”, me preguntó abriendo unos ojos potosinos, enormes.

Me quedé reflexionando en la pregunta, pero sobre todo en la comparación entre las dos mujeres líderes, cada una, en su propio ámbito y en esos momentos, recordé lo que había escrito a ese propósito, René Delgado en su columna Sobreaviso, del sábado pasado: “En ese sentido, la maestra es el eslabón perdido. Una lideresa inteligente y pragmática que sobrevivió a su especie, marcada por las tragedias personales que la persiguen, afectada por su baja autoestima —la ostentación de la que hace gala en su ropa y accesorios disfraza lo que no tiene— y, sobre todo, carente de educación y perspectiva política”.

Sentimental como soy, en seguida agregué: “A lo mejor gasta todo ese dinero, para que la quieran y sea aceptada en la sociedad. A lo mejor, de niña, fue infinitamente pobre. O bien, a lo mejor, es una forma de compensar su muy poco agraciado físico. Su peor enemigo, no es Yunes, ni mucho menos, López Obrador, ha de ser el espejo. Agraciada o no agraciada, resulta ser la musa más importante de los políticos mexicanos”, dije sintiéndome una verdadera poeta.