El pasado lunes 17, el gobernador Enrique Peña publicó en El Universal un texto que aborda algunos de sus puntos de vista sobre la reforma política de la que tanto hemos hablado y muy poco concretado. A su entender, dentro de lo que es el fenómeno de gobernabilidad, la construcción de mayorías parlamentarias es toral. Da como un fino pincelazo, el que en el Senado y los grupos parlamentarios hayan votado elevar el porcentaje de votación necesaria para obtener mayoría en la Asamblea Legislativa en el DF. Nada mal que así pudiera darse en el recinto de San Lázaro y propone diversas posibilidades: una, construir una cláusula de gobernabilidad que permita alcanzar la mayoría al partido que obtenga una mayoría relativa de 40%. Otra sería eliminar los límites de la sobrerrepresentación del 8% y finalmente una tercera consistiría en la reducción de los diputados plurinominales. Cada una de estas propuestas requiere ser analizada y convenir que lo imperativo es permitir que el país avance sin mayor retraso y que el Congreso deje de ser el terreno de los desencuentros y las zancadillas. Otra exposición llamativa es su rechazo a la reelección legislativa. Esto podría traer consigo la relación entre grupos poderosos y los representantes populares y así el Congreso quedar atrapado por intereses particulares para desvirtuar aspectos fundamentales de la democracia. En el mismo sentido, apunta el temor de que, como ha ocurrido en otros países, esto sea la llave a la reelección encadenada que impida el ascenso a nuevos cuadros y también la del presidente con las consecuencias que bien conocemos. No menos importante es su apunte positivo sobre un viejo anhelo de muchos: las candidaturas independientes, las cuales, como es bien sabido, obligarían a los partidos políticos a tener una actitud de mucha mayor atención a la ciudadanía y atender más y mejor sus demandas sociales. De igual manera, el gobernador Peña Nieto ve a la iniciativa preferente como la posibilidad de que el presidente presente diáfanamente las prioridades de su agenda de gobierno ante el Congreso y con ello brinde certeza en el rumbo para que todos comprendan primero y colaboren después en la consecución de los programas a realizar. Por último, considera adecuado y hasta necesario que los nombramientos de los órganos reguladores sean ratificados por el Congreso para que quienes sean nombrados, lo sean por su experiencia, honestidad, conocimientos y no exclusivamente por su militancia partidaria o peor aún, por sus relaciones o por compadrazgos. Peña Nieto admite que si bien la protección de la salud, la seguridad individual y familiar así como la justicia son derechos constitucionales, éstos no se han logrado garantizar al grueso de la población. ¿Acaso estará pensando que estos últimos debieran ser promesas cumplidas en su próximo programa de trabajo? Si así fuera, bienvenidos estos apuntes.

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