(Primera de dos partes)
Ricardo Muñoz Munguía

Había perdido el manuscrito de su novela en agosto de 1944. El trabajo se esfumó repentinamente, pero no se dio por vencida. Anna Banti, pseudónimo de Lucia Lopresti (1895-1985), reescribió su obra. ¿Novela? Sí, aunque las acciones sean mínimas y lo que prevalezca sea un virtuosismo descriptivo: cuadros y más cuadros terminan por constituir un inmenso mural sobre la vida de la pintora italiana Artemisia Gentileschi (1593-¿1653?), quien, debido tal vez a su condición de mujer, ha sido poco mencionada por la memoria colectiva. Este personaje excepcional no sólo fue marcado por la influencia de Caravaggio y de su padre, el pintor Orazio Lomi Gentileschi, sino también por la violación que sufrió a los quince años y por su estancia en la ciudad de Florencia, donde ingresó a la Academia de Dibujo. Fue protegida de Galileo, con quien mantuvo relaciones. Autora de obras maestras como La Magdalena, el Retrato del Golfaloniero, el Baño de Diana o la Andrómeda, Artemisia fue rescatada del olvido, entre otros, por el crítico de arte Roberto Longhi, esposo de Banti.

La autora realizó una minuciosa investigación biográfica sobre la artista, y con los escasos datos que existen, tramó lo que se considera su mejor novela: Artemisia (1947), reimpresa en la traducción al español de Carmen Romero. La escritora Susan Sontag advierte que esta obra es una conversación que la autora sostiene con la pintora. Se trata de “un relato sobre el triunfo de una mujer con un inmenso talento en una época en que una carrera independiente en las artes era una opción casi impensable para una mujer”. Artemisia, en este sentido, denuncia un sistema patriarcal en que las mujeres son dependientes del poder masculino: hijas, madres, esposas, pero nunca ellas mismas. Muchos de los personajes femeninos de los cuadros de Artemisia, como afirma Sontag, “presentan la ira de las mujeres y el trato discriminatorio que reciben”, o se suicidan o piden clemencia.