Por Claudio R. Delgado.
En memoria de los miles de asesinados en la absurda “guerra” contra el narcotráfico en México y en particular a la memoria de las 53 víctimas del atentado en la ciudad de Monterrey en el casino Royale.
Descansen en paz.
Se están cumpliendo 75 años del absurdo asesinato de Federico García Lorca, el poeta más universal y más andaluz que España haya dado a las letras del pasado siglo XX.
Federico García Lorca nació el 5 de junio de 1898 en Fuente Vaqueros, año en que España perdió sus últimas dos colonias (Cuba y Puerto Rico), y fue asesinado vilmente en Víznar, Granada, el año de 1936.
De entre aquellos que integraron la generación del 27, viene a ser el poeta granadino, una de las voces más puras y originales. Su poesía se distinguió y se distingue por su “marcado sabor popular”.
Impulsado indudablemente por la autoridad de Juan Ramón Jiménez, lo mismo que los jóvenes contemporáneos que formaron aquella bella, joven y ardiente generación de escritores españoles (Rafael Alberti, Jorge Guillen, Luis Cernuda, Dámaso Alonso, Vicente Aleixandre, Pedro Salinas, Gerardo Diego) Lorca es quien más se distingue por su aguda sensibilidad poética, por poseer una voz cuya simbiosis intercala lo mismo la tragedia que la alegría; su canto, es también heterodoxo y compasivo, y como dijera el escritor mexicano, Rafael Solana en 1938 en la revista Letras de México, fue él quien “llevó el genero canción a un terreno mucho más imaginativo, de una concisión que abarca mundos más extensos”.
Federico García Lorca fue un recuperador (valga el termino) del folklore y un creador de la vanguardia, “sin perder la idea de un destino fatal que sintetiza el género y lo satura de metáforas atrevidas”; fue un escritor ambicioso, dueño de un amplio vuelo con anchas alas invadidas de la gracia y tradición de la poesía andaluza y bañada de la “novedad y el brillo casi duro, metálico de la poesía moderna”.
Escritor moderno sin duda, Lorca mezcla el bello folklore de la gitanería andaluza provocado tal vez por la influencia que produce en él su entrañable amigo Manuel de Falla en 1921, año en el que García Lorca lo vista frecuentemente, y lo que el mítico Salvador Dalí le inspira, durante1923 hasta 1928, periodo en el que permanecieron juntos en Cataluña.
Relaciones estas dos, que habrán de dejar grande huella en Lorca, sobre todo aquella en la que los mundos artísticos de él y Dalí se mezclan y “se compenetran”, dejando en la obra de los dos una influencia mutua que algunos estudiosos españoles de la obra de los dos artistas han dado en señalar como “un periodo daliniano en la obra del poeta y una época lorquiana en la del pintor”.
La amistad entre estos dos grandes del arte se vio además, enmarcada por una profunda pasión amorosa que dio como resultado la “Oda a Salvador Dalí”, publicada por Lorca en abril de 1926 en la Revista de Occidente, de Ortega y Gasset, poema calificado por el mismo autor como “didáctico”.
Pero no solamente la “Oda a Dalí”, resulta algo “didáctico” dentro de la obra de Lorca. El escritor español nos enseña también, nos ilustra, nos motiva y conmueve a través de su colorido, de esa luz clara que es reflejo de su conciencia, de su regionalismo que es sinónimo de universalidad, porque “para poder ser universal, primero se debe de ser profundamente local”, y García Lorca lo sabe, lo hace. Es un ser que canta desde su poesía y desde su teatro al mundo, enseñándonos que ese “regionalismo” particularizado en su Andalucía gitana, es una “consagración religiosa y profana, mística y sensual” de su producción artística, que aún 75 años después de su irreparable pérdida lo mantiene al lado de las más altas figuras de la literatura, no sólo de España, sino del mundo entero.
García Lorca en México.
El poeta granadino nunca vino a México, su relación con nuestro país se da más bien, digamos que a larga distancia. Lorca llega a nuestro país a través de varias líneas de conexión.
Luis Mario Schnaider, en su libro titulado García Lorca en México, editado por la UNAM en 1998, nos habla de los primeros contactos del poeta con nuestro país a través de personajes como Alfonso Reyes y don Jaime Torres Bodet, quienes lo conocieron y trataron en España, lo mismo que Genaro Estrada (quien le entrega al entonces joven escritor, Rafael Solana, en noviembre de 1936, para su revista, un poema del granadino titulado Gacela de la terrible presencia, el cual se publicó en Taller Poético). Luis Cardoza y Aragón y Antonieta Rivas Mercado, también lo trataron.
Salvador Novo, de entre todos los mexicanos que tuvieron contacto físico, personal con el autor de Poeta en Nueva York, es quien llega a mantener un acercamiento más estrecho, personal e incluso amoroso con él.
Novo conoce a Lorca aproximadamente entre 1933 y 1934, cuando el autor del Llanto por Ignacio Sánchez Mejías, viaja a Buenos Aires y Montevideo, Uruguay, a dirigir las obras teatrales Bodas de Sangre y La zapatera prodigiosa, el Retablillo de don Cristóbal y Mariana Pineda.
El mismo Salvador Novo cuenta en su Continente vacío, su viaje a Sudamérica (en 1935) y su encuentro con el escritor: “Federico estaba en el lecho. Recuerdo su pijama a rayas blancas y negras”.
Por sobre todos ellos, Federico imponía su voz un tanto ronca, nerviosa, viva, y se ayudaba para explicar de los brazos que agitaba, de los ojos negros que fulguraban o reían. Cuando se levantó, mientras tomaba su baño, se volvía a cada instante a decir algo, porque se había llevado consigo la conversación, me senté en la cama.
-Federico-le grita-, tenemos que llevar a Novo a donde fulano; ¡será lindo!
Federico entraba y salía, me miraba de reojo, contaba anécdotas, y poco a poco sentí que hablaba directamente para mí; que yo debía aguardar hasta que se marchasen para que él y yo nos diéramos un verdadero abrazo”.
Después Novo y Lorca estrecharían su amistad en aquel almuerzo del restaurante de la Avenida Costanera en Buenos Aires. Es en esa reunión, según Schneider, que García Lorca “hace alarde de su conocimiento de México, no sólo de personajes sino inclusive de las muy hondamente mexicanas canciones como aquella que es casi un himno, la Adelita”.
Este segundo acercamiento le permitió al mexicano, escribir “páginas definitivas para el discernimiento de la personalidad de Federico García Lorca”, y le da pie para crear días más tarde (el 31 de enero de 1934) el “Romance de Angelillo y Adela”, editado por la Imprenta Mundial con un tiraje de tan sólo 15 ejemplares.
Pero aunque Lorca nunca piso tierra mexicana, el granadino se mantuvo presente en el interés de la intelectualidad de nuestro país, y fue a través de la compañía teatral de Margarita Xirgu, que el granadino robó la atención mexicana al presentar por vez primera en 1929 una obra teatral escrita por él.
El 18 de abril de 1936, la Xirgu debutó en Bellas Artes y concluyó su temporada el 31 de agosto en el Teatro Arbeu (según narra Luis Mario Schneider en su libro García Lorca en México). Dentro del repertorio se representaron: Yerma, Doña Rosita la soltera, Bodas de sangre y La zapatera prodigiosa, estas dos últimas piezas teatrales formaron parte del repertorio que años antes, le darían fama y fortuna a Federico García Lorca, en tierras de la América del sur, y las cuales sí lo vieron caminar por sus calles.
En México, fueron muchos los escritores que se ocuparon de la obra del poeta español, y que plasmaron en artículos de revistas, en libros, ensayos, etc., una opinión favorable por la figura y la obra del español. Torres Bodet, por ejemplo, se refiere a Lorca en su bello libro de memorias: Tiempo de Arena; Antonieta Rivas Mercado, habla de él durante el viaje que ella realizara a Nueva York en 1929 y en el cual le es presentado el granadino, de quien señala que: “…Ya es mi amigo. Un extraño muchacho de andar pesado y suelto, como si le pesaran las piernas de las rodillas a abajo –de cara de niño, redonda, rosada, de ojos oscuros, de voz grata. Sencillo de trato sin llaneza”.
El asesinato de Federico García Lorca, provocaría en México la aparición (en revistas y periódicos) de infinidad de artículos y ensayos (como refiere Schaneider en su libro) tanto de firmas reconocidas como de anónimos autores que indignados, coincidían en condenar la barbarie cometida en contra del andaluz, por “una situación política de la guerra civil española” que acalló una de las voces más fuertes y claras dentro de la lírica de la lengua castellana.
La comunidad intelectual de nuestro país le organizó un homenaje en el Palacio de Bellas Artes el sábado 14 de noviembre de 1936 a las 20:30 hrs., en el que participaron la Liga de Escritores y Artistas Revolucionario, el Frente Popular Español y la Juventud Comunista Mexicana. Se cobraron 25 centavos en beneficio del Frente Popular Español.
De los personajes mexicanos que han hablado y estudiado la obra y la figura del granadino destacan: Alfonso Reyes, Jaime Torres Bodet, Genaro Estrada, Luis Cardoza y Aragón, Salvador Novo, Bernardo Ortiz de Montellano, Rafael Solana, Octavio Paz, José D. Frías y Julio Bracho, entre otros muchos que al igual que los compositores Silvestre Revueltas y Carlos Chávez, por mencionar algunos nombres, dedicaron a Federico García Lorca un homenaje por su trabajo y su memoria.
La muerte de García Lorca.
En 1936, Federico García Lorca, estaba a punto de cumplir 38 años de edad. Ya era un poeta consagrado y su obra teatral se había ya representado en varias partes del mundo.
“Casi había terminado su drama de la sexualidad andaluza”, La casa de Bernarda Alba. Había adelantado en una comedia sobre temas políticos (Comedia sin titulo o El sueño de la vida) y trabajaba en Los sueños de mi prima Aurelia. Planeaba otro viaje a América, a México, particularmente, país en el que se encontraría con Margarita Xirgu.
La situación política que en ese momento se vivía en España, era insostenible. Existía la posibilidad real, de un golpe militar y en la capital se experimentaban actos violentos que incluían la quema de iglesias hasta asesinatos políticos.
García Lorca era conocido por su tendencia liberal, y continuamente la arremetían contra él los conservadores por mantener amistad con la Xirgu y con Fernando de los Ríos. La fama que mantenía el poeta y sus continuas declaraciones en contra de las injusticias sociales, lo hicieron un personaje incómodo para la derecha española.
El 16 de agosto de 1936, Federico fue detenido por Ramón Ruiz Alonso, ex diputado de la Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA). Lorca fue trasladado al Gobierno Civil de Granada bajo los cargos (según se dice firmada por Ruiz Alonso y que los estudioso de la vida de García Lorca dan por perdida) “de ser espía de los rusos y estar en contacto con éstos por radio, por haber sido secretario de Fernando de los Ríos y por ser homosexual”.
Los esfuerzos por salvar al poeta fueron infructuosos. Según Ian Gibson, biógrafo de Lorca, tanto la familia de los Rosales como su amigo Manuel de Falla, varias veces trataron de que lo dejaran libre. Según el mismo Gibson existieron indicios de que “antes de dar la orden de matar a Lorca, Valdés se puso en contacto con el general Queipo de Llano, jefe supremo de los sublevados de Andalucía”.
Federico García Lorca fue llevado al poblado de Víznar, y después de pasar la noche en una celda improvisada, fue trasladado hasta la orilla de una carretera donde fue fusilado antes del amanecer. Los estudiosos del hecho, suponen que su muerte ocurrió la madrugada del 18 de agosto de 1936.
A 75 años del asesinato impune del poeta granadino, sólo nos queda aún, el avergonzarnos del bajo crimen que apagó para siempre su vida, y conocer su obra, la cual aún difunde la voz fuerte, clara y vibrante del gran poeta Federico García Lorca.

