Patricia Gutiérrez-Otero y Javier Sicilia
Un Movimiento ciudadano que incluye a indígenas, mestizos, mormones, “criollos”, grupos urbanos; que reúne a estudiantes, clase trabajadora, campesinos, artistas, intelectuales; que no posee fondos y depende de las aportaciones de la ciudadanía nacional y mundial así como de la generosidad, tiempo y esfuerzo de sus miembros activos que aunque andan en el Movimiento siguen con su trabajo para lograr la subsistencia de sus familias.
Un Movimiento que no se alberga en hoteles ni en hostales ni en campings: duermen, enfundados en cobijas o sleepings, soportando los ruidos del lugar o gozando sus silencios, en los espacios que los pueblos o las ciudades les destinan: patios de escuelas, plazas, gimnasios… Sufriendo fríos, calores, ronquidos, hacinamiento… A veces sin un lugar donde tomar una ducha o lavarse. Llevando cada quien su provisión de bebida y alimento, pero recibiendo con gratitud lo que la gente les ofrece: agua, frutas, tamales, frijoles.
Un Movimiento que se adhiere a una visión y una práctica: la no-violencia gandhiana. Es fructífero leer Mis prácticas con la verdad, libro de Gandhi donde narra cómo en su experiencia vital y en la de su entorno, en unión consigo mismo, fue escuchando la voz de la conciencia. Primero, dialogar —porque somos seres humanos— con el adversario; dos, si no se llega a nada, llevar a cabo actos de desobediencia civil y someterse al castigo de la ley injusta si es necesario.
La no-violencia no es un pacifismo, es una actividad que combate al adversario cargando sobre uno mismo el sufrimiento causado por el otro con tal de lograr que éste rompa sus esquemas y regrese a su humanidad.
Los Movimientos ciudadanos no nacen perfectos y, si se someten a la crítica y a la autocrítica, nunca lo serán. La perfección no les corresponde, pero sí la información, la reflexión, la acción, la unión. Y, luego, someterse al mismo círculo de verdad.
Cada no-violento actúa según su temperamento, no hay reglas que regulen los comportamientos emotivos. Hay un fin, el que señala el maestro Adolfo Sánchez Vázquez sobre lo que es la izquierda, según Rosaura Ruiz y Bruno Velásquez de la Facultad de Ciencias, UNAM: “Sánchez Vázquez nos dice que ser de izquierda es estar por un modelo de desarrollo que responda a los intereses y necesidades de las mayorías, y, por ende, ir en contra de un sistema que favorezca al egoísmo de una minoría y a los intereses ajenos (ya sean gobiernos extranjeros o de transnacionales). Es oponerse a las relaciones desiguales y de dependencia entre las naciones y repudiar las prácticas hegemónicas y neocolonialistas de las potencias; estar por un desarrollo sustentable que no amenace la vida humana y planetaria, y por tanto, defender las reivindicaciones ecológicas. También, nos dice, ser de izquierda es combatir toda forma de discriminación, asumir y luchar por los derechos de todas las personas sin importar su género, raza, etnia, condición, creencias, orientación sexual o nacionalidad, pues la más mínima manifestación discriminatoria “deshonra al individuo, grupo social o poder que lo tolera o promueve”.
En ese sentido, y en otros, somos de izquierda y no queremos el sistema neoliberal, causa de tantos males.
movimientoporlapaz.mx
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