Azucena Olivares/Alcalde de Naucalpan
Naucalpan.- Con una impresionante hoja de servicios que rebasa las cuatro décadas de trabajo constante a favor de su partido, el PRI, Azucena Olivares Villagómez, alcalde de Naucalpan, representa a la perfección todo cuanto debe ser y hacer una mujer dedicada a la política: bragada, firme, constante, inteligente, servicial, trabajadora, pero sobre todo, respetuosa de sus principios y convicciones (personales, profesionales y políticos).
En apariencia, al observar el rostro de esta mujer oriunda de Jardines de San Mateo, una zona ejidal de Naucalpan, uno pensaría que se trata de una mujer a la que le cuesta trabajo sonreír.
Sin embargo, ya entrada en confianza, Azucena es capaz de desternillarse de la risa sin reparo alguno, cosa que se agradece, porque si algo le está haciendo falta a la política actual es eso: gente con buen humor.
Los inicios
—Azucena, ¿cómo fueron tus primeros pasos dentro de la política?
—Con una enorme curiosidad en el manejo de todas las cuestiones sociales.
—¿Recuerdas cómo vestían las jovencitas de tu época?
—¡Sí! Casi estamos regresando a lo mismo de antes, con las minifaldas y esos “costales” muy cortitos.
—En tus inicios dentro del partido, ¿te pagaban?
—¡Nada! Mi trabajo siempre fue honorario, por voluntad.
—¿Recuerdas alguna anécdota de aquella época que te haya marcado?
—Cuando visitábamos las colonias populares [de 1970 a 1972 fue asesora jurídica del Instituto de Acción Urbana e Integración Social del Estado de México] y te percatabas de la gran pobreza en la que vivía mucha gente. El hacinamiento, la falta de servicios como el drenaje, el agua, eso me impactó mucho.
—De niña, ¿a quién querías imitar?
—A mi padre [Daniel Olivares, quien durante más de 30 años sirvió en la Subsecretaría Forestal y de la Fauna], porque siempre me habló mucho de política, me decía que el PRI era un excelente partido y me transmitía su ideología.
—Durante tu infancia, ¿dónde te veías?
—Como legisladora y como presidenta de la república. Cuando estudias derecho, lo que quieres es ser una legisladora para hacer leyes, para interpretarlas, para aplicarlas; y después también quise ser jueza, también para aplicar la justicia.
Mi hit, la eficiencia
—¿Cuál ha sido tu hit como política?
—Mi eficiencia, siempre que me han encomendado una tarea la saco a como dé lugar.
—¿Tus juguetes favoritos de niña?
—Jugaba a la tiendita; los huevos eran piedritas; el café era tierrita; mi balanza eran los palitos de paleta; saltaba la reata, escuchaba en la radio la hora de Cri-Cri y una radionovela que se llamaba Disparo amargo.
—¿No tenías televisión?
—Al acabar mi primaria, mi papá compró una y con los hijos del dueño de la vecindad donde vivíamos, estudiaban en el Politécnico, veíamos los partidos de futbol americano.
—¿Y no veías el programa de Enrique Alonso?
—¡Claro! Cuando salíamos los domingos a pasear o a visitar a algún familiar, siempre teníamos que regresar a tiempo a la casa para ver el Teatro fantástico y después de eso nos íbamos a dormir con nuestro chocolatote.
—¿Cómo te conquistó tu esposo, el ex diputado y ex procurador mexiquense Guillermo González Martínez?
—Con su inteligencia, escuchándolo, cuando lo escuché hablar lo hizo tan bonito que me impresionó.
—¿Eres celosa?
—No mucho, lo normal.
—¿Y tu esposo?
—Guillermo sí es celoso.
—¿Dónde te ves al término de tu gestión como alcalde?
—Algunos comentan que pudiera irme a una senaduría, otros que igual a una secretaría de Estado. No sé. A lo mejor termino en mi casa.

