Algunas permanecerán en tanto que otras desaparecerán

René Anaya

No es nada nueva la preocupación y resistencia que se experimenta hacia los avances científicos y tecnológicos cuando llegan a nuestra vida diaria. En la antigüedad, los constructores de caminos para las cuadrigas romanas se enfrentaron a la oposición de quienes creían que el trazado de nuevas vías representaba un atentado a la naturaleza.

En el siglo XIX, las locomotoras que corrían a la increíble velocidad de 40 kilómetros por hora, se decía que introducirían cambios enormes en nuestro organismo. En este siglo, los avances de la tecnología informática han provocado que algunos expertos y muchos legos alerten sobre los males que podrán traer consigo.

Los cambios, una constante de la vida

Lo que sí es cierto es que toda modificación del estilo de vida humana ha traído aparejados cambios físicos y mentales. El paso de la vida nómada a la sedentaria implicó una serie de modificaciones en los hábitos diarios de búsqueda de sustento; así como aumentó el tiempo libre, que se pudo emplear para la reflexión y la creatividad. En épocas más recientes, el uso del foco incandescente alargó el tiempo de actividad, introdujo los turnos nocturnos y permitió disfrutar los viernes por la noche de otra manera.

En el último tramo del siglo pasado, la popularización de las calculadoras portátiles representó un gran apoyo para muchísimas personas pero también un grave obstáculo para que los niños aprendieran las tablas de multiplicar, ya que consideraban que con las calculadoras todo se podría resolver. Por supuesto que finalmente se comprendió que saber multiplicar forma parte del conocimiento elemental que debe tener un individuo.

Actualmente, el uso extendido de los teléfonos celulares ha hecho desaparecer o disminuir las libretas de agendas telefónicas. Lo peor es que cada vez son menos las personas que tienen memorizados más de cinco números telefónicos, ya que confían en la memoria… pero de su teléfono celular.

Además, los teléfonos celulares con conexión a internet ─cada vez más populares─ han extendido el uso de buscadores para encontrar cualquier información, lo que disminuye el esfuerzo de procesar información y aprender o, dicho en términos coloquiales: “evita la fatiga de aprender”.

“A veces los niños ─y los que no lo son tanto─ están tan acostumbrados a encontrar todo en internet, que a la hora de expresar un conflicto no saben hacerlo”, ha señalado la psicóloga clínica Beatriz Azagra, de la Universidad Complutense de Madrid.

La propia investigadora ha reconocido que “las nuevas tecnologías pueden ayudar a conseguir objetivos, y son un buen soporte en el proceso de aprendizaje”, aunque ha advertido que “a veces hay tantos estímulos que el niño se pierde”, y no sólo los niños sino también los jóvenes y los adultos que no han aprendido a discriminar la información, a distinguir las fuentes confiables y fidedignas de las que no lo son.

Una herramienta por aprovechar

Así como en su tiempo ─hace más de 500 años─ la imprenta modificó la manera de leer, de hacerlo en voz alta para grupos de personas, a hacerlo para uno mismo con la reflexión y el análisis; de la misma manera se deberá aprender a utilizar adecuadamente las nuevas herramientas tecnológicas para obtener el máximo provecho.

Por lo pronto, se puede aventurar que el uso de los buscadores ha introducido una modificación en la memoria. Se conoce que hay dos tipos de memoria, una llamada del trabajo o de corto plazo y la otra de largo plazo. La del trabajo se usa para obtener datos con los que se razona y obtienen conclusiones; se recuerda dónde están algunos objetos; se organizan funciones; y se llevan a cabo varias tareas a la vez. En tanto que la memoria de largo plazo sirve para almacenar conceptos por si en un futuro son necesarios.

Tanto las nuevas tecnologías como la multiplicación del conocimiento que se ha tenido en las últimas décadas, han propiciado que se almacene menos información en la memoria de largo plazo. Hace unos 30 años se consideraba, al inicio de la sociedad del conocimiento, que lo importante no era saber todo de todo, sino saber dónde se podía encontrar el dato o el concepto que se buscaba. Inclusive, se recomendaba que en las escuelas se enseñaran los conceptos básicos de cada materia y se impulsaran las tareas de investigación.

Actualmente, los cambios tecnológicos han introducido grandes modificaciones en nuestra vida cotidiana, algunos permanecerán y otros desaparecerán (como la moda de enviar mensajes por celular o conectarse continuamente a Facebook o Twitter). Lo importante será aprovechar íntegramente los beneficios que proporcionan las nuevas tecnologías, sin satanizarlas.

reneanayas@yahoo.com.mx