La izquierda perredista
Los amarillos no han querido abrir los ojos: los dinosaurios están ahí entre ellos, ejemplarmente son sus dirigentes: el Pejelagarto, Bejarano, Lola Padierna, Encinas, Walton, Anaya, Luis Sánchez, Jesús Ortega, Zambrano, Manuel Camacho…
Sus formas de expresión y sus contenidos responden a los gimoteos del siglo pasado. Idénticas, las frases de quienes señalan que primero los pobres; los complots los limitan; la mafia los aplasta, y las irregularidades los tumban.
Nacieron del descontento y ahí han anidado. Ni un paso adelante, incapaces de crear nuevas figuras y elaborar diferentes paradigmas. En esto último han contagiado a su socio Acción Nacional.
Y para probarlo, enviaron a la contienda electoral en el Estado de México a los mismos derrotados de hace 18 años al escenario en que, extendidas las variantes sociales, es muy distinto a lo que ellos imaginan, ya que desconocen las raíces y los apremios tan diversos que pueblan el territorio mexiquense.
Se conformaron en repetir lugares comunes y dirigir sus mensajes a sus reducidas clientelas, sin pensar en aquellos que nacidos nuevos piensan diferente. Ignoraron a los más y cayeron en el conformismo de atacar problemas que no han resuelto en los territorios que gobiernan, tanto el PAN como el PRD y sus alianzas recientes.
Hablaron de la inseguridad y desempleo como si fuera patrimonio mexiquense; se llenaron de asombros y calificativos ante la pobreza como si fueran habitantes de Kuala Lumpur o de Moldavia ignorantes del cómo y por qué de esos fardos.
Rasgaron sus limpios uniformes al ver la iniquidad en las oportunidades y presumieron supuestos logros panistas al referirse al gobierno federal lo mismo que las piscinas y pistas de esquiar levantadas por el gobierno defeño.
Realizaron sendas campañas ahorrando inexplicablemente espacios y oportunidades para promover ideas, proyectos e imagen.
Cuando el Instituto Electoral del Estado de México les destinó tiempos en la barra de opinión de Canal 34 de televisión, Bravo Mena no asistió y Encinas estuvo 38 minutos en la emisión Barra Libre, sin ninguna cortapisa. Ahora este último se queja del Canal 34 cuando nadie, ninguna otra empresa, le brindó más tiempo.
Los dos candidatos se quejan de imparcialidad televisiva injustamente por que está visto su vocación ganadora está bajo el peso de su agobiante necesidad de la derrota y lo que es más significativo, de la queja lastimera.
La autocrítica, elemento que desconocen, les nubla el entendimiento y con ello vuelcan el enojo sobre los votantes. Ellos, los sufragantes, son “manipulables, ignorantes, comprables, indefensos, huérfanos de espíritu, carentes de criterio, atrasados”.
Todas las prácticas de las que se quejan amarillos y azules ubican al electorado como una masa indefendible de su propia y continuada perseverancia de vivir encadenados a la terrible injusticia en que decidieron su destino.
Mientras esta actitud, propia de quien ve la culpa de sus yerros afuera de su dominio persista, impedirán que el sistema democrático que dicen defender, carezca de los elementos realmente competitivos que posibiliten un mejor desempeño de la vida política nacional.
Así viven cómodos al saltar de un puesto a otro, al amparo de los dineros públicos, despidiendo un fuerte tufo a rancio.
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