René Anaya

La explosión de un artefacto de fabricación casera en el Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey, campus Estado de México, al parecer puso al descubierto una organización que se opone a la investigación nanotecnológica porque, considera, atenta contra la naturaleza.

Al margen de la fuerza que tenga ese grupo, ya que las autoridades proporcionaron datos vagos sobre su existencia, lo que se puso de manifiesto fue la poca o nula información que se tiene sobre las actividades de los investigadores de la nanotecnología, y los usos que se le pueden dar a esos avances tecnológicos.

Una disciplina con poca historia

La nanotecnología surge teóricamente el 29 de diciembre de 1959, cuando el Premio Nobel de Física Richard Feynman señaló que “los principios de la física no se pronuncian en contra de la posibilidad de maniobrar las cosas átomo por átomo”. Pero en la práctica, se podría fechar su nacimiento en 1985, cuando Harold Kroto descubre la tercera forma más estable del carbono, los fulerenos (las otras son el diamante y el grafito), cuya estructura permite su manipulación átomo por átomo.

A partir de entonces, numerosos investigadores se han dedicado a la nanotecnología, es decir, al “estudio, diseño, creación, síntesis, manipulación y aplicación de materiales, aparatos y sistemas funcionales, a través del control de la materia a nanoescala, y la explotación de fenómenos y propiedades de la materia a nanoescala”, según la acepción más aceptada.

El término nano proviene del latín nanus: enano, lo define el diccionario como una mil millonésima parte de algo, aunque comúnmente se aplica a nombres de unidades de medida para designar el submúltiplo correspondiente. De ahí que un nanómetro es la mil millonésima parte de un metro.

Los virus miden entre 10 y 300 nanómetros; la mitad de la espiral del ADN (ácido desoxirribonucleico) corresponde a un nanómetro, en tanto que seis átomos de carbono miden un nanómetro. Por tanto, la nanotecnología se ocupa de partículas biológicas y físicas pequeñísimas, que se podrán manipular para crear nuevos materiales con aplicaciones en la agricultura, la medicina, las tecnologías de la información y la comunicación, la producción y ahorro de energía, la mejora del medio ambiente y muchas otras áreas de la actividad humana.

Esto que parece ficción ya se está convirtiendo en real. Actualmente ya hay más de tres mil productos creados por la nanotecnología, como catalizadores con nanopartículas de platino para hacer más eficiente el consumo de combustible en los vehículos automotores; materiales más livianos y resistentes; microchips electrónicos, en etapa experimental, que permitirán diseñar medicamentos contra el cáncer, así como realizar numerosos análisis con una sola gota de sangre; y muchos otros más, algunos de los cuales ya se está planeando utilizar en los próximos proyectos espaciales internacionales.

Los beneficios futuros

A partir de los actuales conocimientos, se ha señalado que la nanotecnología tendrá numerosas aplicaciones en beneficio de la humanidad. Se plantea que se podrán mejorar los sistemas de producción agrícola e industrial, lo que representará un ahorro considerable de agua; asimismo, se crearán nuevos y mejores procedimientos de purificación del agua, que a su vez contribuirá a disminuir las enfermedades infecciosas gastrointestinales.

La construcción de estructuras ligeras y fuertes, equipos eléctricos y aparatos para almacenar la energía permitirán el uso de energía termal solar. Asimismo, se abatirán los costos de la fabricación de computadoras y de otros aparatos de comunicación, lo que podrá contribuir a extender el uso de estas herramientas entre todos los sectores de la población.

Con la nanotecnología molecular se podrán sustituir muchas de las actuales fábricas contaminantes, pues se requerirá menor energía para la elaboración de numerosos productos. En el área médica, se podrán crear pequeños sensores que monitoreen el funcionamiento del organismo; se fabricarán marcapasos y otros equipos médicos de menor tamaño y mayor eficacia; se producirán moléculas de ARN (ácido ribonucleico) para tratar enfermedades específicas.

Por supuesto que no se trata de la anhelada panacea, ya que la nanotecnología tiene ciertas limitaciones, pero sí podrá contribuir a hacer nuestro mundo mucho más amable y equitativo, siempre que el uso de esta nueva disciplina se lleve a cabo con un compromiso ético y social de los encargados de elaborar los programas de gobierno de las naciones.

Y tal vez allí se encuentre uno de los principales problemas de nuestro país: en tanto los políticos no reconozcan el valor social de la ciencia y la tecnología, ni ponderen adecuadamente las repercusiones socioeconómicas políticas y culturales de los avances científicos y tecnológicos, no podrán ser capaces de elaborar políticas de Estado con un sentido social, ni podrán contribuir a mejorar el conocimiento de la población sobre los alcances de la ciencia y la tecnología.

reneanayas@yahoo.com.mx