El domingo pasado tuvimos la oportunidad de ver a los precandidatos panistas en acción y sentir de cerca quiénes son y lo que de ellos podemos esperar.

Las damas primero y con ello el turno inicial es de Josefina. A ella le gustó el alambicado y viejo teatro Metropolitan lleno de cortinas gruesas y adornos de yeso pintado de oro. La fila que formaron los que tenían boleto era tan larga como la de los que carecían del preciado papel. Sus fans. Ya adentro, todo era algarabío. Todos sabían que su llamado informe de actividades en el Congreso no era otra cosa que el pretexto para su destape. Y así fue.

Primero tres o cuatro jilgueros hablaron muy bien de ella, dijeron que era valiosísima y  experta en la burocracia: ex secretaria de Desarrollo Social y ex secretaria de Educación Pública. ¿Quieren algo más? Ella, la misma Josefina, se encargó de decirlo: quiere mucho a México y para demostrarlo quiere ser la primera presidenta del país. ¡Bravo!

El actual secretario de Hacienda, el joven que dicen sus amigos es capacísimo, fue recibido por miles y miles en Guanajuato. El gobernador de allá, lo llenó de elogios y lo vistió de luces. Las banderas azules se agitaban y las hicieron vibrar cuando al precandidato panista le acercaron un micrófono de mano. El secretario se retorció de gusto y se lanzó en contra de sus posibles rivales del PRI y del PRD. Les dijo de todo, hasta de lo que se van a enfermar y para que se viera el alcance de su sólida filosofía, soltó una frase para el bronce: “chango viejo no hace nuevas machincuepas”. El aplauso fue atronador pues es clara la hondura de su pensamiento y lejana su visión política como estadista del futuro.

Mientras tanto, don Santiago, quien fuera el secretario de Gobernación de Vicente Fox y quien regalara aquí y allá los permisos para el establecimiento de casinos y juegos de azar, fue a visitar el rancho a su antiguo patrón. Bajo su sombra protectora les dijo a sus compas panistas que se supieran libres y que no validaran la cargada (claro de Cordero).

Arremetió también contra los partidos políticos en los que no participa y lanzó su bandera de honestidad y de principios en los que sustenta la ambición de llegar a ser presidente como lo fue el grandote que lo veía con ojos complacientes.

De sus objetivos, programas, planes, cero. Lo relevante era decir que él está listo aunque otros no quieran y para demostrarlo, hay que recordar que renunció hace poco a la dieta senatorial y pidió licencia para no ir al Senado. Santo varón.

Los tres precandidatos nos regalaron un domingo espléndido; lleno de colorido, quejas y proclamas. ¿Es todo lo que nos ofrecen o hay más?

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