Domingo 3 de julio
Las elecciones del fin de semana pasado han dado pretexto para una serie de predicciones, diagnósticos, veredictos y posicionamientos respecto a cada uno de los partidos políticos, las elecciones federales del 2012, el sistema democrático y hasta el rumbo del país.
Al recibir vía televisión, radio, Internet, periódicos, revistas y cometarios de café y de pasillo surge de inmediato la necesidad de salir de la burbuja informática y de la “comentocracia” y distinguir entre aquello que es fruto de un análisis profundo y lo que resulta superficial o incluso insidioso.
En un primer análisis pareciera que ha pasado muy poco tiempo desde el pasado 3 de julio para poder tener un diagnóstico que incluya todas o las principales aristas de lo sucedido.
Sin embargo, es legítimo hacer algunas consideraciones preliminares, que son eso, preliminares y sujetas a revisión con mayor información y escrutinio.
Querer medir los distintos comicios bajo un mismo criterio resulta un error. Las condiciones políticas, económicas y sociales son muy diferentes en el Estado de México, Coahuila, Nayarit e Hidalgo.
Por una parte, estaríamos comparando realidades demográficas en las cuales, por un lado el Estado de México tiene el padrón electoral más numeroso frente a Nayarit, cuyo registros con empadronados no es ni por equivocación equiparable.
Los tipos de cargos a elección popular variaron, mientras en Nayarit se eligió gobernador, diputados y municipios, en Coahuila sólo no hubo elecciones municipales, en el Estado de México solamente se eligió gobernador y en Hidalgo nada más los ayuntamientos, recordemos que en este estado el PRI perdió un total de 11 municipios que actualmente gobierna.
Si nos referimos a porcentajes de participación ciudadana también estamos ante realidades distintas.
En Coahuila participó más del sesenta por ciento de los ciudadanos inscritos en el padrón, en tanto que en el Estado de México votó el cuarenta y tres por ciento de la población.
En ambas elecciones encontramos que los candidatos del PRI a gobernador llevaban una ventaja amplia frente al segundo lugar y sin embargo menos mexiquenses salieron el domingo a votar en comparación a los coahuilenses. ¿Habrá influido que en un estado se elegían diputados y en otro no? ¿Las distintas condiciones climatológicas? Desde otra perspectiva, las elecciones en Nayarit y en Hidalgo fueron muy competidas y al mismo tiempo Estado de México y Coahuila mostraron una preferencia mayoritaria por los candidatos del PRI. ¿Son comparables? La respuesta tiende a ser que no.
No se pueden comparar elecciones con niveles de participación ciudadana totalmente desiguales. La democracia apenas está en sus primeras etapas, lo cual significa que todavía no madura. Tratar de entender todo el panorama nacional por lo ocurrido en un fin de semana, es muy pretencioso, es negarse a comprenderlo. Las elecciones del domingo pasado no son comparables entre si y sobretodo no son una muestra suficientemente confiable como para hacer predicciones en base a ellas.

