Jorge Carrillo Olea
La expresión que titula este texto tiene muchas interpretaciones. Pero en este caso varias de ellas son aplicables como se hace evidente en la destemplanza del doctor José Luis Soberanes, exhibida durante la entrevista que ofreció el 18 de julio al diario La Jornada. Ha sido un sin vergüenza por su falta de rubor al aplicar a favor de sus creencias sus criterios oficiales. Es sinvergüenza por las puñaladas presupuestales que se adjudicó. Es sinvergüenza porque se hace de la habilidad para engañar con maldad y para no dejarse engañar. Todo ello sin asumir los niveles de uso del lenguaje a los que está obligado todo servidor público de su nivel académico y trayectoria.
Licenciado en derecho por la UNAM y doctor en derecho por la Universidad de Valencia, España, Soberanes ha tenido una exitosa carrera como investigador de temas jurídicos y derechos humanos. De julio de 1990 a agosto de 1998 fue director del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM y es investigador permanente del mismo. Fue presidente de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos a partir del 16 de noviembre de 1999, cargo del cual en 2005 cumplió su primer periodo siendo elegido por un segundo periodo.
Obscurece su trayectoria con su falta de escrúpulo en el manejo de caudales, como se evidenció a su salida de la CNDH, donde los grandes salarios y prestaciones develadas fueron un escándalo. Ejemplo: el doctor se adjudicó 5 mil pesos diarios para su comida del medio día, días laborales o no, vacaciones incluidas.
Algo mucho menos trivial ha sido cómo sus extremas convicciones religiosas han desviado siempre el juicio de sus trabajos, donde ha perdido la ecuanimidad exigida por ellos. Se opuso con todas las fuerzas de la CNDH ante la Corte a la aprobación de las legislaciones que hacían posible el aborto.
El PRD lo ha criticado de hacer “el trabajo del PAN”, mientras que Soberanes mencionó que su postura es en defensa de la vida y por las irregularidades de la misma ley, eludiendo responsabilidad en el conflicto entre instituciones federales y las de la ciudad de México y por la implicación de conflictos religiosos.
En febrero de 2008, la organización no gubernamental internacional Human Rights Watch publicó un reporte donde critica el desempeño de la CNDH, entre ellos la ausencia de seguimiento de casos, la desinformación a las víctimas, el escaso uso de los tratados internacionales. Soberanes nunca promovió reformas legales para prevenir abusos a los derechos humanos, además de que es la CNDH la defensoría de derechos humanos que más recursos utiliza del mundo, la más costosa con mucho en este país de pobres.
Lo que Soberanes proyecta en su actitud es su prejuicio e ignorancia de cómo es el operar de las tropas. Por lo que me corresponde, me declaro absolutamente satisfecho por la sentencia de la Corte sobre el fuero militar. Fue simplemente un acto para corregir una postura excepcional en el universo del derecho sobre la materia. Eramos una isla y más de 50 tratados y convenios internacionales nos obligaban a corregir tal hecho.
Hay que reconocer también con gran énfasis que el tránsito será espinoso y lento. El gobierno de Calderón, una vez más, está acosado por los hechos. No se tomó ninguna acción preventiva para, como es ya común en muchos países europeos y latinoamericanos, “reeducar a sus tropas”, en este caso en materia de derechos humanos.
Las tropas, a diferencia de las diatribas de Soberanes, son nobles en esencia y lo tienen ampliamente demostrado, pero hoy están confundidas por falta de orientación. Se adosan a aquello que se les indica o demanda mediante adoctrinamiento u órdenes específicas, ni violentan nada motu proprio ni se protegen en lo genérico en impunidades.
Faltas, sí las hay, pero son las de sus mandos, que olvidaron que no todo es disparar un fusil, sino que la actualidad hace indispensable aprender a convivir con la sociedad en términos de respeto a sus derechos y paralelamente cumplir con el deber.
Largo y arduo camino está por andar para las tropas y los procedimientos judiciales, a ambos les afectarán los hechos y ello sin la resistencia de nadie. Es la naturaleza del cambio al que no se midieron consecuencias.
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