Alfredo Ríos Camarena

La revista Siempre! ha constituido a lo largo de la historia contemporánea de México un símbolo libertario y un paradigma del pensamiento. Desde que nació, en un acto contra el autoritarismo, encabezado por don José Pagés Llergo, la revista fue un abrevadero constante de la cultura, de la política y de las diversas corrientes del pensamiento filosófico.
Desde mi adolescencia fui lector asiduo y me entusiasmaba con las polémicas y crónicas que en ellas se desarrollaba, era un México distinto, al que se le ha criticado como un gobierno de partido hegemónico, surgido de la Revolución Mexicana.
Es verdad, durante muchos años la voluntad presidencial tenía el carácter de suprema y no se movía la hoja del árbol sin la acción del ejecutivo en turno; a través del partido se controlaban las gubernaturas, el Congreso, las presidencias municipales, incluso el Poder Judicial dependía totalmente de este omnímodo poder.
Por otra parte, no conocíamos la violencia criminal que hoy nos amedrenta y nos lacera; las condiciones del desarrollo económico eran distintas; la deuda externa era manejable y la pobreza no nos agobiaba en forma brutal, como hoy, que asistimos a un mundo de brechas insalvables y de miseria estremecedora; existía un proyecto de nación y la discusión y la polémica reflejadas en la revista Siempre! tenían fuertes matices ideológicos.
Recuerdo que en esos años quise acercarme a las grandes plumas de Siempre!, y lo logré. Asistí a desayunos en el hotel María Isabel con don José Pagés Llergo, cultivé amistad con Roberto Blanco Moheno y fui invitado a su casa; Víctor Rico Galán aceptó una cena con mis amigos, fui secretario por un tiempo breve de Antonio Vargas MacDonald, conocí y admiré a Francisco González de la Vega y al inolvidable maestro de la oratoria Alejandro Gómez Arias.
Pude también entablar amistad y solicitar orientación del querido maestro Vicente Lombardo Toledano; en fin, tuve el privilegio de tratar a esos gigantes del pensamiento como Nemesio García Naranjo, Carlo Coccioli, Antonio Rodríguez, Manuel Moreno Sánchez y José Angel Conchello.
Cuando sufrí la injusta persecución y fui encarcelado, uno de los contados órganos periodísticos que publicó entrevistas y notas en mi defensa fue la revista Siempre!; nunca olvidaré la larga crónica que escribió el distinguido pensador Luis Suárez.
Por lo anterior, siempre aspiré a que algún día podría publicar mis reflexiones en la revista Siempre!, desde hace varios años lo conseguí y me siento realizado por la actitud democrática y respetuosa de nuestra directora, doña Beatriz Pagés Llergo, compañera mía en el Congreso de la Unión.
En este 58 aniversario, mi mejor deseo es que el pensamiento doctrinario, que las tesis filosóficas y políticas, vuelvan a ser ingredientes de la política nacional, que se han perdido en el más ciego de los pragmatismos y en el abandono de principios fundamentales.
La nación requiere rumbo y destino y éste sólo se alcanza con el pensamiento superior y la nobleza de miras.
Estas líneas explican mi triple agradecimiento a mi revista: por haberme ayudado a formarme intelectualmente, por defenderme en momentos de desgracia y por abrirme sus puertas generosas a la reflexión y al pensamiento.