Edgar Díaz Yáñez
Fernando Vallejo será galardonado con el Premio Feria Internacional del Libro de Guadalajara en Lenguas Romances —lo que en efectivo representa 150 mil dólares— el próximo 26 de noviembre en la 25 edición de dicho acontecimiento.
Colombiano de nacimiento, naturalizado mexicano después, Vallejo, además de escritor, es biólogo, director de cine y guionista. Sus obras fílmicas como director son dos cortos —Un hombre y un pueblo (1968), Una vía hacia el desarrollo (1969)— y tres largometrajes —Crónica roja (1977; ganadora del Ariel a la Mejor Ópera prima y Mejor ambientación), En la tormenta (1980; Ariel por Mejor ambientación) y Barrio de campeones (1981)—; como guionista se desenvuelve en La Virgen de los sicarios (2000, dirigida por. Barbet Schroeder).La Virgen de los sicarios es acaso la más famosa, o popular, de sus obras, por lo menos en México.
La Virge… es una novela a manera de autobiografía; donde el personaje principal, un hombre maduro de nombre Fernando, gramático y escritor, regresa a su ciudad natal, Medellín. Y Medellín ya no es la misma, ahora se encuentra bajo una ola de violencia y terror. El protagonista, homosexual, se encuentra con un amante, Alexis. El joven Alexis es un sicario. Fernando y Alexis mantienen una relación más allá de la pasión y el deseo en este Medellín.
El clímax de la novela se alcanza cuando Alexis es asesinado por dos sicarios en una moto. Fernando, en búsqueda del asesino, conoce a otro muchacho, Wilmar, sicario de profesión también, con el cual inicia una relación muy parecida a la que tenía con el ultimado. Como parte del desenlace nos enteramos que fue Wilmar quien mató a Alexis, que Fernando busca venganza pero no puede consumarla debido al amor que ahora profesa por el efebo sicario. Fernando y Wilmar pretenden salir del país, pero el último no regresa de una visita de casa de su madre. Fernando tiene que ir a reconocer un cadáver a la morgue debido a que el fenecido portaba una tarjeta suya. Wilmar ha sido asesinado también.
Vallejo toma dos historias perfectamente visibles para cualquier ojo humano, lectores o no, para describir una situación agobiante en su “ciudad natal”: la violencia que ha dejado el narcotráfico, y la falta de oportunidades para cualquier persona, jóvenes principalmente.
La Virgen de los sicarios es María Auxiliadora. Y un sicario es: «un muchachito, a veces un niño, que mata por encargo. ¿Y los hombres? Los hombres por lo general no, aquí los sicarios son niños o muchachitos, de doce, quince, diecisiete años» Cabe recordar que La virgen… fue publicada en 1994, justo después de la muerte de Pablo Escobar —1993— lo que causó que las bandas de sicarios que estaban al servicio de éste se quedaran sin el “empleo” que les proporcionaban las mafias. Perpetraré un cliché, pero no encuentro otra manera para decir lo que quiero decir: Cualquier parecido con la realidad mexicana no es mera coincidencia.
Pareciera ser que caemos en un lugar común, y en un futuro no muy lejano, en una cuestión estereotipada, mas es inevitable la interrogación: ¿Qué hay de diferente entre el Medellín de La Virgen y el México de hoy? ¿cuál la diferencia entre Alexis o Wilmar o La Plaga (sicario, amigo de Alexis) a cualquier joven que se pretende sicario en estos días en este México que bien representaría el seudónimo de Valle de lágrimas? Las respuestas, al igual que las preguntas, atinan al lugar común, se antojan obvias: “Nada” y es en esto, acaso, donde la radica la popularidad de esta obra en estas tierras.
El jurado de este año que ha otorgado a Vallejo el Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances estuvo integrado por Juan Cruz Ruiz (España), Cecilia García Huidobro (Chile), Calin Mihailescu (Rumania), Julio Ortega (Perú), Margarita Valencia (Colombia), Jorge Volpi (México) y Michael Wood (Inglaterra) quienes optaron por reconocer a este escritor con tal galardón, por ser «una de las voces más personales, controvertidas y exuberantes de la literatura actual en español».
Sólo una voz personal, controvertida y exuberante podría declarar con gran sencillez y más atino un problema que agobia a la mayoría de los sistemas judiciales: la falta de un sistema judicial que imparta justicia. De nuevo podemos encontrar una relación directa con este país donde, primero y antes que todo, los presuntos son culpables hasta demostrar lo contrario. Donde las imágenes de violencia y sangre venden más que cualquier otra noticia que en verdad valga la pena. Donde como dicta Vallejo: «El presunto asesino, como diría la prensa hablada y escrita, muy respetuosa ella de los derechos humanos. Con eso de que aquí, en este país de leyes y constituciones, democrático, no es culpable nadie hasta que no lo condenen, y no lo condenan si no lo juzgan, y no lo juzgan si no lo agarran, y si lo agarran lo sueltan…» La ley de Colombia, dice Vallejo, es la impunidad y el primer delincuente impune es el presidente «que a estas horas debe de andar parrandeándose el país y el puesto»
Yo no me pregunto en dónde radica la popularidad en este país, o con este público, de La Virgen de los sicarios. En ésta puede observarse un reflejo, si no fiel, verosímil de un país que sufrió la violencia que ahora nosotros estamos sufriendo. Yo no sé si ha sido una broma elegante del destino que, ahora que Fernando Vallejo es elegido por un premio mexicano, se relea su obra para, de esta manera, vernos reflejados, mexicanos que siempre tratamos de reflejarnos en todo, en una realidad colombiana pretérita en un escenario mexicano presente. Pero yo no quiero abrir la boca para protestar porque no quiero que mañana me estén comiendo esta lengua suelta los gusanos.
