Por Raúl Cremoux
Obligado por una disposición legal que tuvo sentido años atrás, cuando la información era escasa y mala, cada uno de septiembre, el presidente en funciones destinaba la mañana para soltar una retahíla de datos con los que esperaba convencernos de las bondades de su trabajo.
Ahora que contamos con decenas de noticieros en radio y televisión, constantes emisiones de análisis, más diarios y revistas que nunca, así como la galaxia de redes sociales, podemos advertir que, en lo general, la población está más y mejor informada sobre lo que hacen los gobernantes. A esto habría que agregar el paulatino mejoramiento de nuestro acceso a la información pública que antes estaba reservada y guardada bajo siete puertas siempre cerradas.
¿De qué va a informar el presidente? Tendría que ser un gigantesco parte de guerra en el que debiera incluir los miles de nombres de mexicanos caídos de un lado y otro; del número de heridos, viudas, huérfanos y hogares destruidos.
Pero ya un adelanto de lo que vendrá, lo podemos oír y ver en los numerosos —numerosísimos— anuncios sobre lo que nos dice el señor Calderón que ha realizado. De este modo, lo podemos escuchar en las emisiones radiales y ver cuando en los noticieros televisivos que nos muestran decapitados, apuñaleados, triturados y eliminados de diversas maneras se interrumpe la transmisión para dar lugar a los espots presidenciales siempre triunfalistas: cobertura casi universal de la salud, sin mencionar la calidad de la misma; los miles de carreteras en cuya realización no han intervenido los gobiernos estatales; el número de educandos sin hablar de los bajísimos lugares que ocupan enlas encuestas internacionales; el abatimiento del turismo no aparecerá como tampoco el costo progresivamente más caro de nuestros combustibles.
Y renglón oscuro de omisión estará reservado a hechos ejemplares como los siguientes: el gobierno que preside no ha sabido cómo volver a echar a volar la aerolínea mexicana más antigua del país, tampoco cumplir con los pasos iniciales de una nueva refinería que debió tener lugar en el estado de Hidalgo; edificar el monumento que debió haber sido el onomástico luminoso de un bicentenario que conmemorara tanto el inicio de la Independencia como el de la Revolución; la remodelación de Bellas Artes a un costo elevadísimo y con resultados funestos; la creación de un parque ecológico en el lugar donde estuvo la refinería 18 de Marzo y para qué seguir con la lista hasta llegar a la inmensa insatisfacción, dolor y pesadumbre de haber establecido una lucha violenta contra el crimen sin haber fijado de antemano las condiciones que abatieran ese cáncer social.
El desgaste nacional es tan grande como inmerecido.
Nuestro lugar en el mundo se ha hundido. Ya no somos referencia de nada que no sea la mediocridad y el desamparo. La situación llega al extremo en que necesitados de una coordinación clara entre los poderes, el propio presidente no puede pisar el Congreso y con ello ofrecer el amplio y fértil camino que se requiere para concertar a los legisladores y a las oposiciones.
¿De qué va a informar el presidente Calderón?
Esperemos que no sea una cadena de cifras triunfalistas, porque de hacerlo habrá hundido aún más la credibilidad de nuestras instituciones.
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