Domingo 3 de julio


El domingo 3 de julio marcaba para varios partidos políticos la fecha en la que la ciudadanía los evaluaría y posicionaría para las elecciones del 2012. Es tradición considerar al Estado de México como un laboratorio electoral, prácticamente como la imagen en la bola del cristal que predice una final adelantada.

En realidad es poco confiable realizar conjeturas y afirmar que los resultados de un estado puedan definir en otro momento y en otras circunstancias las elecciones; más aún cuando más de la mitad de los electores decidieron reservar su derecho de influir.

No es tiempo de cantar victorias adelantadas o derrotas irrevocables, hay que analizar qué es lo que verdaderamente está en juego antes de colgar coronas o laureles.

Es momento de que todas las fuerzas políticas se esfuercen por lograr una verdadera representatividad, de convencer a los ciudadanos para participar en las decisiones de gobierno.

Las lecciones han sido reiteradas por los ciudadanos poco estudiadas por los políticos. La política no puede reducirse a un ejercicio que se practica o que interesa cada tres años y que cada vez involucra a menos personas.

Los que se declaran ganadores confían en que esta participación disminuida les permita controlar más fácilmente a su voto duro y con ello se conforman, quienes presumieron que la izquierda comenzaba a ser una alternativa para la mayoría de los mexicanos se dieron cuenta de que mientras le apuesten a una figura mesiánica y a promesas populistas no podrán sostenerse como los representantes de la izquierda.

El Partido Acción Nacional cobra la factura del desgaste natural de ser gobierno, pero también debe enfocarse en comunicar los logros. La desmemoria de quienes vivimos bajo el viejo régimen se apoya también en que los jóvenes poco saben de aquellos años, sin comparación resulta difícil la valoración. Es importante redoblar esfuerzos para fortalecer la vinculación ciudadana y alcanzar una comunicación efectiva.

En general, los partidos deben dejar de discutir entre ellos para dialogar con los ciudadanos, para motivarlos, para convencerlos y los ciudadanos deben valorar el precio de dejar en manos de unos cuantos los destinos y las decisiones. Quienes se han convencido de que la abstención y el voto nulo castiga a los políticos desconocen o desestiman que en realidad sólo transfiere el control a quienes a través de la movilización manipulada controlan los resultados en las urnas.

 

Presidente del PAN en el DF

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