Responsabiliza al PRI y a Estados Unidos

Por René Avilés Fabila

Si bien el asunto de la violencia desatada que padecemos como nación no es culpa exclusiva del PAN, en particular de Felipe Calderón, sino resultado de una serie de errores y situaciones nacionales e internacionales de descomposición, tendremos que aceptar que la guerra declarada por el mandatario sin estar debidamente preparado ha conducido a niveles de ferocidad que asombran. Hoy estamos en la atención mundial como país peligroso.

No se necesita ser un viejo para recordar que hace quince o veinte años, un asesinato violento, una acción criminal, era algo más o menos insólito. Los medios apenas lo destacaban y aparecía en donde tenía que estar: en la nota roja, en medio de una pequeña serie de robos, accidentes o algún asesinato pasional. Hoy acaba de aparecer un decapitado en Santa Fe, en Coahuila atacaron una casa de apuestas con armas de fuego y nadie se conmueve ni está en las primeras planas de los diarios. Es algo común y ello es todavía más aterrador. ¿Por qué razones o causas? Porque los asesinatos masivos, los secuestros, los atentados, los robos con violencia, la incapacidad policiaca y en general de las autoridades, nos están acostumbrando a vivir en climas bélicos.

¿Cómo no sorprenderse ante el criminal atentado contra el Casino Royale en Monterrey? ¿Pero existen más peligros que eso y nos impida conmovernos ante el secuestro de una niña o el atropellamiento de un pobre anciano que no pudo evitar a una mujer ebria?

Dicho en términos periodísticos, la violencia ya no es novedad, no es noticia, se da de manera rutinaria y se mezcla con otras secciones porque no hay medio que no padezca la brutalidad de una guerra incruenta.

El Presidente, visiblemente abrumado por lo que está ocurriendo, deja el falso optimismo (¿o será real?) y vuela a Monterrey a darle el pésame a los dolientes. Lo acompañan cercanos  colaboradores y su esposa. Todos visten de negro y Calderón se dirige a Estados Unidos para hacerlo corresponsable de lo que nos ocurre, y es cierto. Habla de acciones ejecutadas por terroristas y tampoco miente. Pero oculta que la guerra contra la inseguridad es un fracaso. El PAN, encabezado por él, responsabiliza a los gobiernos priístas, tal vez sea cierto. Sólo que no señala que el mando de tropas y marina dependen del Poder Ejecutivo, no de los gobiernos locales.

Esto es, el PAN, en vista de sus fracasos, para no perder la presidencia, culpa del desastre a los gobiernos priístas, que tienen parte de la responsabilidad. Estamos inmersos en una serie de actos violentos que suceden unos detrás de otros, y que no encuentran freno por razones políticas. En vísperas de elecciones presidenciales, a la sórdida clase política mexicana le importa más quién ganará la presidencia que la seguridad del país.

En esta situación es imposible que haya un pacto nacional para enfrentar todos juntos a la inseguridad, al crimen organizado. Ante ello, seguiremos este atroz proceso de familiarizarnos con la muerte y el dolor. México se ha convertido, fuera del discurso oficial que siempre desborda optimismo, en una inmensa prisión donde prevalece el temor. Pocos o nadie han dejado de sentir miedo, de salir a las calles con la certeza de que regresará a salvo.

Por más inocente que uno sea, es muy factible quedar en la mira de un criminal o en medio de un tiroteo entre soldados y narcotraficantes. No basta ponerse de luto, tampoco son suficientes las condolencias a los deudos. Hay que combatir la violencia con unidad.

www.reneavilesfabila.com.mx
www.recordanzas.blogspot.com