Ricardo Muñoz Munguía

En Las entrañas del viento, poemario de Lina Zerón, se ilumina un escenario donde el monólogo camina sobre las brasas de la memoria y con ello se nutren versos que nos obligan a acercarnos al espejo donde el tiempo hace del reflejo un camino de niebla.

Poeta, narradora, traductora y promotora y periodista cultural Lina Zerón cuenta con la autoría de cerca de veinte libros de poesía, tres novelas y un volumen de cuentos. Una mujer muy cercana al ejercicio de la creación pero por igual comprometida pues imparte talleres de poesía y cuento a niños de la zona mixteca oaxaqueña desde hace una década.

El libro que hoy nos ocupa lo divide Zerón en cuatro partes. Con ellas estructura un panorama que si bien prende las luces en el desencanto, también acaricia los goces con la pasión de la palabra: “Escribo para no perderme/ en las entrañas del viento”.

En su primer apartado, “Insolencia del viento”, el espacio/tiempo señala la brevedad del ser al extender sus brazos igual que alas despliegan su amenaza para partir, es entonces donde la reflexión se prende de la mirada que atraviesa el dolor, sobre todo físico, y hierve ante los distintos gestos del tiempo.

En “Húmedo vendaval”, segundo apartado, el tiempo/amor afirma su breve presencia, a la que unas manos parecen aferrarse pero lo volátil del amor deja apenas un susurro, quizás el erotismo del que gozan apenas unos cuantos versos llegan con mejor sabor.

En su tercer sección, “Ventarrón de tierra”, nuevamente el ocaso de la meditación apuntalada en el amor/olvido se centra en un pasado, por el reflejo extinguido y el reclamo por lo que no puede ser.

En la última parte que da título al libro, el olvido/esperanza cierran un círculo del recuento a través de la fe, la mejor energía contra el olvido.

El valioso poemario de Lina Zerón es un viaje nacido de la soledad, la que nos aprehende en algún instante, y nos lleva a las entrañas del viento.

Lina Zerón, Las entrañas del viento. Amarillo Editores, México, 2011; 77pp.