Médicos de la Clínica Mayo, muy cerca de conseguirlo

Gabriel Gutiérrez

Pronto, las personas que padecen diabetes podrían liberarse de los pinchazos en los dedos y de las dosis diarias de insulina.

Los endocrinólogos de Clínica Mayo, Yogish Kudva y Ananda Basu, desarrollan actualmente un páncreas artificial que proveerá automáticamente la insulina con una precisión personalizada nunca antes lograda.

Como parte de este esfuerzo, los doctores Kudva y Basu presentarán los últimos descubrimientos sobre la manera como los movimientos mundanos cotidianos afectan el azúcar sanguíneo, durante la reunión de la Asociación Americana de la Diabetes a realizarse este mes en San Diego.

“No se habían examinado los efectos de una actividad física de baja intensidad que imita las actividades de la vida cotidiana, midiéndolos con acelerómetros precisos sobre la variabilidad de la glucosa en la diabetes tipo 1”, explica Kudva.

Entre los últimos hallazgos está el hecho de que hasta una cantidad mínima de actividad física después de las comidas repercute profundamente sobre los niveles de azúcar sanguíneo entre quienes padecen diabetes tipo 1.

“A pesar de que se esperaría ese resultado, quisimos saber hasta qué punto este fenómeno se presentaba entre los diabéticos tipo 1”, añade Kudva.

Los diabéticos que participaron en actividad física de bajo grado después de comer mostraban niveles de azúcar sanguíneo cercanos a los de las personas cuyo páncreas funciona al 100 por ciento. Sin embargo, quienes permanecieron sedentarios después de la comida, presentaron niveles elevados de azúcar sanguíneo.

Los científicos planifican incorporar estos hallazgos en un páncreas artificial desarrollado en la Clínica Mayo.

El “sistema de circuito cerrado” en desarrollo incluye un monitor del azúcar sanguíneo, una bomba automática de insulina, un juego de monitores de actividades que se adhieren al cuerpo y una unidad de procesamiento central.

Los ensayos clínicos de los páncreas artificiales posiblemente empezarán en noviembre, con un puñado de voluntarios hospitalizados. Los participantes en el estudio seguirán dentro de la Unidad de Investigación Clínica de Mayo una dieta estricta, así como regímenes de ejercicio y administración de insulina. Luego, se ingresarán los datos a un algoritmo para la administración de insulina, el cual imita el proceso natural del organismo para controlar y responder a los niveles de glucosa en el torrente sanguíneo.

“La actividad física mejora la acción de la insulina, disminuyendo la concentración de glucosa en la sangre”, explica Kudva.

“La detección de la actividad física en tiempo real, junto con la muestra de su efecto sobre la dinámica de la glucosa, es fundamental para diseñar un sistema automático de entrega de insulina”.

El doctor Kudva y otros científicos de la Clínica Mayo han trabajado durante casi 15 años en varios aspectos de la diabetes y de la obesidad. Además, colaboran en el páncreas artificial y desarrollan un algoritmo que permitirá a los pacientes gozar de tranquilidad mental al eliminar de su rutina cotidiana el cuidado de la diabetes.