Porcentajes de escándalo

 

Al desbarrancarse a 50% abajo del PRI, los capitostes del PAN y el presidente Felipe Calderón quedaron estupefactos y cavilan si dentro de un año, en la sucesión presidencial, podrán recortar tan enorme distancia o si tienen al abanderado ideal para la crucial prueba en la disputa por el poder.

El panismo careció de un candidato de poder para enfrentar al PRI en el Estado de México y recurrió al siempre derrotado Luis Felipe Bravo Mena, el nacido en Guanajuato que representa más de sus 58 años. Su líder, Gustavo Madero, lo dejó solo al inicio y al final de la campaña.

Al candidato de izquierda, Alejandro Encinas, también le fue de los diablos, al quedar 40% puntos abajo del triunfador priísta,  Eruviel Avila. Pero se ufana de su segundo lugar y cree que con ello será integrado un frente de izquierda contra el PRI en el 2012. ¿Ya da por muerto al PAN?

Encinas y el jefe de Gobierno del DF, Marcelo Ebrard, no toman en cuenta que el PRD obtuvo menos de un punto porcentual en Coahuila y sólo logró 11 puntos en Nayarit. Menos consideran que en Sonora, Chihuahua, Nuevo León, Tamaulipas, Durango y otras entidades, el partido amarillo es inexistente. ¿Así van a construir un partido para ingresar a Los Pinos, si son incapaces de ponerse de acuerdo entre sí?

Lejos de reconocer sus fracturas y pleitos internos, los partidos de endeble izquierda quieren justifican sus reveses de desastre al culpar al PRI de protagonizar una elección “de Estado”, de haber rebasado gastos de campaña, y de todo eso de que se duelen los derrotados.

Ni López Obrador escapa a las críticas de sus congéneres. El perdedor de Nayarit, Guadalupe Acosta Naranjo lo culpa de no pactar alianzas con el PAN para derrotar al PRI.

Acosta Naranjo es de los oportunistas que se cubren con el manto de la izquierda y, ante su incapacidad para ganar por sí mismos, también buscan la cobija de la extrema derecha, y comen  revoltijos en el mismo plato.

Del mismo corte es Manuel Camacho Solís, quien se fue del PRI, renegado porque no logró ser candidato presidencial y hoy, refugiado en una izquierda que ni profesa ni siente, se muere por las coaliciones con el PAN. ¿No ha dicho López Obrador y otros “luchadores sociales” que el partido azul y Felipe Calderón les robaron la elección del 2006?

Marcelo Ebrard se desespera por sus escasas posibilidades de ser candidato presidencial y asume la postura de su “cuate” Camacho Solís.

Por el estilo están los blanquiazules. El jerarca del PAN, Gustavo Madero, también se enfureció contra López Obrador porque les impidió la alianza. Desvergüenza absoluta. Después del atraco al tabasqueño lo querían tener hincado, ante Los Pinos.

Falto de figuras de la política, el gobierno calderonista ha tenido que aguantar a Madero en su partido y designó a Bravo Mena para el Edomex, porque no encontraron a otro de regular presencia. Por eso quisieron llevarse, panistas y perredistas, al tricolor Eruviel Ávila, a quien ofrecieron hasta la camisa.

Carente de integridad, Madero proclamó ganadora en Nayarit a Martha Elena García, quien fue claramente derrotada por el priísta Rodolfo Sandoval con 7% de la votación estatal. Ella, con su aspecto de suegra enfurecida, anunció que va a impugnar al PRI.

Panistas y perredistas advierten que también impugnarán al PRI en el Edomex. No les apenan las derrotas de escándalo con diferenciales de 50% y 40%, respectivamente. No con eso van a justificar sus trabajos.

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