Está por concluir el segundo sexenio de un gobierno distinto al que mantuvo el poder por más de setenta años, son muchas las familias que comienzan a estabilizarse y aunque los jóvenes de hoy poco saben de las devaluaciones, las grandes quiebras y bancarrotas que convirtieron ahorros de años y patrimonios en ruinas y frustración, aún seguimos arrastrando las consecuencias de los abusos y asaltos al erario.
La demanda priísta por reformar la Ley de Coordinación Fiscal tiene dos objetivos claros y para no desperdiciar flechas quieren en un solo tiro dar en dos blancos; el problema es que quienes se sienten los grandes estrategas del poder usan nuestra cabeza como base de la manzana y por experiencia sabemos que no suelen quedarse con el fruto sin evitar dejar al menos un araño.
El argumento casi heroico en que Humberto Moreira aparece como un Robin Hood moderno que pretende defender a los estados y reclamar en su nombre lo que por derecho les pertenece no logra enmascarar su verdadero objetivo, cubrir la opacidad en el manejo de recursos públicos y rescatar a los sucesores que ven prácticamente imposible hacer frente al despilfarro de los gobernadores que los antecedieron.
El actual dirigente priísta sabe a lo que se enfrentan sus compañeros de partido, pues él mismo, cuando fue gobernador de Coahuila, multiplicó la deuda del estado que pasó de 323 millones a 31 mil 934 millones de pesos.
Comprometer las finanzas del país, endeudar a las comunidades, a los estados bajo el pretexto de una mayor eficiencia y equidad en el gasto es sólo un discurso que poco tiene que ver con el federalismo renovado que ha surgido en los corazones de quienes siempre le apostaron al centralismo y autoritarismo.
Los mexicanos no pueden seguir pagando facturas ni fungir como albaceas sujetos a embargo por la ineficiencia de gobiernos irresponsables ni por el mal manejo de los recursos públicos.
La dirigencia del PRI debe mostrarse más responsable y no arriesgar el futuro del país por un interés electoral o para cubrir sus errores. Las leyes, sus reformas, no deben estar sujetas a los humores, deseos o intereses de partidos ni de grupos. Estabilizar la economía y exigir transparencia no es castigar las finanzas locales, es responsabilidad de un gobierno que piensa a futuro, que le apuesta a la inversión y al ahorro más que al gasto, que no acostumbra tapar un hoyo para abrir un abismo. Fortalecer las finanzas en todas las entidades y a nivel federal no puede limitarse a ser una medida emergente, es una práctica obligada, junto con la rendición de cuentas y la transparencia.
Presidente del PAN en el DF
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