Con una visión empresarial, el plan curricular de la educación media y media superior ha ido relegando a las humanidades. Según la perspectiva neoliberal, se tienen que desarrollar exclusivamente las “habilidades” –así las llaman- de los futuros trabajadores y la visión del mundo que aporta la Filosofía, la identidad nacional en que trabaja la Historia y la Literatura que cultiva la imaginación, no representan interés porque no se traducen en dinero constante y sonante. Las voces de protesta  provenientes de la Academia se han tardado en hacer audibles, pero la semana pasada, un desplegado convocado por el Dr. en Filosofía Gabriel Vargas Lozano, firmado por los más ilustres intelectuales del país (eméritos de las universidades y premios nacionales) dieron por fin la voz de alarma. A este tema crucial para el país, se dedican dos notas de nuestro suplemento La cultura hoy, mañana y siempre, uno se refiere a la Historia y lo avala la firma de la Dra. Patricia Galeana, ex directora del Archivo General de la Nación y fundadora del Museo de la Mujer. El otro habla de la literatura y cómo este arte, hace apenas unas décadas, formaba parte de la vida escolar e incluso de la vida cotidiana de los mexicanos.

Nuestro colaborador Edgar Díaz resume lo que ha pasado con el escándalo de la Estela de Luz y su punto de vista, no sólo se indigna ante el fenómeno de la corrupción, sino concluye –con Breton y Dalí- que México es un país surrealista y a ratos hasta disparatado.

Claudio R. Delgado es el más fiel de los que fueron colaboradores de Rafael Solana. Con motivo de los 95 años del natalicio del dramaturgo, narrador, periodista y colaborador hasta su muerte de la revista Siempre, Claudio lo evoca en su aspecto de animador de las revistas Taller y Taller Poético, y de paso se refiere a las anteriores revistas literarias en México y su papel fundamental para la literatura. Además, recupera tres poemas inéditos de José Emilio Pacheco en homenaje a Solana y en los cuales, el Premio Cervantes nombra tanto a Claudio como a Pável Granados, pues uno fue el organizador y otro el lector de los poemas de José Emilio en el homenaje que hace unos años se hizo en la Sala Ponce del Palacio de Bellas Artes.