Hace una semana, el PAN tuvo una reunión, podríamos decir, desesperada: el futuro no es muy halagüeño que digamos luego de la paliza que recibieron de parte del PRI en varios estados. Entre los puntos que concluyeron estaban dos que más que dramáticos resultan ridículos. Uno: necesitamos estar cerca de la gente. Dos: no más fuego amigo. El primero fue dicho en una reunión donde estaban unos treinta dirigentes, encabezados por el presidente Felipe Calderón. Esto, más que un partido político, es una reunión de amigos, un encuentro de cofrades. En tal sentido, y viendo a los que allí se encontraban, fue una cita para dirimir diferencias y ver cómo y de dónde sale un candidato presidencial. Entre puros panistas de cepa, destacaba un ex priísta, Manuel Moreno Valle, quien gracias al apoyo del PRD ganó su estado, Puebla. El segundo punto pone al PAN como una copia del PRD, donde todo se soluciona a golpes y con intrigas de una tribu contra otra. ¿Dónde quedó el partido “modelo” con proyectos de cambio que creó Manuel Gómez Morín? Felipe Calderón, “el primer panista”, para hacer un símil con el antiguo lenguaje del PRI, presidió la reunión. Por unas horas dejó de ser el representante de todos los mexicanos para ser el líder incuestionable de su partido. ¿No es éste un vicio del PRI cuando tenía Los Pinos en sus manos? Hasta hoy el PAN ha sido un partido de férrea cúpula. Para colmo, no parece darse cuenta que ha sido un grave error ponerse en manos del Poder Ejecutivo, no importa qué tan panista sea. La parálisis que padecen los aspirantes presidenciales se debe al autoritarismo de Calderón, lo que no logra hacer en el país, controlarlo, lo hace con su partido que tanto quiso distanciarse del partido emanado de la Revolución Mexicana. “El que se mueve no sale en la foto”, precisó amenazante el viejo líder cetemista Fidel Velázquez a los aspirantes presidenciales. Y allí tenemos ahora a los panistas, quietos, inmóviles, todos menos Santiago Creel, el hombre que derrotara Felipe Calderón en un partido todavía independiente del Ejecutivo, de Fox. La historia se repite como una farsa: ahora el hijo desobediente es Creel, quien ya dejó el cargo de senador para concentrarse en la campaña. ¿Logrará la hazaña de ir a contracorriente y vencer al que salga del conclave manejado por Calderón? Pudiera ser, lo que resulta complicado de imaginar es que el PAN retenga por tercera vez Los Pinos. El PAN se desdibujó con Vicente Fox y con Felipe Calderón se hizo añicos al grado de que para vencer al PRI se alió con sus peores enemigos, los perredistas ya fatigados de insultarlo y negarle su calidad de presidente legítimo de México. El PAN tiene que hacerse un severo análisis autocrítico y dejar de lado esa idea de que ellos son los buenos, los salvadores de la patria y los demás son los malos del filme. Resulta no sólo increíble sino también aburrido. Por último, deben abandonar sus estatutos, son añejos, y salir a las calles como lo hacían antes de convertirse en los dueños de Los Pinos y aprender a moverse en un sistema creado por sus enemigos priístas de principio a fin. Completamente.

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