Autocrítica y volver a la razón
Por Jorge Carrillo Olea
El caso del endeudamiento del estado de Coahuila en manos de Humberto Moreira, además de pasmoso, aun siendo este México lo surrealista que es, resulta lamentable. Tanto, como desatinadas han sido las salidas en defensa de su actuación por elevados políticos. El casi ex gobernador del Estado de México, Enrique Peña Nieto, ya pintó su raya, con todo lo que eso quiera decir.
¿Cómo fue la selección de candidatos hace alrededor de seis años, que resultó en esta secuencia de gobernadores cortados con un mismo patrón como Arturo Montiel, Ulises Ruíz, Mario Marín y Humberto Moreira? A éste habrá que cargarle además del brutal endeudamiento, la hasta ahora desconocida práctica de falsificar documentos, nada menos que ante la Secretaría de Hacienda. Naturalmente ésta, la que ya sea por razones de oficio, o estimulada por el momento electoral, ya lo denunció ante la PGR.
¿Cómo puede sostenerse la idea de un nuevo partido con estos ejemplares? Y sobre todo con el último, el que en una muestra de escapismo ya declaró “terminado el asunto” pretendiendo exorcizar así a la opinión pública, a sus correligionarios, a la autoridad hacendaria y a los actos de justicia que fueran procedentes.
Roberto Madrazo Pintado, César Augusto Santiago, Mariano Palacios Alcocer, Beatriz Paredes y el propio Moreira han presidido el partido desde el 2005. ¿A quién o quiénes de ellos corresponde el encumbramiento de éstos y otros parecidos sujetos semejantes que ya surgirán? ¡Quién sabe! Y que en su conjunto han construido una de las frases más tramposas y viles de la historia del partido: ¡un nuevo PRI! ¿De dónde habría de salir, si parece al momento que se le nutre solo con lo ya reprobado en el pasado?
Que no se diga que esta infamia de Moreira no daña la institución y que no roza a Peña Nieto. Esas frases son una vez más el actuar despreciable del pasado. Las nuevas generaciones y muchos miembros de las viejas, entre ellos yo, vemos con asombro y profundo disgusto el alejamiento del partido, tripulado por personajes lamentables, de sus convicciones y compromisos originales, y cómo se van sustituyendo éstos por intereses pecuniarios, distribución de puestos entre consanguíneos, alianzas increíbles para votar contra el interés popular. Todas ellas renuncias a las noblezas más depuradas de nuestros orígenes.
De esta manera, el episodio Moreira que deberá terminar con su expulsión muy pronto, vuelve a dar la oportunidad de incorporar la autocrítica y volver a la razón. El señor Peña Nieto, que eligió autocráticamente a Moreira, apostando a un rudo, no se puede volver a equivocar, aunque ya rondan por ahí como círculos de zopilotes ciertos nombres que generan terror. Los caricaturistas, terribles reveladores de verdades, compararon a Moreira ¡con Clavillazo! ¿Es esto posible, habrá una siguiente versión?
No puede desprenderse este amargo momento de una reflexión para mañana: ¿con qué sabiduría y alejamiento de compromisos mendaces elegiría Peña Nieto a su gabinete? Debería inspirarse en el que formó su paisano Adolfo López Mateos. Sin duda el gabinete más sólido y prestigioso que se recuerde: Manuel Tello, el general Olachea, Antonio Ortiz Mena, Javier Barros Sierra, Jaime Torres Bodet, Salomón González Blanco, Ernesto P. Uruchurtu y más. Los terribles problemas que enfrentará, ¿pensará manejarlos sólo con moreiras?
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