Símbolo de corrupción
Al menos reconoce Elba Esther Gordillo su mala fama y los perjuicios que pueda causar a algún candidato al cual brinde apoyo con su partido —el Panal— y el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE). Insaciable, sigue aferrada a ambos organismos y a las prebendas del régimen calderonista.
La imagen de corrupción de Gordillo le viene de decenios, y se le magnificó con sus pactos con Vicente Fox y Felipe Calderón, quienes le cedieron, entre otras dependencias, la Lotería Nacional, que usufructúa como de su propiedad.
En ningún otro país son obsequiadas oficinas gubernamentales a sindicatos, por muy poderosos que éstos sean. Jamás, durante el priísmo, sucedieron hechos corruptos de esa magnitud.
Peor aún: si el presidente Felipe Calderón ha reconocido los obsequios a Gordillo, con la aventurada explicación de que ya estaban pactados con el gobierno de Vicente Fox, ¿por qué es sostenida esa situación de bandidajes y degradación en dependencias oficiales?
Según explicó Gordillo, en su entrevista con el periódico El País, su recorrido en la política “ha sido doloroso”, en un país como México, de machistas. No se ha de sentir tan adolorida con su manejo mensual de 10 millones de dólares, producto de cuotas del SNTE.
Tampoco han de doler a la “maestra” las millonarias entregas de la Lotería Nacional, del ISSSTE y de la Subsecretaría de Educación Básica, donde tiene colocado a su yerno Fernando González Sánchez. Menos causan dolor los manejos de su hija, Mónica Arriola Gordillo, ahora al frente del Panal, donde recibe las partidas del IFE para campañas políticas.
“Fui la única, la única que resistió, y lo hice en la soledad”, afirmó Gordillo al periódico español. Entonces es tiempo de recordar cómo llegó al SNTE, asunto del cual tuve la primicia informativa.
En abril de 1989 me invitó a un desayuno el entonces secretario de Educación Pública, Manuel Bartlett, en su oficina de esa dependencia. Al primer sorbo de café soltó: “Te tengo una exclusiva, hoy en la tarde le diré a Carlos Jongitud Barrios que dejará de ser líder del SNTE.”
Quise averiguar: ¿Hizo algo malo? Y Bartlett, en su estilo directo, contestó: “No tengo idea qué sucedió, pero es orden del presidente —Salinas de Gortari— y se tendrá que ir”. Intenté saber cómo haría el planteamiento al poderoso líder de Vanguardia Revolucionaria y el titular de la SEP afirmó: “Sencillo, sólo le diré eso, que debe dejar el SNTE”.
¿Si no lo hace correrá la misma suerte del recién detenido, Joaquín Hernández Galicia La Quina? —pregunté—, “Posiblemente”, repuso Manuel Bartlett.
¿Y quién llega en su lugar? Era la pregunta obligada. Sonrió, quien días antes había sido secretario de Gobernación. Dijo: “Tu amiga ¡Elba Esther Gordillo!, según entiendo la propuso Manuel Camacho Solís”, (era jefe del Departamento del Distrito Federal). Yo platiqué un par de veces con Gordillo, pero no somos amigos.
Así arribó Gordillo al SNTE, en el cual maniobró para ser líder vitalicio, convirtiéndose en el principal referente de corrupción de todos los tiempos. Afirma que no es cínica, pero lo demuestra al afirmar que “¡mi causa es México!”.
Ni se da por enterada que en los más de 20 años que lleva al frente del sindicato, la educación fundamental de México atraviesa por la era más negra de nuestra historia.
Sus residencias en México y en San Diego, California, la fastuosidad de su vestuario, los costos millonarios de sus alhajas y los manejos electorales como el hecho a favor del PAN y en contra de López Obrador, reflejan una parte de lo que es como persona y “maestra”.
Ni reconociendo sus pactos con Gordillo, el presidente Calderón remedia esa situación, insolente, ofensiva, para el pueblo de México. Es claro que le debe los votos mediante los cuales ganó en el 2006 cn la diferencia miserable de 0.56%.

