Margarita Peña
Fragmento de la entrevista realizada por el maestro Adolfo Castañón a Margarita Peña para el programa “Los maestros detrás de las ideas”.
Margarita Peña: Escribo desde niña. Me acuerdo de esos cuadernos rayados en forma horizontal, yo los llenaba con una serie de cosas que escribía que no sé lo que eran ni dónde estarán, pero entre otras cosas, escribía mis sueños, porque oí que uno tenía que escribir sus sueños; me ponía también a describir mi jardín, teníamos un jardín que mi mamá cuidaba de maravilla; mi mamá era una adicta a los rosales y a la jardinería, y los rosales eran más importantes que nosotras, creo. Me aprendí los nombres de las rosas: Rosa Balme, Condesa de Sástago, Luto de Juárez, Rosa de Té, Rosa Novia. Bueno, yo iba identificando, nombrando los rosales, mi madre los cuidaba mucho y ahí me ponía yo a describirlos. Me sentaba en el escalón de la cocina, contemplaba el jardín y me dedicaba a escribir sabe Dios qué cosas, no recuerdo. Y luego me subía a leer Alicia en el país de las maravillas, los Cuentos de hadas de Grimm, los Cuentos de hadas chinos y los cuentos de hadas de todo el mundo ¿no?, porque simple y sencillamente mi papá no fallaba en llevarme cada año a la Feria del Libro, que entonces se ponía por el Monumento a la Revolución, y a mi me encantaba ir los domingos, íbamos en la tarde, porque era el día que él tenía libre y quedaba muy cerca de su negocio, de su Mueblería Nueva. Y a veces, entre semana decía:
-Niñas, ¿vieron bien la Feria el domingo?
-Pues nos faltó algo papá.
-Vénganse a comer tal día y las llevo a la hora de la comida…
Y sacrificaba su hora de comida. Comíamos con él en el Restaurant Budapest, de exquisita comida húngara, que estaba ahí por Eligio Ancona.
– A ver, qué libro quieres Margarita.
-Pues me gustó éste pero me dio pena pedírtelo…
Libros, todos los que quisiéramos; para otras cosas era medio ahorrativo pero para los libros, bueno, me llenaba de libros, desde entonces es mi vicio. Infancia es destino, según dice Freud, y es cierto: yo no puedo dejar de comprar libros, es una cosa que… tengo en mi casa cerca de cuatro mil. Es un karma, y está tan acentuado que trato de conseguir otro espacio ¿verdad?, simple y sencillamente cerca de donde vivo para irme yo, dejar esto como biblioteca y organizarla…
Adolfo Castañón: Pero estábamos en la Universidad Femenina de México y en el perfil de…
Margarita Peña: … Adela Obregón Formoso y Juana de Ontañón, que fueron mujeres sustanciales en esa etapa de formación. En aquel entonces las muchachas de la Femenina éramos tan inquietas, tan inquietas, que las que no escribíamos, dibujábamos, actuábamos o aprendíamos oratoria…Organizamos un Círculo Cultural Hélade, con toda la pedantería del caso (paralelamente se formó el Cuadrado de la Incultura Perfecta: ¡puras fiestas…!), en cuyo nacimiento influyó mucho Carmen Rovira, actual profesora de la Facultad de Filosofía y Letras, que también fue para mí una guía. Carmen Rovira era la profesora amiga, la maestra amiga ¿no?, y doña Adela, el paradigma feminista, sin que uno lo supiera porque apenas estábamos en la preparatoria, y además todavía no se usaba el feminismo ¿no?; pero fueron mujeres realmente importantes para nosotras las muchachas. Doña Adela fue una precursora del feminismo en México y no dudo que su ejemplo haya estado en las raíces de mi militancia feminista posterior. Simplemente nos inculcaba el respeto por nosotras mismas, el sentido de nuestra valía como mujeres, un sentimiento de independencia. O más bien, de no dependencia
A Carmen Rovira la sigo tratando, ella me regaló mi primer Villaurrutia, publicado por el Fondo de Cultura Económica.
Adolfo Castañón: El grupo Hélade, ¿qué es lo que hacían?
Margarita Peña: Como éramos muy dadas -mi amiga Ana María B. y yo- a todo ese asunto cultural, decidimos organizar ese grupo, ya formalmente, con todas las compañeras. Entonces, me acuerdo que nos metimos a la biblioteca de la “Femenina” que daba sobre Madereros, (luego Constituyentes), y ahí nos dedicamos a diseñar lo que iban a ser los contenidos del círculo cultural, los días en que nos íbamos a reunir, los lugares y el nombre. Nos reuníamos periódicamente, cada mes en la casa de cada una de nosotras…
Invitábamos a un personaje de la cultura en ese momento, pero con mucha maña, todos eran jóvenes y simpáticos, entonces a ese grupo fueron Porfirio Muñoz Ledo, Javier Wimer, José Luis Cuevas… Lo que hacíamos era que nos reuníamos cada mes y llamábamos al periódico, a El Universal. En esa época se usaba que El Universal y el Excélsior fueran hasta a los bautizos de los niños ¿no? Salíamos en el periódico y nos sentíamos felices. Debo decir también que entre nuestros maestros de entonces estaban Luis Rius, al que después volví a encontrar en la Facultad como profesor; Arturo Souto, al que hasta la fecha le digo “mi maestro”: un caballero español, un hombre muy querido y que en aquella época pues nos enseñaba lo que eran las primicias de la literatura española en el siglo XX, continuábamos con la generación del noventa y ocho, luego la del 27, García Lorca, etc. Para todas era una época sin igual. Por otro lado, a Ana María y a mí nos daba por la pintura, yo siento que de no haber sido literata hubiera sido critica de arte, a mi la pintura me fascina ¿no?, me encanta verla, me encantan los museos, me encanta comprarla cuando puedo, me encanta…. El caso es que el novio de Ana María, o pretendiente, era también muy afecto a la pintura y nos íbamos a las exposiciones de la Galería Proteo, ahí expuso el papá de Arturo Souto Alabarce, don Arturo Souto Feijoo, creo.
En una ocasión en que fui a Madrid, en la década de los noventa, había una exposición retrospectiva de don Arturo Souto; me encantó verla porque me recordó las exposiciones de la Proteo Fue la época en que surgieron Remedios Varo, Alice Rahon, todas ellas grandes pintoras. Ana María y yo pasábamos días enteros visitando galerías, la Galería Diana, por ejemplo, dirigida por Rosita Bal y Gay, en la que descubrimos a Remedios Varo.
Adolfo Castañón: ¡Un portento! Estamos hablando de los 54, 55, mediados de los cincuentas…
Margarita Peña: Sí. Los que iban, entre otros, a nuestras sesiones, eran Héctor Mendoza y Juan García Ponce. Los conocí en mi casa, en una de las reuniones del Círculo Cultural Hélade. Invitamos a Héctor Mendoza, a Juan José Gurrola, que nos apantalló con su presencia porque entonces ya empezaba a ser el monstruo del teatro que luego fue, y a Juan García Ponce. Nos divertíamos muchísimo con todos nuestros, nuestros… cómo diré, nuestros contemporáneos, pintores y teatreros de “Poesía en Voz Alta”, y además con nuestros mentores que eran sensacionales, eran gente del exilio español ¿no?, qué más se puede decir…Con eso está dicho todo.
