El pasado domingo, convocados por Marcelo Ebrard y sus leales en el PRD, se reunieron un grupo de personas y personajes para brindarle su apoyo. Sin embargo, por el tono de algunos de sus dirigentes, más que de apoyar a Marcelo, era una declaración de guerra a Andrés Manuel López Obrador. Se notaba particularmente en las palabras de Jesús Ortega, quien abiertamente criticó al grupo llamado Morena, donde está cocinada la candidatura de López Obrador a la presidencia de la república.
Este acto marcó una profunda división entre Ebrard y Obrador. Al fin aparecieron uñas y colmillos. No más hipocresía, ambos van con todo por la candidatura de “las izquierdas”.
De nada sirvió tanta palabrería acerca de la unidad, de solidaridad y hasta de un combate amistoso y terso. La realidad ya la esperábamos y es violenta. No habrá debates, cada quien irá con lo que consiguió y listo. Pese a las opiniones favorables a Marcelo, sigo creyendo que contará más el trabajo del tabasqueño por toda la República y el apoyo dócil del PT y Convergencia. Habilidoso, Andrés Manuel vio venir el conflicto y dejó al PRD convertido por él mismo en cascarón. Ya lejos de la corrupción y la demagogia del actual Gobierno del Distrito Federal, creó un movimiento parecido a los amigos de Fox, y ha tratado de echarse al bolsillo a los que antes desdeñó: a los poderosos, al afirmar que no está en contra de los ricos sino a favor de los pobres. Bueno.
Ahora López Obrador siente lo que padeció Cuauhtémoc Cárdenas cuando el primero cometió el parricidio y le sacó los ojos al ingeniero poniéndole una corona de laureles: “líder moral del PRD”, mientras que los inmorales se repartían el botín. Pero la verdad es que existen tantos corruptos en dicho organismo que hay para todos. En apariencia, la mayoría de los perredistas se están yendo a apoyar a Ebrard; tiene, eso dicen, un proyecto de “izquierda” moderna (sí, que se llama privatizaciones) y viste mejor que López Obrador.
Dudo mucho que se logre la unión de “las izquierdas”, hay demasiados intereses económicos, materiales y ninguna razón ideológica.
El PRD o mejor dicho, una fracción, quizá mayoritaria, apoyará a Marcelo y otra se unirá a las huestes que comanda, ya a distancia, López Obrador, a través de René Bejarano y Dolores Padierna. El capital reunido por Cárdenas se echó a perder por completo.
Una vez más las supuestas fuerzas progresistas, constituidas por ex priistas y comunistas renegados, se dividen. La derecha y el PRI aprovecharán esta situación para dar la lucha por la presidencia. No aparece, como están las cosas en este momento, más que dos fuerzas consistentes: PRI y PAN.
Honestamente la reunión convocada por Marcelo y compañía no tuvo el impacto que esperaba, ni mediático ni de personas. De los muchos invitados de corona lustrosa, pocos fueron al destape. Lo curioso es que todavía hace unos días, Ebrard invitaba a sus posibles sucesores en el Gobierno del Distrito Federal a renunciar al cargo para hacer campaña abierta, cosa que en efecto están haciendo quienes esperan quedarse con la joya de la corona: el Distrito Federal.
Pero el caso es que el propio Ebrard está en campaña desde hace tiempo y no ha renunciado porque ello significa perder los recursos y posibilidades que la ciudad permite, una ciudad en manos de delegados turbios y ladrones. El dirá, con ese cinismo que lo ha hecho notable: estoy en campaña fuera de horas laborales. Ya ven, la reunión para el destape fue en domingo.
Si antes veíamos un solo aspirante presidencial en el PRD, hoy tenemos dos. Es evidente que estamos ante un partido distinto del que fundó Cárdenas. Los que no se fueron, ya lo harán una vez que tanto López Obrador como Marcelo sean derrotados y quede un auténtico cascarón. Por eso alguna vez me atrevía a señalar que era tiempo de buscar nuevamente en Cárdenas una tercera opción, una que evitara la total quiebra del partido alguna vez esperanzador.
www.reneavilesfabila.com.mx, www.recordanzas.blogspot.com

