Por Carmen Galindo

El espionaje telefónico fue la causa del cierre del semanario News of the World. El denunciante que provocó el escándalo fue reportero de ese mismo tabloide, ¿su nombre? es Sean Hoare, personaje que fue hallado muerto en su departamento el pasado 18 de julio. El responsable de autorizar (y pagar) las intervenciones telefónicas, los detectives privados y sobornos a la policía metropolitana (Scotland Yard) es nada menos que Andy Coulson, entonces director de News of the World. Coulson, antes de su renuncia en enero a causa de la tempestad que se veía venir, fue nada menos que jefe de prensa del Primer Ministro británico David Cameron. Por cierto, Cameron se negó a disculparse ante la Cámara de los Comunes, mientras no se demuestre la culpabilidad de su ex colaborador. No debe omitirse que las causas de la muerte de Hoare se atribuyen a un suicidio, pero las investigaciones todavía no concluyen. Tampoco puede dejarse de mencionar que cuando Coulson era director del tabloide despidió a Sean Hoare por problemas de alcoholismo y drogas.

Otras personas alcanzadas por el escándalo son la última directora del tabloide, Rebekah Brooks, libre bajo fianza en estos momentos, y más importantes todavía, Paul Stephenson y John Yates, el primero es el alto comisionado de Scotland Yard y el otro, su segundo de a bordo, quienes ya renunciaron  a sus puestos.

            El escándalo Murdoch involucra varios temas de reflexión. El más notable, creo, es que los medios de comunicación, de ser el llamado quinto poder, se han convertido en el único o más dominante de las instancias de poder, de tal modo que bien puede señalarse a nuestra época como la de la dictadura de los medios. En México se comenta reiteradamente en los medios impresos que la televisión sienta a los funcionarios en el banquillo de los acusados sin importar su jerarquía política. El espionaje telefónico, con la justificación del narcotráfico, se extiende aquí y en otros países e incluso se aprueba por la ley. Las voces de los hermanos Salinas, Adriana y Raúl, son un ejemplo de lo dicho y otra es su variante con el empresario Carlos Ahumada grabando en video a René Bejarano y al Dr. Carlos Imaz. No importan los derechos a la privacidad de los ciudadanos, ni los fines políticos que se consiguen con las (intencionadas) filtraciones.

            Un tema igualmente importante es que a ciertos consorcios, que agrupan a las llamadas industrias culturales, se les empieza a conocer como imperios culturales. Los nombres son más conocidos que el concepto, pues Rupert Murdoch con su hijo James, hacen compañía a Silvio Berlusconi en Italia y a Emilio Azcárraga Jean en México. Sus propiedades reúnen, además de periódicos y revistas, equipos de futbol, parques de diversiones, museos, estadios, teatros, libros, televisión libre y de paga, estudios de cine, filmes, videos, discos. En otras palabras, lucran con el tiempo libre de la humanidad, la parte que no está dominada (sojuzgada) por el trabajo. Y además venden a sus anunciantes nuestro tiempo libre, el que al margen del trabajo dedicamos a la recreación.

La otra vertiente es el manejo de las noticias, de las políticas a las de los artistas de masas (cantantes, estrellas de cine o televisión).

            El tema se cruza con otro más. Como lo demuestra Berlusconi o en otro nivel Coulson, en ocasiones quieren ejercer el poder, no con intermediarios, sino directamente como Coulson estaba al lado de David Cameron y Berlusconi Primer Ministro de Italia. Se dice que Azcárraga será el poder tras el trono en caso de que Peña Nieto ocupara la presidencia.

            Por último, no estamos al margen del imperio de Murdoch, porque la Twentieth Century Fox es suya, como el canal Fox o lo es Sky. La desaparición de la Compañía de Luz y Fuerza del Centro, que causó el despido de 45 mil trabajadores  del Sindicato Mexicano de Electricistas está relacionado con la fibra óptica, medio de la Televisión Directa, que dominan, en México, Murdoch y Azcárraga.