Bastan dos ejemplos

 

Todos estamos hechos del mismo barro, pero no del mismo molde.

Proverbio mexicano

 

La guerra contra las bandas del crimen organizado se desarrolla en un ambiente de una grave descomposición social, resultado del relativismo predicado por las élites mexicanas.

Va un ejemplo.

En un barrio de Ciudad Juárez, los vecinos sabían que un joven que vivía con su madre era puchador, o sea vendedor de droga al menudeo.

Un día llegaron sicarios y le asesinaron en las afueras de su casa. La madre abrazaba el cadáver de su hijo, dolorida, pero también resignada. “Sabía lo que hacía, sabía que podría terminar así, asesinado”, dijo, pero agregó: “menos mal que le alcanzó el tiempo para arreglar mi casa”.

Apenas un pálido reflejo de una realidad que no se consigue avizorar desde las discusiones por la pertinencia de la guerra anticrimen. Es la guerra del presidente Felipe Calderón. Pienso distinto. Pienso que es la guerra de todos.

Doy otro ejemplo. Las escuelas de una zona de la ciudad empezaron a ser víctimas de extorsiones telefónicas, conminadas a pagar, si no querían ser víctimas de un atentado. Hubo una queja, se descubrió que las extorsiones no eran obra de alguna banda. Simplemente, fue un viejo profesor jubilado que encontró así la forma fácil de sortear sus dificultades económicas.

Apenas una muestra de la descomposición social de la cual empieza a ser víctima la sociedad mexicana, una descomposición social que no se detendrá sólo con acciones policiacas o militares. No estoy contra éstas. Son indispensables, pero se tiene que atender el aspecto social del problema.

¿Cómo hacerlo, si cada año le cancelamos el futuro a cientos de miles de jóvenes al cerrarles el acceso a la educación media, a la media superior y a la superior? ¿Cómo hacerlo cuando se envían mensajes contradictorios, como no considerar malo el consumo de drogas y exigir se legalice, lo cual legalizaría su comercio?

Es inevitable que a pesar del mediático esfuerzo la guerra anticrimen deba continuar el próximo sexenio. Sí, pero debe complementarse con políticas públicas, agresivas, que dejen de concentrarse en los balances macroeconómicos, para concentrarse en el aspecto humano de los problemas nacionales.

Los ejemplos citados aquí nos hablan de un deterioro gravísimo en la escala de valores, una escala de valores cívicos que cuando menos tendría que ser el primer acuerdo de todos, políticos de todos los partidos, empresarios, clases medias y las organizaciones no gubernamentales.

Una escala de valores que a todos comprometa.

 

jfonseca@cafepolitico.com