Edgar Díaz
A Jatziry
Nadie rebaje a lágrima o reproche
esta declaración de la maestría
de Dios, que con magnífica ironía
me dio a la vez los libros y la noche.
De esta ciudad de libros hizo dueños
a unos ojos sin luz, que sólo pueden
leer en las bibliotecas de los sueños
los insensatos párrafos que ceden
las albas a su afán […]
Jorge Luis Borges
Poema de los dones.
“Siempre imaginé que el paraíso sería algún tipo de biblioteca” frase de Jorge Luis Borges que podría bien cumplir la función de epígrafe de estas letras, mas la intención no es llenar con frases o citas estas cuartillas. No. Hoy dejaremos las frases a un lado porque el tema a tratar es el proyecto “La Ciudadela: la ciudad de los libros”, presentado por la presidenta del Conaculta el 30 de junio del presente año, un proyecto que «recuperará el esplendor del edificio que alberga a la Biblioteca de México “José Vasconcelos”». Cabe recordar, sin el afán de retomar hasta el hartazgo la información que ya numerosos artículos al respecto han dado, que la Ciudadela, en un principio “La Real Fábrica de Tabacos de la Nueva España”, cuya construcción puede ser comprendida entre 1793 y 1807, fue donde José María Morelos y Pavón pasó parte de sus últimos días antes de ser trasladado a Ecatepec para después ser fusilado, que fue donde los generales Manuel Mondragón y Félix Díaz, quienes se levantaron contra el presidente Francisco I. Madero, se refugiaron. Tampoco es necesario repetir que fue sitio de ejecuciones durante el periodo de la Decena Trágica.
Así como no es necesario llenar con frases y citas estas cuartillas, tampoco lo es llenarlas con datos históricos o técnicos. Aunque sólo con frases y nada más que frases se podría hablar de un tema, hacer que sea algo lógico y subjetivo, ilógico y surreal, o tonto y verdadero -o la combinación que más se apetezca-. Se podrían hacer –y se han hecho- libros y libros solamente con citas y frases vistiendo sus desnudas páginas blancas. Libros que indiquen que es más importante aprenderse una frase que leer la novela, cuento, ensayo, obra dramática, etc., que la contiene. Esto no parece ser el caso del proyecto que corre a cargo de los arquitectos Alejandro Sánchez, autor de la biblioteca José Luis Martínez, y Bernardo Gómez-Pimienta, creador del Pabellón de México en Francia, ya que en palabras de Consuelo Sáizar este proyecto «Será una de las bibliotecas más emblemáticas del país, y lo cierto es que va a resguardar muchos de los acervos más valiosos, justamente, de la nación» ya que «Aquí se albergarán los grandes fondos editoriales de papel, y no es que no tengan tecnología aquí, pero, digamos, el acervo principal va a estar puesto en albergar los fondos bibliográficos del siglo XX mexicano». La remodelación de dicho lugar tendrá comienzo en el otoño de este año y tendrá final en el del año siguiente –esperando que esto no arruine las elecciones-.
La inversión estimada, en números redondos, de dicho proyecto es de 550 millones de pesos. Esta inversión es con la intención principal de restaurar el edificio colonial y darle al proyecto la ampliación a la librería que llevará por nombre el de Alejandro Rossi, salas de lectura, salas digitales, una biblioteca para niños, una ‘bebeteca’, un área para personas con discapacidad visual, una galería para exposiciones y, en palabras de Alejandro Sánchez, «El proyecto incluye la recuperación de patios para ofrecer más espacio público a la ciudadanía, además del aprovechamiento de las crujías y una reordenación integral del espacio con mayor eficiencia», contando también con que “se busca conseguir y preservar el mayor número posible de bibliotecas personales y que sean un legado para la sociedad mexicana”. Se piensa tener cinco acervos: de José Luis Martínez, Antonio Castro Leal, Jaime García Terrés, Alí Chumacero y posiblemente el de Carlos Monsiváis, además de los fondos Reservado y México, que abarcan alrededor de 450 mil volúmenes. En voz de Bernardo Gómez-Pimienta este «Será el primer edificio público del siglo XVIII que va a ser verde porque se va a ahorrar agua y energía, con un mantenimiento bajo a largo plazo». Dice Consuelo Sáizar que «Estamos convencidos que aquí va a estar el corazón de la biblioteca y en Buenavista estará el cerebro».
Es superlativamente importante que las bibliotecas incrementen y que las que ya existen se mantenga en buen estado y con libros que permitan a la gente acercarse a sus páginas. Es importante que exista un corazón de una biblioteca y que exista el cerebro de la misma, pero ¿dónde están los ojos?
Borges escribió en alguna ocasión que “Que otros se jacten de las páginas que han escrito; a mí me enorgullecen las que he leído” ¿Pero en verdad estamos orgullosos? ¿Y como cuánto estamos orgullosos? En noviembre del 2006, en la revista Letras Libres, Gabriel Zaid analiza en un ensayo la última encuesta de ese año sobre los hábitos de lectura en México, datos que causan en la persona que los lee una profunda y triste pena. Dicho ensayo es retomado por Guillermo Sheridan, en la misma revista pero diferente número, abril 2007, para su ensayo titulado La lectura en México. Sí, es cierto, desde hace ya lustros o décadas se ha venido hablando de este problema de lectura en México, donde pasamos de 1 libro al año promedio por mexicano, al 2.8 o 2.9, cifras por demás desalentadoras en estos tiempos donde la falta de educación y responsabilidad han sumido al país en este bache cultural.
Es cierto que hacen falta más bibliotecas y servicios de esta índole, actividades culturales y más, pero también hace falta que al mexicano se le enseñe a muy temprana edad que la lectura no es una obligación para pasar las tareas o para entregar los trabajos, que un libro no es aburrido por no tener imágenes móviles; sino una fuente rica e inagotable de conocimiento, una nave, como decía Emily Dickinson, para viajar lejos.
Es cierto, nuestra intención no era la de llenar con datos o citas estas cuartillas para darle un toque de ensayo, pero también es cierto que la intención no es llenar de bibliotecas o librerías el país para darle un toque intelectual. Y es cierto, también, que el paraíso debiera ser algún tipo de biblioteca.
Es cierto, con magnifica ironía nos dan los libros y la noche. Es cierto que ‘De esta ciudad de libros hizo dueños a unos ojos sin luz’. Estamos quedándonos en la noche; la luz de una biblioteca, o de todas, no sirve, o sirven, para alumbrar nuestro camino. Y es cierto también que así como sólo con frases y nada más que frases se podría hablar de un tema y darle al mismo el epíteto que uno quiera, donde lo importante es aprenderse una oración para pasar por persona lectora, acaso sea la misma consecuencia, que no propósito, al remodelar, levantar, renombrar muchas bibliotecas y/o librerías y levantar o construir otras más, para pasar como una nación culta.
Sea la manera que sea, yo me quedo con una frase de Borges que utilizo para cerrar estas líneas, para muchos pretenciosas:
“Hay quienes no pueden imaginar un mundo sin pájaros; hay quienes no pueden imaginar un mundo sin agua; en lo que a mí se refiere, soy incapaz de imaginar un mundo sin libros”
