Patricia Galeana*

Si hay un conocimiento indispensable para el ser humano, es el de su devenir en el tiempo y el espacio. El estudio del quehacer humano, nos ubica en el momento que nos ha tocado vivir. El conocimiento de la historia nos permite comprender nuestro tiempo y actuar en él.

Por todo ello, es lamentable que los gobiernos panistas hayan reducido el tiempo de la enseñanza de la Historia en los programas de educación, en particular de secundaria. En el último decenio ha prevalecido la tendencia de reducir la enseñanza de las ciencias sociales y las humanidades. Con una visión tecnocrática, se ha considerado que sólo se los debe enseñar a los jóvenes aquellas materias “útiles” para ganar dinero, y han sido eliminadas las que despiertan su conciencia. La educación se ha encaminado a formar técnicos que actúen, no personas que reflexionen. Con esta idea se les ha privado de materias fundamentales para su integración a la comunidad que pertenecen, como la historia.

El resultado de ésta política educativa, es que hoy los alumnos de preparatoria reprueban Historia igual que Matemáticas. O sea que la reducción de materias humanistas no ha redundado en que los alumnos mejoren el aprovechamiento del menor número de materias que estudian. Los pésimos resultados del sistema educativo saltan a la vista, México ocupa el penúltimo lugar de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).[1] En América Latina, países con menor producto interno bruto que el nuestro, obtienen mejores resultados que nosotros. Además de los indicadores nacionales e internacionales, podemos constatar el fracaso de nuestro programa educativo en el hecho concreto de que se lea medio libro al año, mientras en otros países se leen de 12 a 14 libros anuales.

Miembros de la academia y de instituciones como la Sociedad Mexicana de Geografía e Historia se opusieron en su momento, sin éxito, al recorte en la enseñanza de la Historia. En la primera reunión nacional de legislaturas de todos los estados en el Senado de la República, con motivo del Bicentenario de la Independencia y del Centenario de la Revolución, se suscribió por unanimidad un punto de acuerdo para exhortar a la Secretaria de Educación Pública a restablecer la enseñanza de la Historia en primero de secundaria.

En el documento correspondiente, se hizo ver la necesidad de que en un país pluriétnico y pluricultural los jóvenes estudien y valoren  las culturas originarias, que eran estudiadas en el programa anterior de Historia en primero de secundaria. Se destacó, además, la importancia que tiene para el adolescente, en el paso de la primaria a la secundaria, estudiar  una materia que lo situé en el momento histórico que vive.

La Secretaria de Educación Josefina Vázquez Mota recibió el documento,  pero se fue,sin hacer nada. También se le entregó al actual Secretario  Alonso Lujambio, y un director general de su administración respondió que ya llevaban historia de los pueblos originarios en primaria y que se abordaba también en segundo de secundaria. Veamos en qué forma se estudia tan importante tema.

Desde el sexenio pasado se llevó al cabo una reforma de  los sistemas educativos. Primero se hizo la Reforma Integral de la Educación Básica (RIEB)[2], aquí empezó la reducción de la enseñanza de la historia,  recortaron la Conquista y la Colonia. No hay articulación entre la historia de México y la historia del resto del mundo, los educandos “desconocen el complejo y doloroso origen de nuestra nación”.[3] Los estudiantes de primaria no salen con una visión completa, básica de la historia, cómo debería ser, entre otras razones porque no todos los niños cursan secundaria.[4]

Posteriormente, se realizó la “Reforma Integral de la Educación Secundaria” (RIES)[5], que ha sido calificada por los expertos en el tema como incongruente y contradictoria[6], ya que sus contenidos contradicen los objetivos de disminuir la fragmentación y sobrecarga de información. El programa en cuestión incluye 226 subtemas que se deben dar cada uno en 39 minutos. Uno de los subtemas para el segundo de secundaria lleva por título: “Las civilizaciones prehispánicas y el orden colonial”. Sí se divide el tiempo programado para cada subtema entre ambos rubros, tocan menos de 20 minutos a todas las culturas mesoamericanas y otros tantos a los 300 años de Colonia. Esta es la importancia que se le da a la historia y a las civilizaciones originarias de México.

En el mapa curricular de Historia para la educación media se concibe a la materia cómo “un conocimiento crítico, inacabado e integral de la sociedad en sus múltiples dimensiones política, económica, social y cultural”. En la práctica, sólo es crítica de lo que consideran la historia oficial del viejo régimen priista. El alumno recibe ahora una visión conservadora en lo social y neoliberal en lo económico. Los jóvenes no conocen, y por lo tanto no pueden valorar la cultura de los antiguos mexicanos, ni los aportes de estos pueblos al patrimonio cultural de la humanidad. En consecuencia tampoco comprenden a las sociedades indígenas actuales, ni pueden reconocerse como parte de una nación multicultural. Así, las nuevas generaciones tampoco pueden tener aprecio por su país, de matriz indígena, y no valoran la riqueza de su pluralidad.

El conocimiento de la historia no solo da la noción del tiempo, la relación presente pasado, sino tiene una función social esencial para desarrollar el sentimiento de pertenencia a una comunidad, para comprender sus problemas y actuar en pro de su solución. La historia es un conocimiento vital que permite al estudiante reconocerse como parte de su comunidad, le da el anclaje que le permite pensar globalmente y actuar localmente, y tener conciencia de lo que somos, hemos sido y podemos ser en lo individual y lo colectivo como nación.



* Historiadora. Facultad de Filosofía y Letras.

[1] http://www.oecdbetterlifeindex.org

[2]2004.

[3]Hugo Casanova, “Quita la SEP estudio de Conquista y la Colonia de los libros gratuitos”, en Universia, 31 agosto 2009,  p. 2.

[4]Olac Fuentes Molinar, Ibíd., p. 1.

[5]2005-2006.

[6]Véase La RIES: reestructuración superficial y sin sentido del currículo de la educación secundaria en Educación y Cambio, A. C.

http://ries.dgme.sep.gob.mx/