Entrevista a Silvia Gómez Tagle/Investigadora de El Colegio de México
Moisés Castillo
Desde hace varias semanas, el jefe de Gobierno del Distrito Federal, Marcelo Ebrard, busca una sana distancia con Andrés Manuel López Obrador y no puede. O quizá no quiere.
El pasado 31 de julio, reunió a más de 2 mil personas en el World Trade Center para presentar el movimiento Demócratas de Izquierda y conseguir la candidatura presidencial, donde evitó confrontarse con el político tabasqueño. Advirtió que no se trataba de un destape ni de un “movimiento contra nadie”.
Hechos y dichos
“Siempre he dicho —aseguró— que voy a participar en las elecciones del candidato de la izquierda. No se trata de otra facción porque entonces no estaríamos todos los que estamos. No se trata de un movimiento contra nadie. De lo que se trata el día de hoy es una reunión de quienes tenemos un compromiso, de quienes estamos indignados con la realidad del país”.
Por su parte, López Obrador ha reiterado que Ebrard es su amigo y que nadie los va a dividir. Varios analistas calificaron este acto político como “tibio”, “light” “precipitado”. Lo que es cierto es que se avecina una confrontación inevitable entre estas dos figuras de la izquierda partidista.
“Hoy soy militante del PRD y de las ideas de izquierda, salir a estas alturas con que no soy de izquierda es un poquito tardío, ¿no? Llevamos como 15 años con ese alegato”, ha reiterado Ebrard a sus detractores que le recuerdan su cercanía con Carlos Salinas de Gortari.
Ebrard y López Obrador: dos personajes de la izquierda con pasado priísta, dos estilos de hacer política y sólo uno será candidato presidencial en 2012…
Es buen gobernante
Para Silvia Gómez Tagle, investigadora del Centro de Estudios Sociológicos de El Colegio de México, Marcelo Ebrard es un gobernante que carece de las aptitudes de un liderazgo social que ha desarrollado Andrés Manuel López Obrador en los últimos años.
Le parece que Ebrard ha gobernado “decentemente” la ciudad de México, sin embargo, no cuenta con la popularidad que tiene López Obrador dentro y fuera del PRD o de otros partidos de izquierda.
“Marcelo —asegura— no es un líder social, es un buen gobernante. Ha hecho un papel decente para una ciudad tan compleja y en condiciones adversas, rodeado de problemas tremendos del Estado de México, problemas con el gobierno federal porque el Distrito Federal no es un estado de pleno derecho”.
¿Cuál es la principal diferencia entre Marcelo Ebrard y Andrés Manuel López Obrador?
Ebrard es un gobernante que en los cinco años que lleva en el Gobierno del Distrito Federal ha evitado las confrontaciones, es el rasgo más claro que los diferencia. Es un gobernante que carece de las aptitudes de un liderazgo social como el que ha desarrollado López Obrador, pero que está abierto al diálogo.
Es un político que ha tratado de darle continuidad y mayor amplitud a programas sociales que empezaron en el gobierno de Cuauhtémoc Cárdenas y que fueron claramente definidos por López Obrador.
¿Y en el plano ideológico? Dicen que Ebrard es socialdemócrata y López Obrador populista.
Uno podría distinguir efectivamente de López Obrador sus rasgos populistas, entendiendo el populismo como una forma de hacer política muy personalizada. El liderazgo tiene mucho peso y busca la confrontación con ciertos sectores sociales frente a un intento de acercamiento con grandes sectores populares sin intermediarios políticos. Ebrard es más conciliador y menos agresivo en su discurso político.
Creo que el modelo de López Obrador era menos extremoso en 2002 y, sin embargo, se fue agudizando y cada vez se ha ido a un modelo más de enfrentamiento. No se sale del PRD pero tampoco busca un medio institucional de entendimiento con su partido.
Muchos eran priístas
A Ebrard se le regatea su postura de izquierda, se le reprocha su pasado priísta y su relación con Salinas de Gortari.
No sé si haya distanciado o no con Salinas, tampoco creo que tenga mayor importancia. De hecho casi todos los dirigentes que han estado a la cabeza del PRD han sido priístas, como Cuauhtémoc Cárdenas, López Obrador, Porfirio Muñoz Ledo. Ebrard viene del PRI y es muy cercano a Manuel Camacho y creo que fue un sector del PRI que sí cortó sus vínculos desde los 90. Camacho y Ebrard se desmarcaron e intentaron hacer un partido nuevo el Centro Democrático antes del 2000, que no fue exitoso. Ellos no parecen ser líderes de mucha popularidad, con lo cual no quiere decir que no sean buenos gobernantes, pero dirigentes sociales no lo son.
¿Cómo debemos leer este espaldarazo de Carlos Fuentes a las aspiraciones presidenciales de Ebrard?
Desde luego que contar con este tipo de respaldos de la intelectualidad beneficia a su candidatura, es desmarcarse de López Obrador. Por ejemplo, hace poco lo vimos en Perú con el triunfo de Ollanta Humala en la segunda vuelta de la elección presidencial. Ganó gracias a que entre la primera vuelta y la segunda, en vez de radicalizar su discurso y de polarizar la contienda, Ollanta se dedicó a convocar a intelectuales como Mario Vargas Llosa, a sectores de empresarios chinos, brasileños, para tener acuerdos y saber qué hacer después. Creo que el apoyo de Vargas Llosa y su grupo fue importante en el triunfo final de Humala.
La pregunta de los 64 mil
¿Llegará la izquierda dividida en 2012?
¡Esa es la pregunta de los 64 mil! Sería deseable que hubiera un proyecto de una izquierda muy light. Nadie pretende que esta izquierda que pudiera surgir de una alianza electoral para el 2012 sea una izquierda que realmente transforme a fondo las relaciones político-económicas del país, por la simple razón de que no hay condiciones para hacerlo. Ningún gobierno elegido por la vía electoral puede hacer transformaciones extraordinarias si no tiene una aplastante mayoría. Si Hugo Chávez pudo hacerlo es que contó con recursos muy amplios de popularidad, respaldo del ejército y recursos económicos de la renta petrolera.
Ninguna de esas tres condiciones podemos esperar que las tenga algún candidato triunfador de la izquierda mexicana. Se tendría que necesariamente negociar con los otros partidos, la iniciativa privada, Estados Unidos y con sectores corporativos como el magisterio, para poder dar gobernabilidad al país.
