La trata de personas con fines de explotación sexual es una forma moderna de esclavitud en el siglo XXI. Es una violación de los derechos humanos que socava la dignidad humana y tiene un componente de género claro pues sus principales víctimas son mujeres.

Explotación sexual y tráfico van de la mano. El proxenetismo internacional es uno de los negocios más redituables del mundo. Los sucesivos Programas de Ajuste Estructural –soluciones económicas patrocinadas por el FMI-, la internacionalización de las empresas, la eliminación de subvenciones estatales, las sucecivas crisis financieras, han genrado enormes costos para mayoritarios sectores de la población. Estos sectores atraviesan fronteras en la búsqueda de un ben en extinción: el trabajo. Entre estos expulsados/as hay una mayoría de mujeres.

Es notorio el fenómeno de la feminización de la pobreza y también de la superviciencia. En este contexto la exportación organizada de trabajadores/as para ser empleados en condiciones de esclavitud y de mujeres y niños/as para ser explotados sexualmente se han constitutido en ingentes negocios clandestinos fomentados por los gobiernos de países empobrecidos y no empobrecidos.

Según la Organización Internacional del Trabajo, OIT, la trata de personas afecta cada año a 2 mil 500 millones de personas, sobre todo a mujeres, niñas y niños de distontos países, quienes conforman el 90% de las víctimas y un tercio de esa población es vendida en el comercio sexual. Un crimen, que convierte a las personas en simples mercancías y que proporciona enormes beneficios. La trata de mujeres y niñas, en particular la explotación sexual, es el tercer negocio ilegal más lucrativo del mundo, dice la ONU, cuyas ganancias oscilan entre los 32 y 40 mil millones de dóalres al año. Uno de los últimos informes de la ONU sobre cuestiones de género arrojaba este dato: todos los años desaparecen un mínimo de dos millones de niñas en el mundo por discriminación sexual.

Cuando hablamos de tráfico no sólo nos referimos al internacional sino también al interno. En México, los etados con mayor índice de trata de personas son Quintana Roo, Yucatán, Jalisco, Oaxama y Guerrero, que concentran el 90% de dicho fenómeno delictivo a nivel nacional. Las personas explotadas cambiadas de plaza para satisfacer las demandas de los prostituyentes.

 La explotación sexual es un negocio clandestino que opera en establecimientos aprobados y regulados por la autoridad, como son las casas de masajes, centros que ofrecen servicios de escorts (acompañamiento) de hombres y mujeres de negocios; bares y table dance. En México, las víctimas son originarias de localidades rurales y urbanas pobres; también mujeres extranjeras, de Latinoamérica o Europa. Es frecuente que las obliguen a ingerir alcohol y drogas como medio para facilitar su sometimiento y, en el caso de los servicios sexuales menores, se ofrecen, vía Internet, a través de catálogos, pero también en periódicos locales disfrazados de anuncios.

Por eso, desde 1999 se celebra el Día Internacional en contra de la explotación y tráfico de mujeres y niños, que se conmemora hoy 23 de septiembre, para “concienciar a los Gobiernos y a la sociedad civil sobre las causas y consecuencias de este crimen endémico”, acuñado ya como feminicidio, “que afecta a todo el mundo, y llevar a cabo acciones que permitan frenarlo”. La pobreza, el hambre, el analfabetismo, el desempleo, la falta de una distribución equitativa de recursos, bienes y servicios y las políticas de migración restrictiva, son, según un informe elaborado por EUROSUR, las causas que hay que abatir en este asunto.

 Redacción/ EVM