Por Carlos E. Urdiales Villaseñor

Primera estampa:

De nueva cuenta y por sobre todo lo demás, la inseguridad, la lucha contra la delincuencia, lo del ataque en el casino de Monterrey —donde por cierto ya no volvió a referirse como terrorista—, y una vez más, la enésima en la que el presidente se pone a explicar la génesis del problema de inseguridad. Un mandatario que en línea con lo que hace su vocero en la materia, Alejandro Poiré, insiste en que hay muchos mitos, mucha desinformación y una realidad aumentada sobre lo mortal que se ha vuelto el país.

¿Cómo puede el equipo gubernamental siquiera insinuar que los medios ponen en tema al principio de las agendas? Es el mismo gobierno, la presidencia quien pone delante de todo el tema, los mitos, su convicción de que la ruta es dolorosa, pero es correcta, en que la estrategia es integral y que poco le falta, pero si de algo adolece entonces reitera hoy como ayer que hay oídos y puertas abiertas para escuchar a Miranda de Wallace, a Martí, a Sicilia, a Solalinde, a la UNAM y a Narro, pero el camino es este y de ahí no habrá variación mayor.

La preeminecia del asunto de los muertos, de las balaceras, de los colgados cuando no decapitados lo impone la realidad, lo reflejan los medios y lo privilegia en todos sus actos el mismo gobierno. No, no es un tema amplificado por los medios.

Segunda estampa:

La legítima venta de sus logros, los de Felipe Calderón en su administración y de las dos administraciones panistas en lo general. Datos, cifras y comparativos que pone en perspectiva algunos importantes avances en materia macroeconómica, en infraestructura, en telecomunicaciones, en desregulación, en comercio, en cobertura médica, asistencia social, en matrícula escolar, en varios otros temas donde se vale y se agradece la información.

A este tipo de argumentos siempre les vienen otros que buscan, y qué bueno, contrastarlos y hasta desmentirlos, pero más allá de eso, los datos que arroja el quinto informe de gobierno deben servir como punto de partida para discutir y debatir los temas que nos afectan a más mexicanos, sin duda a muchos más que el tema de la violencia y la inseguridad, pero que sin duda se ven, como dijo el propio Felipe Calderón, opacados por la zozobra y el miedo que impone la sangre.

El gobierno está en todo el derecho de cacarear sus logros y avances, es más, tiene la obligación de hacerlo con la mayor publicidad posible, los ciudadanos merecemos conocer de ello, y sin duda que ello puede tener un filón político electoral propiciador de gritos y sombrerazos por parte de sus adversarios reales y virtuales, pero esto ocurre y seguirá sucediendo en todo el mundo. El gobernante en turno utiliza y publicita su quehacer público para ganar la siguiente elección. Lo hace Marcelo, lo hizo Andrés Manuel López Obrador, lo mismo que Fox e igual que Zedillo. Decir que con esa promoción busca un beneficio en las próximas elecciones es una verdad de perogrullo.

Tercera estampa:

Un Felipe Calderón que rescata de sí mismo sus dotes de orador y de constructor talentoso de discursos. Un presidente que llama a la esperanza, que hilvana con lógica los retos, los antecedentes, los logros e impulsa a construir un ánimo nacional que mire lejos y encuentre inspiración en las hazañas de nuestros ancestros e impulso en los sueños del presente y futuro. Un presidente que asume un liderazgo con vigor, quizá tarde, quizá cuando pudo hacerlo y como pudo hacerlo, un presidente que concita a la unidad hasta el último tramo de su administración. Sin duda la verdad del por qué de muchas decisiones las conocerá sólo el mismo Calderón, el hombre y su circunstancia.

Tres momentos del mensaje con motivo del V Informe de Gobierno.