(Novena y última parte)

Con el fin de transformar la creciente expansión de la realidad del Estado fallido en el ámbito de la difusión del país y transformar los viejos modelos de comunicación nacional, se deben realizar, entre otras, las siguientes acciones socio-políticas para impulsar el cambio comunicativo:

6.- Mientras se da el gran cambio legislativo en el Congreso de la Unión que permita crear otro marco jurídico para la radiodifusión nacional, las escuelas de comunicación deben participar sistemáticamente en el espacio público, particularmente mediático, exponiendo diversas posiciones críticas sobre el grado que guardan los diversos aspectos que intervienen en la creación cotidiana de las políticas y modelos de comunicación para el país; y exponer alternativas fundamentadas para la superación de dicha realidad.

7.- Junto con las universidades, órganos culturales y organizaciones comunicativas, se requiere construir observatorios académicos que supervisen el comportamiento cotidiano de los principales medios de difusión masivos. Todo ello, con el fin de medir sistemáticamente el grado de respeto u observancia que guardan éstos del marco legislativo establecido y señalar las penas que el Estado debe aplicarles cuando violen el orden del derecho vigente.

8.- Los sectores civiles deben elaborar indicadores comunicativos cuantificables para medir rigurosamente el grado de existencia o de ausencia de los verdaderos procesos de comunicación colectivos en México que colaboren a superar la simple cultura de la difusión de información que hoy se expande en el país con gran éxito como un derivado de la modernidad tecnológica y que permitan encarar las diversas crisis sistémicas que nos rodean en la vida cotidiana.

9.- Es necesario contemplar que al comienzo de la segunda década del siglo XXI, hoy nos encontramos en una nueva etapa silenciosa de evolución del paradigma tradicional de la comunicación donde el antiguo modelo de “medios masivos abiertos” ya no es el modelo hegemónico en el país, sino que ahora ha surgido rápida y versátilmente otro nuevo modelo de comunicación con la interacción de la Red de Internet. Este reciente prototipo comunicativo se está convirtiendo en el novel sistema nervioso interactivo que articula diariamente a la sociedad contemporánea, especialmente de los jóvenes. Así, el siglo XX fue la etapa histórica de la difusión de la macro información dónde algunos emisores dominantes enviaron a través de la prensa, el cine, la radio y la televisión billones de informaciones cotidianas a las comunidades, las cuáles actuaron como condicionantes culturales para crear la nueva sociedad mexicana moderna, pero sin permitir que a través de dichas instituciones mediáticas la sociedad se comunicara consigo misma, con el Estado o con los partidos. Sin embargo, ahora en el siglo XXI es posible que vía la incorporación de las nuevas tecnologías de interacción social que ha introducido el Internet, emerja el siglo de la comunicación donde la sociedad produzca la comunicación que necesita para comunicarse consigo misma, con los partidos políticos y con el Estado con el fin de generar la comunicación que les permita sobrevivir.

10.- Para evitar regresar a la etapa histórica de la imposición de un pensamiento único del partido dominante, de los monopolios comerciales o del gobierno en el poder, es necesario crear condiciones que permitan la permanente discusión de las ideas, concepciones, cosmovisiones sobre el modelo de crecimiento a seguir y de los grandes conflictos de la agenda nacional. Por ello, mientras se avanza en el cambio de las instancias anteriores las escuelas de comunicación deben utilizar todos los progresos que aporta la revolución de la sociedad de la información, como son el nuevo sistema nervioso que construyó la presencia de Internet, el tejido interactivo de las computadoras, las cámaras web, los teléfonos celulares, las redes sociales, etc. para facilitar que la sociedad civil se comunique entre sí, con el fin de organizarse para resolver las grandes contradicciones que atoran su desarrollo comunitario.

11.- Finalmente, siendo que el único espacio colectivo de interacción abierta con que cuenta hoy día la sociedad mexicana para comunicarse libremente, es el ciberespacio; las escuelas de comunicación en conjunto deben oponerse enérgicamente en todas las zonas sociales, ante las tentaciones de control que surgen en los partidos políticos autoritarios para someter este nuevo recurso interactivo de las comunidades a los intereses de su poder político-burocrático. Internet debe continuar existiendo permanentemente como un instrumento que cree un espacio libre y libertario para renovar a la sociedad y refundar a la República hacia nuevos rumbos históricos.

Es por ello que en este marco de transición histórica de un tipo de sociedad autoritaria a otra más democrática, con el fin de fortalecer los Sentimientos Comunicativos de la Nación, hoy más que nunca es necesario rescatar los fundamentos de la filosofía humanística aplicada a los procesos de información y cultura, que plantea que las técnicas de la comunicación deben estar al servicio del hombre y no el hombre al servicio de las técnicas de la comunicación.

Dentro de dichas coordenadas de transformación nacional, ahora le corresponde a la clase política mexicana demostrar históricamente que ese conocimiento crítico que se ha creado y acumulado en las universidades, en los centros de investigación y en las organizaciones ciudadanas del país; será aprovechado para resolver las grandes necesidades de desarrollo comunicativo urgente que enfrenta la población nacional, y no simplemente para blindarse más como partidocracia con el fin de continuar operando en las estructuras de poder como instituciones unilaterales, privilegiadas, corruptas, autoritarias, insensibles e irresponsables, como lo ha hecho en el pasado.

El reforzamiento de esta última vía prepotente sólo acrecentará de manera más acelerada la profunda crisis política de representatividad y de credibilidad que ya arrastran los partidos políticos y el gobierno, acentuando las contradicciones de la gobernabilidad nacional. Con ello, el sector político mexicano comprobará que no aprendió nada de los movimientos emancipadores de la Independencia y la Revolución conmemorados en los últimos 200 años; y será corresponsable de que la resolución de los conflictos de la agenda nacional se canalicen por las vías violentas del “México bronco” y no por las alternativas pacíficas que se construyeron con la frágil democracia que tenemos desde principios del siglo XXI en el país.

Por tal motivo, al principio del nuevo siglo, la sociedad mexicana y los poderes públicos de la república, especialmente el Congreso de la Unión, hoy poseen las herramientas materiales y políticas suficientes que les permiten decidir por la disyuntiva histórica de aceptar caminar en los próximos años hacia un proyecto de sociedad regido por la cabeza mediática autoritaria de los oligopolios comunicativos privados que se han formado en nuestro país y los partidos políticos despóticos; o deciden avanzar hacia un proyecto de sociedad dirigido por la rectoría de un moderno Estado nación comunicativo, reformado por la creación de un nuevo pacto normativo federal de equilibrio nacional entre medios de comunicación, Estado y sociedad. La sociedad espera, cada vez más, con menor paciencia la respuesta que se ha negado a dar en las últimas décadas la clase política para transformar democráticamente las estructuras de comunicación colectiva.

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