Este 1 de julio, Diana de Gales habría cumplido 50 años de edad. El recuerdo de la princesa en la población británica es el de una mujer bella, joven y timida que logró modernizar y humanizar a la monarquía.
Lady Di murió el 31 de agosto de 1997, en un accidente de automóvil en el túnel del puente del Alma, en París, Francia, junto a su entonces compañero sentimental, Dodi Al Fayed, cuando trataba de huir del acoso de los fotógrafos.
El contraste entre la frialdad de la reina Isabel II y la cercanía de Lady Di era evidente, especialmente en el trato con sus hijos, a los que expresaba públicamente su cariño con gestos nunca antes vistos en la familia real británica, cuyos miembros se saludaban con un rígido apretón de manos.
Diana hizo público que la falta de cariño y de comprensión en el entorno de la casa real la llevaron hasta la autolesión y la bulimia, una enfermedad que, para ella, fue una “válvula de escape” y una “forma errónea de pedir ayuda”.
Su carácter accesible y cercano a la gente le ganó el amor del pueblo, que entró en un estado de luto colectivo tras conocerse la noticia de su muerte, que provocó heridas en la sociedad británica, e incluso hay algunos que, años después, siguen manejando la “teoría de la conspiración”, alimentada estos días por el estreno del documental Muerte ilícita, de Mohamed Al Fayed, padre de Dodi, en el que el magnate quema los escudos de la familia real.


